25/05/2026
El Evangelio de hoy nos muestra una escena de una hondura inmensa: María está de pie junto a la cruz de Jesús. No corre, no se esconde, no se deja vencer por el espanto. Permanece. Ese gesto silencioso ya es una enseñanza para nuestra vida. Hay dolores que no se pueden evitar, heridas que no se pueden explicar fácilmente, situaciones que nos dejan sin palabras. En esos momentos, muchas veces quisiéramos huir o encerrarnos. María, en cambio, enseña otro camino: el de la fidelidad en medio del sufrimiento.
Estar junto a la cruz no significa entenderlo todo. Significa amar aun cuando el corazón está atravesado por la tristeza. Cuántas veces también nosotros estamos llamados a eso: a permanecer al lado de un enfermo, a sostener a alguien que sufre, a no abandonar cuando una situación familiar se vuelve pesada. No siempre podremos resolver el dolor del otro, pero sí podemos estar. Y a veces, esa presencia fiel vale más que muchas explicaciones.