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Provincia Dominicana San Juan Bautista del Perú - En Vivo Promoción de la Fe Católica.

23/11/2022

Misa de salud VICTOR GUIMAREY MINAYA

07/10/2022

En breves minutos, la santa Misa por el eterno descanso de Don Deogracias Peralta.

21/06/2022

“Todo lo que desean que los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos. En esto consiste la Ley y los Profetas”

Mt 7,6.12-14

Todos tenemos experiencias diversas en nuestras relaciones con las personas con quienes nos cruzamos en la vida. Para muchas personas, el encuentro con alguien, el modo de haber sido tratados, etc., ha marcado la vida. Cuando hemos sido acogidos bien, con respeto, con amabilidad, etc., sentimos que esas personas aún siguen en nuestras vidas. Estas experiencias impulsan el deseo de volver a encontrarse con aquellas personas. Al no encontrar otras personas que se parezcan a las que nos han tratado bien nos suele llevar a veces a la nostalgia.

Así como el agricultor siembra lo que quiere cosechar, también en nuestras relaciones humanas debemos sembrar y cultivar las buenas maneras de tratar a los demás. Porque, así como nosotros deseamos ser tratados hay también muchas personas que anhelan recibir de nosotros el buen trato. ¡Qué lindo sería que esas personas reciban en cada creyente lo que buscan!

Jesús, que dijo que “no ha venido a abolir la Ley y los profetas sino a darle plenitud”, hoy nos dice a todos que la Ley y los profetas consisten en “tratar a los demás tal como nosotros deseamos ser tratados por ellos. Depende de cómo tratamos para esperar cómo queremos ser tratados. Esta manera de actuar ha sido considerada como la regla de oro en la vida moral.

Tratar a los demás como queremos ser tratados es superior a lo que leemos en Tobías 4,15: “No hagas a nadie lo que a ti te desagrada”. Jesús no solo pide evitar hacer daño para no recibir lo mismo, sino tratar bien para ser tratados bien también nosotros.
Que podamos sembrar el bien en nuestras relaciones humanas para recibir frutos de bondad de los que nos tratarán.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 6. 12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros. Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

17/06/2022

“Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”

Mt 6,19-23

En toda persona hay un deseo natural de tener tesoros. Cada persona sabe cuáles son sus tesoros: para algunos será su familia; para otros sus bienes materiales, sus riquezas; para otros su profesión, su trabajo; para otros, el dinero, la plata. Todos esos tesoros tienen un valor, el valor que le da el que lo considera como tal.

Pero, estos tesoros tienen sus limitaciones: se disfrutan solo cuando uno está en esta vida. Cuando uno muere no se lleva nada. Los que tuvieron como tesoro a su familia quedan en el corazón según como haya sido la relación familiar; los que han tenido como tesoro sus bienes, el dinero, etc., aunque les den sepultura en un ataúd de oro, nada le será de provecho y el oro, tarde o temprano, irá a parar en las manos de otros; los que hayan tenido como tesoro su profesión y su trabajo serán recordados por sus conocidos según cómo se hayan desempeñado profesionalmente y cómo se haya desenvuelto en el trabajo.

Hay un tesoro que no tiene fecha de caducidad, el tesoro que está en el mejor lugar y del que se disfrutará por la eternidad: Cristo. Él está en el cielo, pero está también con nosotros todos los días (Mt 28,20). Está al alcance de todos los que le desean tener. Si lo buscamos a él y nos quedamos con él, todo lo demás se nos vendrá por añadidura (Mt 6,33). Con él, nuestra forma de ver a la familia, la forma de administrar nuestros bienes, la forma de desenvolvernos en la vida, etc., serán la mejor.

Busca vivir en el amor de Dios, que lo demás viene con abundancia.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

16/06/2022

“Cuando oren digan Padre nuestro...”

