Parroquia Santa María de la Providencia

Parroquia Santa María de la Providencia Somos parroquia de la Diócesis de Carabayllo

23/05/2026
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23/05/2026

Domingo 24 de Mayo de 2026
Aoo toribieno. Parroquia Santa María de la providencia.
Pentecostés
Misa de la vigilia
Lectura del libro del Génesis 11, 1-9 Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras.Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí.Y se dijeron unos a otros: "Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos."Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento.Y dijeron: "Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra."Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: "Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo."El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.
Salmo responsorial: 103 Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. R.Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo; se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes - R.Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: Hermanos: Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
Juan 7, 37-39 El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba: "El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba.Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.".Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
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El Señor nos llama a voces, que vayamos y bebamos. si es que tenemos sed interior. Y afirma que, si bebemos, saldrán de nuestro interior ríos de agua viva. El seno del hombre interior es la conciencia de su corazón. Al beber esta agua, adquiere más vida la conciencia limpia; y si se saca de esa agua, tendrá una fuente, o más bien, será él mismo fuente. ¿Cuál es esa fuente y cuál ese río que mana del seno del hombre interior? La benevolencia con que mira por el bien del prójimo. Si cree que lo que bebe no debe ser más que para él solo, no sale agua viva de su vientre. Si se apresura a hacer partícipe de ella al prójimo, por eso mismo no se seca, porque está manando. Ahora vamos a ver qué beben los que creen en el Señor. En efecto, somos cristianos, y si creemos, bebemos. Cada cual debe ver si personalmente bebe y si vive de eso que bebe, porque la fuente no nos abandona si nosotros no la abandonamos a ella antes.
El evangelista explica, como ya dije, el motivo por el que el Señor alzó su voz, a qué bebida convida y qué da a los que se acercan a beber. Sus palabras: Esto lo decía del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Aún no había sido dado el Espíritu, porque Cristo aún no había sido glorificado. ¿De qué Espíritu habla, sino del Espíritu Santo? Todo hombre tiene en sí su propio espíritu, y de él hablaba yo cuando encarecía la excelencia del alma. Pues el alma de cada uno es su propio espíritu del cual dice el apóstol Pablo: ¿Quién de los hombres sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que hay en él? (San Agustín)
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El que resucita mu***os, el que devuelve la palabra y con ella la unidad y el amor familiar, el que comunica la vida y la alegría, el que mueve y hace correr para dar la noticia, el que rejuvenece y devuelve la esperanza, es el Espíritu Santo. No enloquece, da luz César Buendía
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Misa del día
Hechos de los apóstoles 2,1-11. Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: "¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua."
Salmo responsorial: 103. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Bendice, alma mía, al Señor: / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; / la tierra está llena de tus criaturas. R. Les retiras el aliento, y expiran / y vuelven a ser polvo; / envías tu aliento, y los creas, / y repueblas la faz de la tierra. R. Gloria a Dios para siempre, / goce el Señor con sus obras. / Que le sea agradable mi poema, / y yo me alegraré con el Señor. R.
1Corintios 12,3b-7.12-13. Hermanos: Nadie puede decir "Jesús es Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todo hemos bebido de un solo Espíritu.
Juan 20,19-23. Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
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El Espíritu nos llena de paz y de fuerza. Viene de Cristo Resucitado. El Espíritu concede el perdón de los pecados. Devuelve al Paraíso. Da amor a Dios y nos hace bendecir la propia vida….. César Buendía

