Adoradores del Santísimo Sacramento - Parroquia San Juan Macías

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Adoradores del Santísimo Sacramento - Parroquia San Juan Macías Grupo perteneciente a la Parroquia San Juan Macías (Capilla del Santísimo Sacramento "San José") Horario de la Capilla "San José del Santísimo Sacramento.

Lunes a viernes: 8:00 am a 12:00 pm - 5:00 pm a 9:00 pm - Sábado : 8:00 am a 12:00 pm

Alegría franciscana La santidad tiene una sonrisaA veces imaginamos la santidad como rostros serios, un comportamiento p...
15/08/2026

Alegría franciscana
La santidad tiene una sonrisa

A veces imaginamos la santidad como rostros serios, un comportamiento perfecto y el no causar nunca ningún desorden.

Pero luego está San Francisco.
Él cantaba. Él reía.
Se maravillaba ante los pájaros.
Llamaba «Hermano» al sol y «Hermana» a la luna. Abrazaba a los pobres.
Caminaba descalzo.
Hacía cosas que probablemente llevaban a la gente respetable a preguntarse qué estaba haciendo.

San Francisco poseía una santidad alegre y juguetona. No infantil. Con espíritu de niño.
La diferencia es importante.
La actitud infantil busca llamar la atención.
El espíritu de niño sabe maravillarse.
La actitud infantil necesita ganar.
El espíritu de niño sabe reírse de sí mismo.
La actitud infantil se toma todo como algo personal.
El espíritu de niño sabe dejar ir las cosas.

San Francisco alcanzó la libertad suficiente para dejar de actuar para el mundo. No necesitaba parecer importante. No necesitaba tener la última palabra. No necesitaba que todo saliera a su gusto para poder alegrarse.

Esa libertad le otorgó algo hermoso:
la capacidad de disfrutar y maravillarse.
Un pájaro podía interrumpir su día y convertirse
en oración.
Un amanecer podía transformarse en alabanza. Una comida sencilla podía dar paso a la gratitud. Un hermano pobre podía convertirse en Cristo. Incluso el sufrimiento podía ser una invitación a un amor más profundo.
Y aquí es donde la alegría franciscana se vuelve seria, sin llegar a ser excesivamente solemne.

San Francisco no estaba alegre porque su vida fuera fácil. No lo fue.
Conoció el rechazo.
Conoció la enfermedad.
Conoció la decepción.
Conoció el sufrimiento.
Pero se negó a permitir que el sufrimiento se convirtiera en toda la historia. Quizás por eso San Francisco nos resulta tan maravillosamente humano.

Nos recuerda que llegar a ser santo no significa volverse aburrido, rígido o permanentemente solemne.
Significa ser lo suficientemente libre como para volver a maravillarse.
Lo suficientemente libre para reírse de uno mismo. Lo suficientemente libre para fijarse en un pájaro. Lo suficientemente libre para cantar.
Lo suficientemente libre para ser pequeño.
Lo suficientemente libre para alegrarse.

Esa es una de las cosas más hermosas de la alegría franciscana: no pretende que la vida sea siempre hermosa, sino que descubre que, aun así, es posible encontrar a Dios en ella.

San Francisco de Asís, ruega por nosotros.

OJALÁ TODOS DESCUBRIERAN QUE JESÚS ESTÁ TAN CERCAOjalá todos entendieran que Jesús está tan cerca de nosotros en el Sant...
03/08/2026

OJALÁ TODOS DESCUBRIERAN QUE JESÚS ESTÁ TAN CERCA

Ojalá todos entendieran que Jesús está tan cerca de nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar. Que no tuviéramos que buscarlo solamente en lugares lejanos ni esperar momentos extraordinarios para encontrarnos con Él.

Está allí, silencioso y humilde, esperando nuestra visita. El mismo Jesús que caminó entre los hombres, que miró con misericordia a quienes se acercaban a Él y que entregó su vida por amor, permanece verdaderamente presente en la Eucaristía.

Qué misterio tan grande: Dios se hace cercano y nos permite entrar en su presencia. Podemos acudir al Sagrario cuando estamos alegres para agradecerle, cuando estamos cansados para descansar en Él y cuando atravesamos dificultades para ponerlas en sus manos.

Quizá pasemos frente a una iglesia sin detenernos, sin imaginar que detrás de esas puertas está el Señor esperándonos.

Ojalá nuestra fe nos permitiera comprender cada vez más el regalo que tenemos. Que aprendiéramos a visitar al Santísimo, a permanecer unos minutos en silencio y a decirle simplemente: “Jesús, aquí estoy.”

No hacen falta muchas palabras. Él conoce nuestro corazón.

Que nunca nos acostumbremos a tener tan cerca un tesoro tan grande.