(Mt 6,7-15)

La oración del Padre nuestro es la primera que hemos aprendido en la familia y en la escuela, y es la que se acomoda a los diferentes momentos de nuestra jornada. La podemos recitar al acostarnos y al levantarnos; al iniciar el trabajo y al finalizar; para agradecer a Dios cuando por los logros obtenidos, por disfrutar de paz, como también para suplicar en los momentos difíciles. Es la oración que la puede rezar todo los bautizados de todos los tiempos y de todas las culturas, desde el docto hasta el que a p***s saber leer, incluso los que nunca fueron a la escuela. Es la oración que nos une a todos, pues, tiene sus orígenes en los labios del mismo Jesús, el Maestro por excelencia.

Cuando decimos “Padre nuestro”, hablamos con Dios no solo desde el yo individual, aunque sea yo el que habla, sino desde el “nosotros”, es decir, como familia, como comunidad, como Iglesia. El Padre nuestro es la oración del Señor y la ha dado a la Iglesia. Es verdad que podemos decir también “Abba-Padre”, Padre mío, papá Dios, etc. El mismo Jesús se expresó de esta manera y lo aconsejó a los discípulos diciendo: “cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre” (Mt 6,6). Pero, para excluir cualquier individualismo espiritual, en el evangelio de hoy, Jesús nos pide orar con la expresión “Padre nuestro”, padre de todos.

Dios es padre que nos habla al corazón de cada uno y escucha a cada uno de manera personal; pero también es el Padre de los demás y nos convoca a orar como una sola familia, como pueblo con quien ha hecho alianza bajo la ley del amor. Cuando oramos el Padre nuestro sentimos que somos Iglesia, un pueblo que camina juntos, como un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo.

Gracias, Señor Jesús, por enseñarnos a orar de manera personal y comunitario.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

15/06/2022

“Cuando des limosna, ores y ayunes, no lo hagas con fines populistas ni por los plausos; procura más bien ganarte el aprecio de Dios que ve el secreto de tu corazón”.

Mt 6,1-7.16-18

¿Es malo la oración en público, que se sepa que hemos dado limosna o que expresamos nuestras relaciones con los bienes por medio de abstinencias y ayunos? De ningún modo. A Jesús lo vieron orando a solas y lo escucharon elevar sus oraciones a Dios. Lo vieron dando pan a los pobres. Se supo que pasó cuarenta días en el desierto orando y ayunando. Y pedía a sus discípulos que no se preocupen por el alimento, pensando qué van a comer.

Entonces, ¿por qué Jesús, en el evangelio de hoy, pide a los discípulos a que no lo sepan los hombres cuando den limosna, cuando oran y cuando ayunan? La respuesta está en un detalle. Quiere que los discípulos no hagan las cosas por vanagloria sino por convicción y con humildad. En las formas de hacer estas prácticas deben diferenciarse de aquellos que solo buscan recibir reconocimientos de los hombres, recibir aplausos, etc.

Es bueno dar limosna, orar, y ayunar tanto en privado como en público. En privado, porque en la soledad se logra una mejor concentración de lo que se quiere hablar con el Padre Dios, con quien debemos hablar cara a cara; en público, porque nuestra oración es comunitaria, es familiar y, además, el fervor de algunos contagia a los otros menos fervorosos, los ánimos de otros levantan los de los que estén desanimados por diversas circunstancias de la vida.

Que podamos expresar nuestra fe y la caridad buscando ganarse el aprecio de Dios, aunque no nos aplaudan los hombres.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

14/06/2022

“Yo les digo: amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen, para que sean hijos del Padre celestial” (Mt 5,43-48)

Seguimos con la catequesis de Jesús a sus discípulos sobre los mandamientos que dio Moisés al pueblo de Israel. El día de hoy les explica sobre el mandato del amor. Les dice Jesús: “A los antepasados se les dijo: amen a los amigos y odien a los enemigos; pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persigan”. El mandato de Jesús es el amor a todos, incluso a los enemigos. Jesús enseña a practicar el amor universal, el amor de Dios que se extiende a todo lo que ha creado. No hay otra manera de ser y actuar para los hijos de Dios. Como hijos de Dios tenemos que vivir según su voluntad. Esa es nuestra vocación: ser perfectos como el Padre Dios es perfecto.