San Agustín: Quien advierta el rocío, desee llegar hasta la fuente
Grata es para Dios esta solemnidad en que la piedad recobra vigor y el amor ardor, como efecto de la presencia del Espíritu Santo, según enseña el Apóstol al decir: El amor de Dios se ha difundido en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom, 5,5). La llegada del Espíritu Santo significó que los ciento veinte hombres reunidos en el lugar se vieron llenos de él. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles escuchamos que estaban reunidos en una sala ciento veinte personas a la espera de la promesa de Cristo. Se les había dicho que permaneciesen en la ciudad hasta que fuesen revestidos del poder de lo alto. Pues yo -les dijo el Señor- os enviaré mi promesa. El es fiel prometiendo y bondadoso cumpliendo. Lo que prometió en la tierra, lo envió después de ascendido al cielo. Tenemos una prenda de la vida eterna futura y del reino de los cielos. Si no nos engañó en esta primera promesa, ¿va a defraudarnos en lo que esperamos para el futuro?
Todos los hombres, cuando hacen un negocio y difieren el pagar, la mayor parte de las veces reciben o dan unas arras, que dan fe de que luego llegará aquello a lo que anteceden como garantía. Cristo nos dio las arras del Espíritu Santo; él, que no podía engañarnos, nos otorgó la plena seguridad cuando nos entregó esas arras, aunque cumpliría lo prometido, aun sin habérnoslas dejado. ¿Qué prometió? La vida eterna, dejándonos las arras del Espíritu. La vida eterna es la posesión de los moradores, mientras que las arras son un consuelo para los peregrinos. Es más apropiado hablar de arras que de prenda. Estas dos cosas parecen idénticas, pero entre ellas hay diferencia no despreciable. Si se dan las arras o una prenda es con vistas a cumplir lo prometido; mas cuando se da una prenda, el hombre devuelve lo que se le dio; en cambio, cuando se dan las arras, no se las recupera, sino que se les añade lo necesario hasta llegar a lo convenido.
Tenemos, pues, las arras; tengamos sed de la fuente misma de donde manan las arras. Tenemos como arras cierta rociada del Espíritu Santo en nuestros corazones, para que si alguien advierte este rocío, desee llegar hasta la fuente. ¿Para qué tenemos, pues, las arras sino para no desfallecer de hambre y sed en esta peregrinación? Si reconocemos ser peregrinos, sin duda sentiremos hambre y sed. Quien es peregrino y tiene conciencia de ello desea la patria y, mientras dura ese deseo, la peregrinación le resulta molesta. Si ama la peregrinación, olvida la patria y no quiere regresar a ella. Nuestra patria no es tal que pueda anteponérsele alguna otra cosa. Sucede a veces que los hombres se hacen ricos en el tiempo de la peregrinación. Quienes sufrían necesidad en su patria, se hacen ricos en el destierro y no quieren regresar. Nosotros hemos nacido como peregrinos lejos de nuestro Señor que inspiró el aliento de vida al primer hombre. Nuestra patria está en el cielo, donde los ciudadanos son los ángeles. Desde nuestra patria nos han llegado cartas invitándonos a regresar, cartas que se leen a diario en todos los pueblos. Resulte despreciable el mundo y ámese al autor del mundo.
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Abrazo de Dios
El Espíritu Santo es el Amor de Dios, o si queremos, el Amor del amor de Dios. Si Dios es amor, el Espíritu es como la flor de este amor, como el abrazo vivo de Dios, como el beso santo prolongado. El Espíritu es la lengua universal que hace entenderse a todos los hombres, el gran diálogo, la fuerza que acerca, une, rompe barreras, deshace muros, supera perjuicios. O sea, que el Espíritu Santo es un abrazo. Si donde está el Espíritu hay libertad, también donde está el Espíritu del Señor hay amistad. El Espíritu es la fuerza que aglutina, que engendra comunión, que hace familia. El Espíritu es el que construye la comunidad, el que facilita los encuentros, el que hace posible la amistad. Es mesa redonda para dialogar, cancha de juego en que participar, casa común para convivir. El Espíritu es el esperanto universal, antídoto eficaz contra la confusión de Babel.
Es lo que llamamos amor de comunión -koinonía-, abrazo que reúne a los distantes y funde a los distintos en «un solo corazón y una sola alma», abrazo que funde en un solo fuego las distancias y las desigualdades. Este abrazo del Espíritu lleva a tener una lengua común, una bolsa común y un solo corazón. Son los tres grandes niveles del amor cristiano.
-Lengua común
Es la necesidad de entenderse por medio de la comprensión y el diálogo. Deben superarse los prejuicios y los juicios del hermano. Que el otro no nos resulte extraño ni le juzguemos equivocado. El diálogo sereno rompe muchas barreras. El Espíritu es la lengua que facilita la comprensión.
-Bolsa común
Es el nivel que debiera ser más fácil, pero que a veces resulta el más difícil. Las primeras comunidades cristianas nos dan un buen ejemplo. Entre los hermanos no puede haber diferencias. Para los que forman comunidad, todos los bienes, todos, deben ponerse en común.
-Un solo corazón
Donde se llega a la dimensión más profunda del amor, compartiendo tristezas y alegrías, temores y esperanzas, todos los sentimientos más íntimos de las personas. Que el otro sea algo tuyo, prolongación de tu propia carne; que sea tu «alter ego», parte de tu propio corazón.
Si contemplamos la realidad, nos daremos cuenta enseguida que está muy falta de Espíritu. A pesar de avances significativos en el camino del entendimiento, el mundo sigue roto por los cuatro costados. Las diferencias de todo tipo, las rivalidades y los enfrentamientos, son enormes, «abismales», dice el Papa. También las Iglesias, a pesar de los progresos ecuménicos, siguen distanciadas y divididas, y el camino de la unidad está sembrado de recelos y de obstáculos. Después están nuestras pequeñas divisiones, a veces ridículas, mediocres, vergonzosas. Aun dentro mismo de las familias y las comunidades, ¡cuántas incomprensiones y rechazos!
Necesitamos el Espíritu de amor, abrazo divino y beso santo, que nos ayude a superar los obstáculos para la unidad, que nos capacite para multiplicar los besos y los abrazos.
CARITAS 1991
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AVISOS
Todos los domingos del mes de Mayo a las 7.45 am rezamos el rosario por la calle desde Santa María hasta San Columbano. El próximo fin de semana hay retiro de promoción de mujeres.
El 26, martes, es la primera catequesis del Camino Neocatecumenal, en Santa María a las 8 pm para jóvenes y adultos.
El día 29, Viernes, celebro mis 49 años de sacerdote. Misa de 7 pm en San Columbano.
El 7 de Junio, día de la segunda vuelta de las elecciones, es el día de Corpus. Voten con cabeza, no con hígado.La procesión de Corpus se hará de forma simple, sin carroza, lleva do el Santísimo Sacramento en la mano, con dos velas a los costados, desde San Columbano a Santa María, a las 6.15 pm. el día de las Elecciones. No se hará nada extraordinario, ni estrado en Santa María, ni alfombras, ni pequeños altares y paradas en el camino, ni siquiera la banda, a no ser que puedan reunirse y tocar detrás del sacerdote algunos de sus miembros. Iremos por el camino más corto: Cabana, César Vallejo, Conococha, pasaremos la avenida Izaguirre para entrar en Amargón, Tritoma y Santa María. Seguramente llegaremos a las 7.15 pm. Daremos la bendición con el santísimo al finalizar allí la misa de 6, y reservaremos el Santísimo.
Pero sí trasladaremos al Señor.