Jesús Sacramentado, aumenta nuestra fe para reconocerte, nuestro amor para visitarte y nuestra humildad para permanecer contigo.

Que cada Sagrario nos recuerde que Dios no está distante: Cristo está aquí, cerca de nosotros, esperando nuestro corazón.

Bella homilia del Padre Bustamante:"Los mandamientos no son una carga, son una ruta de amor al cielo"
03/08/2026

Bella homilia del Padre Bustamante:
"Los mandamientos no son una carga, son una ruta de amor al cielo"

¿SABES POR QUÉ EN OCASIONES LLORAMOS DESPUÉS DE COMULGAR?No es debilidad.No es exageración.Es el alma… que reconoce al A...
21/07/2026

¿SABES POR QUÉ EN OCASIONES LLORAMOS DESPUÉS DE COMULGAR?

No es debilidad.
No es exageración.
Es el alma… que reconoce al Amor.

EL CATECISMO ENSEÑA:
“La comunión aumenta la
unión del comulgante con Cristo. El principal fruto de la recepción frecuente de la Eucaristía es una unión íntima con Jesucristo.” (CIC 1391)

Cuando comulgamos, Dios mismo entra en nosotros.
No en figura. No en símbolo.
Sino realmente presente: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Y a veces, el alma lo sabe antes que la mente.
Llora porque ha sido tocada por la gracia.
Llora porque se encuentra con su Creador.
Llora porque, por un instante, siente el cielo dentro.

SAN AGUSTÍN LO EXPRESÓ ASÍ:
“Nadie come de esta carne sin antes adorarla.”
Y al adorar… el corazón se rinde.

Así que si alguna vez lloras después de comulgar…
No te detengas.
No te avergüences.
Dios está obrando en lo más profundo.

Porque cuando el Amor se hace Pan…
el alma no puede quedarse indiferente.
Llora… porque ha sido abrazada por el Eterno.

14/07/2026

REFLEXIÓN

Una de las mayores riquezas de la vida es conservar la capacidad de aprender. Hay quienes piensan que llega un momento en el que ya no queda nada por descubrir. Sin embargo, cada día ofrece una enseñanza nueva para quien mantiene la mente abierta y el corazón dispuesto.

Aprender no significa únicamente adquirir conocimientos. También es reconocer un error con humildad, aceptar un consejo oportuno, descubrir una manera mejor de hacer las cosas o comprender más profundamente a quienes nos rodean.

La experiencia da sabiduría, pero la disposición para seguir aprendiendo mantiene viva a la persona. Quien deja de aprender comienza a repetir el pasado; quien continúa aprendiendo encuentra siempre nuevos motivos para crecer.

Que este dia nos anime a mirar la jornada con curiosidad y esperanza.
Y al terminarlo, preguntémonos: ¿qué me enseñó la vida hoy? Esa sencilla pregunta puede abrir la puerta a un crecimiento que nunca termina.

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS14 de JulioDice la Biblia que el creyente debe dejar las cosas de aquí abajo y buscar más  bien...
14/07/2026

LOS CINCO MINUTOS DE DIOS

14 de Julio

Dice la Biblia que el creyente debe dejar las cosas de aquí abajo y buscar más bien las cosas de arriba.
*Cosas de aquí abajo:* dinero, erotismo, lujo, maldad, deseo del poder, egoísmo de toda forma, en los individuos y en los grupos...
*Cosas de arriba:* simplicidad de vida, desinterés, don de sí, verdadero amor, alegría, paz, vivir en Dios y por Dios.
Decirse creyente y vivir "como todo el mundo", pactar con el dinero, la impureza, la deshonestidad, el orgullo, es mentir a Dios, es mentirse a sí mismo, a la propia conciencia y es mentir a los demás, que piensan que nosotros somos verdaderos creyentes, porque nos confesamos tales.
Es decir, el creyente no-creyente, el creyente que no vive su fe, es peor y hace más daño a la fe, que el que a sí mismo se dice no-creyente.
Por ser creyente debes manifestar al mundo, con tus palabras y con tu testimonio de vida, que Dios es Amor.

Padre Alfonso Milagro

    Una vez una señora me preguntó: “Padre, ¿Qué vale más, ir a Misa o la Adoración Eucarística?”, yo le respondí: “Sin ...
06/07/2026



Una vez una señora me preguntó: “Padre, ¿Qué vale más, ir a Misa o la Adoración Eucarística?”, yo le respondí: “Sin duda alguna que vale infinitamente más ir a Misa”.

No porque la Adoración Eucarística sea poco importante. Al contrario, la Iglesia la recomienda, la promueve y la considera una fuente inmensa de gracias. Pero la Santa Misa ocupa un lugar único e insustituible en la vida cristiana.