No es fácil amar a los enemigos, menos a los que nos persiguen. Entonces, ¿cómo hacer para practicar el amor a los enemigos? Ciertamente, desde nuestras solas fuerzas es difícil. Nuestra naturaleza es frágil. Por eso, Jesús dice: “oren por los que los persiguen”. Jesús sabe que la práctica del amor sobrepasa a nuestras fuerzas, por eso nos pide orar por los que se declaran nuestros enemigos, nuestros perseguidores.

Señor Jesús: muchas personas han sido víctimas de injusticias, de persecución, de odio, de burlas, de violencia, etc. No es fácil amar a nuestros enemigos. Danos tu Espíritu para entender las diferentes formas de expresar el amor que nos lleva al perdón y a la sanación de nuestras heridas. Ayúdanos a ser perfectos como el Padre Dios, practicando el perdón y amando a nuestros enemigos.
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’”? Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

“Han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo les digo: no hagan frente al que les agravia”. (Mt 5, 3...
13/06/2022

“Han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo les digo: no hagan frente al que les agravia”.

(Mt 5, 38-42)

Vivimos en un mundo donde la violencia se está imponiendo con mucha fuerza. Para los cristianos, para los seguidores de Jesús, la violencia nunca será la herramienta para conseguir la paz. Decía San Juan Pablo II: “la violencia engendra más violencia”.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús pidiendo a los discípulos a no enfrentar a los violentos con violencia. Todo lo contrario: “no hagan frente al que los agravia”. Estas palabras buscan corregir a las leyes del AT. Esas leyes exigían reparación por el agravio sufrido, y además, de la misma intensidad que el agravio que se había infringido: ¡Ojo por ojo, diente por diente! Esto pareciera, desde lo humano, lo más lógico, lo más justo. Sería una buena forma de prevenir la violencia.
Sin embargo, la experiencia nos demuestra que donde se ha sembrado el rencor solo se han cosechado frutos amargos. Solo el amor cura las heridas que dejan los agravios. Solo desde el lenguaje del amor se puede entender las palabras de Jesús: “al que te agravie no le hagas frente”.
Esto no es fácil desde nuestra naturaleza humana. ¡Cómo no enfrentar al que te arrebata tus pertenencias, al que te hiere por un celular, a los que te despojan de tus derechos, etc.! Jesús no está en contra de la justicia. Todo lo contrario: “Dichosos los que trabajan por la justicia y la paz”. Lo que Jesús nos pide es “no usar la violencia para lograr la paz”, sino que respondamos con actitudes propia de los cristianos: el bien. El bien para muchos violentos podría ser una detención carcelaria, exigirle la reparación por los daños ocasionados, conforme a la justicia, pero no con violencia. Los cristianos nos oponemos a todos los medios violentos.
Señor Jesús: danos un corazón manso y humilde, y la valentía de responder al mal con el bien.
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

“Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que recibirá y tomará de lo mío y les anunciará” (Jn 16, 12-15)...
12/06/2022

“Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que recibirá y tomará de lo mío y les anunciará”

(Jn 16, 12-15)

Hoy celebramos el misterio de la Santísima Trinidad, fundamento de la comunión de los cristianos y de la humanidad. En el evangelio, Jesús describe la misión del Espíritu Santo: “Los guiará hasta la verdad plena… hablará de lo que oye y comunicará de lo que está por venir… Tomará de lo mío y les anunciará”.

La Santísima Trinidad es Dios mismo que ha entrado en comunión con nosotros: Es el Padre que se ha hecho nuestro Padre; es el Hijo que se ha hecho nuestro hermano; es el Espíritu que se ha hecho nuestra vida. En este misterio se funda nuestra convivencia. Para vivir su mensaje debemos sentirnos “nosotros”, no solo yo, delante del Padre que nos convoca; debemos sentirnos fraternidad en el Hijo que nos acompaña todos los días; y todos debemos participar de un mismo sentir, de una misma esperanza y de un mismo amor, de una misma vida que, gracias al Espíritu Santo, ha sido derramado en nuestros corazones.

