27/07/2022
Joaquín y Ana se casaron en un pueblecito donde únicamente había una modesta escuela y solo estuvo presente un sacerdote. Ana tenía entonces unos 19 años. Tenían un carácter tranquilo y equilibrado y desde sus años jóvenes, algo de personas mayores y circunspectas. Cuando estaban juntos, habitualmente los veía tumbados en el suelo, hablando de Dios muy esperanzados.
Luego de tener a su primera hija, pasaron por más de 19 años de infertilidad y eran insultados por sus vecinos y criados, pues ellos creían que la infertilidad de ese santo matrimonio era un castigo de Dios. Finalmente luego de mucha oración y limosna se les avisó por medio de una revelación que ya iba a llegar la Santísima Virgen María Llegados a Nazaret, Joaquín dio un alegre banquete, dio de comer a muchos pobres y repartió grandes limosnas. Vi la alegría, la ternura y la cálida gratitud a Dios de ambos esposos al meditar su misericordia con ellos; muchas veces los vi rezar con lágrimas.
En esta ocasión recibí además la explicación de que la Santísima Virgen fue concebida por sus padres por santa obediencia y con perfecta pureza, y que después vivieron en constante continencia, suma devoción y temor de Dios. Al mismo tiempo se me enseñó claramente que la pureza, castidad y continencia de los padres y su lucha contra la impureza tiene inmensa influencia en la santidad de los niños que tengan, y que después de la concepción la continencia total aparta del fruto mucho germen de pecado.
Por lo demás, siempre he reconocido que la raíz de toda deformidad y pecado está en la incontinencia y en el exceso.
La vida oculta de la virgen María - Beata Ana Catalina de Emmerich