03/05/2026
¿Fue el mensaje de 1888 una mera enfatización de la predicación de Lutero, Calvino, Wesley, o de los evangelistas populares del siglo XIX, tales como Dwight L. Moody y Charles Spurgeon?
El estudio del contenido real del mensaje revela diferencias muy marcadas con el de los reformadores protestantes del siglo XVI y el de los evangélicos del XIX, o de los evangélicos de hoy día.
Ellen White reconoció tales diferencias. Dijo que el mensaje de la justificación por la fe presentado en 1888 era “el mensaje del tercer ángel en verdad” (RH 1 abril 1890). Eso representa un problema para algunos (entre nosotros), puesto que es una idea muy extendida el que no hay más que un tipo de justificación por la fe, que es la que enseñan las iglesias evangélicas.
Pero una sola pregunta desenmascara el problema: ¿Proclamaron Lutero, Calvino, Wesley y los guardadores del domingo de aquellos días “el mensaje del tercer ángel en verdad”? Si la respuesta es afirmativa, entonces carecemos de fundamento denominacional y no hay razón para la existencia de nuestra iglesia. De forma lógica, la postura generalizada de la “enfatización” así lo pretende, y ha propiciado la confusión que ha llevado a pastores y laicos a abandonar la iglesia. Si los evangélicos predican el verdadero evangelio de la justicia por la fe, ¿por qué no juntarse con ellos?
Hasta donde conocemos, Ellen White no describió jamás el mensaje como una enfatización del evangelio enseñado ya anteriormente. De hecho, afirmó que era “la primera vez que oía de labios humanos la presentación clara de ese tema” que ella hubiese jamás escuchado en una predicación pública (MS 5, 1889; The Ellen G. White 1888 Materials 348).
Sin duda había ciertos aspectos menores del mensaje que otros habían proclamado con anterioridad, pero ella reconoció una perspectiva nueva y distinta que nunca se había visto claramente. Como la imagen que se enfoca con mayor nitidez, “grandes verdades que habían permanecido sin ser vistas ni oídas desde el día de Pentecostés, brillaron a partir de la Palabra de Dios en su pureza original” (Fundamentals of Christian Education 473). Esa es la razón por la que identificó el mensaje como “el comienzo” de la lluvia tardía y el fuerte pregón, luz que no había alumbrado hasta entonces la tierra con su gloria.