Alabemos el nombre del Dios Trino y Uno, con el salmo responsorial (sal 8), diciendo: “Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre sobre toda la tierra”. Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo. Amén.

Feliz día de la Santísima Trinidad, feliz día de la unidad y del amor de Dios.

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Lectura del santo Evangelio según San Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

10/06/2022

“Se dijo a los antepasados: no cometerás adulterio, el que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio… pero yo les digo: el que mira a una mujer deseándola, comete adulterio; el que repudia a su mujer la induce a cometer adulterio” (Mt 5, 27-32)

El día miércoles, el evangelio de Mt 5,17-19 nos presentaba a Jesús como el buen judío que expresaba radicalmente su amor por la Ley, diciendo a sus discípulos que no ha venido abolir la Ley y los profetas sino para darle plenitud. A partir de los siguientes versículos, 20 en adelante, Jesús da una catequesis a los discípulos sobre los mandamientos que dio Moisés al pueblo, indicándoles el verdadero modo de ponerlos en práctica.

El día de hoy, el evangelio nos presenta a Jesús explicando los mandamientos sobre el matrimonio y el adulterio. Los judíos entendían el matrimonio de otro modo: creían que el hombre puede repudiar a su mujer con un acta de repudio, como leemos en Dt 24,1-4. Jesús, con sus palabras “pero yo les digo”, les explica que el hombre, al separarse de su mujer la induce al adulterio. Si la mujer cae en el adulterio es por irresponsabilidad del hombre. El adulterio no es solo un acto de infidelidad sexual, sino que empieza ya en el deseo y en los pensamientos consentidos de querer tener actos sexuales fuera del matrimonio.

Pedimos a Jesús todos los matrimonios: Que hombres y mujeres se respeten y se amen Mutuamente. Tanto el varón como la mujer tienen los mismos derechos. Que podamos aspirar al cielo con las manos limpias y puro corazón, como rezamos en el salmo 24.

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Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».

“Por ellos te ruego: que el amor que me tenías esté también en ellos” (Jn 17,1-26)Hoy la Liturgia nos invita a celebrar ...
09/06/2022

“Por ellos te ruego: que el amor que me tenías esté también en ellos”

(Jn 17,1-26)

Hoy la Liturgia nos invita a celebrar a Jesús, sumo y eterno sacerdote. El evangelio de hoy nos presenta al sacerdote Jesús intercediendo por sus discípulos, diciendo al Padre Dios que el amor que le tenía esté también en ellos, es decir, en los discípulos, y en los discípulos de todos los tiempos. Jesús pide al Padre que ame a todos ellos y a los que crean gracias a la predicación de los primeros discípulos, y, entre estos, estamos también nosotros

El NT explica el ministerio de Jesús como un sacerdocio. Jesús ha cumplido plenamente la antigua alianza, su culto es auténtico al consistir en la oblación de su persona. Esa entrega oblativa santifica a la Iglesia (Jn 17,19ss). Cristo Jesús, siervo obediente, que por su misterio pascual ha entrado en el cielo, lo ha hecho como sumo sacerdote para siempre, a la manera del sacerdote Melquisedec (Hb 4). Él es el mediador de la nueva alianza (1Tm 2,5; Hb 8,6; 9,1-28); en él se da la comunión entre Dios y los hombres (Jn 14,6)

Si tenemos a Jesús como sacerdote, debemos acudir a él para expresar nuestras acciones de gracias y nuestras inquietudes. Él mismo dijo a los discípulos: todo lo que pidan al Padre en mi nombre, el Padre se lo concederá. En cada Eucaristía, Jesús ejerce el sacerdocio en la persona del ministro. Cuando uno celebra, es Cristo quien celebra; cuando el ministro bautiza, es Cristo quien bautiza, etc. Por eso, con el salmo 22 decimos: Señor, “preparas una mesa junto a mí… tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida; y habitaré en la casa del Señor todos los días de mi vida”.

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Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-2.9. 14-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad.

Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

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