25/01/2021
"Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal".
(Deuteronomio 30:15)
El problema del ser humano es que muchas veces pretendemos elegir la muerte pero que tenga las consecuencias de la vida; y eso, por justicia divina, no es posible. Dios es un Dios de justicia, y las normas están establecidas. No se van a cambiar. La decisión es nuestra, la vida o la muerte, la prosperidad o la calamidad, pero a veces elegimos mal y luego queremos culpar a Dios de que las cosas nos van mal, de que hay demasiada injusticia en el mundo como para creer que él exista, o cualquier otra excusa parecida.
Además de haber elegido mal, pretendemos culpar a Dios de la responsabilidad que es solo nuestra. Sin embargo, eso que parece que obra en contra de Dios, él lo acepta con humillación por no arrebatarnos su gran regalo: nuestra libertad de decisión.
D.t.B