La razón es muy sencilla: en la Adoración contemplamos a Cristo realmente presente en la Eucaristía; en la Misa, además de esa presencia real, se actualiza sacramentalmente el sacrificio redentor de Cristo en la Cruz. No se trata de una simple representación ni de un recuerdo piadoso. Es el mismo sacrificio de Cristo, ofrecido una vez para siempre en el Calvario, que se hace presente sacramentalmente sobre el altar.

La Santa Misa es el acto de adoración más perfecto que puede ofrecerse al Padre celestial. Ninguna criatura humana podría inventar una oración más grande. En la Misa es Jesucristo mismo quien se ofrece al Padre. El sacerdote presta su voz y sus manos, pero quien actúa es Cristo. El que ofrece es Cristo. La víctima ofrecida es Cristo. Y el destinatario de la ofrenda es el Padre eterno.

Por esta razón, los santos y los teólogos han afirmado siempre que el valor de una sola Misa supera infinitamente cualquier otra práctica de piedad.

Dicho de manera sencilla: una sola Misa vale más que un millón de Rosarios; que miles de Horas Santas; que miles de noches de Adoración Nocturna; que miles de viacrucis; que cientos de novenas, peregrinaciones, mandas o procesiones.

No porque estas prácticas carezcan de valor. Todas ellas son buenas, santas y recomendables. Pero ninguna de ellas es el sacrificio de Cristo. Ninguna de ellas actualiza sacramentalmente el misterio de la Cruz. Ninguna de ellas posee la grandeza objetiva de la Eucaristía.

Podríamos compararlo con una fuente y sus canales. El Rosario, la Adoración, las novenas y las demás devociones son canales preciosos por los que corre la gracia. Pero la Misa es la fuente misma de donde brota esa gracia.

Por eso, si alguien dijera: “Sólo tengo tiempo para una Hora Santa o para asistir a Misa, ¿Qué debo hacer?”, la respuesta es siempre la misma: “Ve a Misa”.

Si alguien dijera: “Sólo puedo escoger entre una peregrinación y la Santa Misa”, le respondería: “Ve a Misa”.

Si alguien dijera: “Sólo puedo elegir entre rezar el Rosario o participar en la Santa Misa”, le respondería igualmente: “Ve a Misa”.

Ahora bien, esto no significa despreciar la Adoración Eucarística. Al contrario. Quien participa devotamente en la Misa suele descubrir el deseo de prolongar ese encuentro con Cristo mediante la adoración. La Hora Santa prepara para la Misa y ayuda a vivirla mejor; y la Misa, a su vez, impulsa a buscar más momentos de oración ante el Santísimo.

Lo ideal no es elegir entre una y otra, sino vivir ambas. Pero si las circunstancias obligaran a escoger, la Iglesia nos enseña que nada puede sustituir la participación en el Santo Sacrificio de la Misa. Allí encontramos el acto supremo de adoración, acción de gracias, reparación y súplica; allí nos unimos al sacrificio de Cristo; allí recibimos, si estamos debidamente preparados, el don inmenso de la Sagrada Comunión.

Por eso, después de dos mil años, la Iglesia sigue proclamando que no existe en la tierra nada más grande, más santo y más valioso que la Santa Misa.

Pbro. Eduardo Michel Flores.

Ir a la iglesia es un acto de amor. Ser Iglesia es una forma de vivir.Como católicos, sabemos que la Santa Misa no es un...
03/07/2026

Ir a la iglesia es un acto de amor. Ser Iglesia es una forma de vivir.

Como católicos, sabemos que la Santa Misa no es una reunión cualquiera. Es el momento en que Cristo mismo nos reúne como su pueblo, nos habla a través de su Palabra y se nos entrega realmente en la Eucaristía. Allí recibimos la gracia que fortalece nuestra fe y alimenta nuestra alma.

Pero la vida cristiana no termina cuando salimos del templo.

La misma gracia que recibimos en el altar está llamada a reflejarse en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la escuela, en nuestras amistades y en cada encuentro con el prójimo. Ser Iglesia significa llevar a Cristo a donde Él quiere llegar por medio de nosotros: con una palabra de esperanza, un acto de caridad, un perdón sincero, una mano tendida al que sufre y un testimonio coherente de nuestra fe.

No podemos separar estas dos realidades. Necesitamos ir a la iglesia porque allí nos encontramos con Jesús, participamos del Sacrificio de la Santa Misa y recibimos los sacramentos. Y precisamente porque hemos encontrado a Cristo, somos enviados a vivir como discípulos suyos en el mundo.

Que cada Eucaristía nos transforme un poco más, para que quienes nos encuentren fuera del templo también puedan descubrir, a través de nuestra vida, el rostro misericordioso de Dios.

«Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.» (Mateo 5,16)

Fuente: Católicos por amor

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