23-05-26Sábado de la séptima semana de PascuaAño toribiano. Santa María de la ProvidenciaPrimera lecturaLectura del libr...
23/05/2026

23-05-26
Sábado de la séptima semana de Pascua
Año toribiano. Santa María de la Providencia

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31
Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo vigilaba.
Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
«Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres, fui entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues, os he llamado para veros y hablar con vosotros; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas».
Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.
Salmo de hoy
Salmo 10, 4. 5 y 7 R/. Los buenos verán tu rostro, Señor
El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R/.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, y éste, ¿qué?»
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir.
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Los comentarios de hoy son luminosos. Contra la envidia. Contra la curiosidad malsana. Pedro pregunta cuál es la misión de Juan y se lleva una contestación evasiva: “si yo quiero que se quede hasta que venga, ¿a ti qué? Tú sígueme”. Sin embargo, y positivamente, también se comenta que Jesús no ve que porque cada uno tenga una misión distinta haya motivo suficiente para ningún tipo de competencia disgregadora.
Pero el sentido profundo de la consulta o de la pregunta de Pedro no es otro que una pregunta sobre la muerte.
Es feliz porque Jesús ha perdonado. Está especialmente agradecido porque Jesús le da otra oportunidad de testimonio que le redime de las negaciones, pero que tendrá que será el supremo testimonio del martirio. Jesús le anuncia que Dios no le ha abandonado.
Y, en ese contexto, pregunta si ése es el destino de todos. Posiblemente sabe que Juan ha estado al pie de la cruz, y que, por tanto, no se ha avergonzado de ser testigo de Jesús, y piensa que la muerte, que será para él el lugar de la decisión, este joven ya la ha enfrentado. Es una persona a prueba de muerte, y, quizá por eso le está abierto, sin muerte, el camino a la gloria.
Y es lo que nos manifiesta el misterio de la Asunción de María. No merecía la muerte, porque nació sin pecado, y acompañó a su Hijo hasta la cruz.
Y es maravillosa la serenidad por la que cada uno de nosotros, con la ayuda de Dios podemos dejar atrás el pecado. La muerte asusta. Pero Cristo nos dice: no temas. Y la fe sostiene.
Ello no nos separa de los otros. El que puede enfrentar la muerte con Jesús, puede acompañar a los demás a la muerte. Puede fortalecer. Y el testimonio consiste en esa fortaleza.
Dios nos la conceda.

César Buendía

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Las lecturas de hoy, vísperas de Pentecostés presentan tanto el final del libro de los Hechos de los Apóstoles como el del Evangelio de Juan. Pablo termina en Roma esperando el juicio por su apelación al césar, pero pudiendo anunciar con libertad el Evangelio (solo bajo la vigilancia de un soldado) y el Evangelio de Juan concluye presentando la tensión entre la comunidad de origen judío (la de Pedro) con la de Juan (del discípulo amado), una tensión que ha atravesado todo el evangelio y que no se resuelve anulando ninguna de las dos tradiciones, peor que refleja dos estilos diversos bien presentes en su tiempo.
El final del libro de los Hechos recoge como, por fin , Pablo llega a Roma a anunciar el Evangelio del Señor en la capital del Imperio, y de esta forma culmina, al menos idealmente, el periplo y la misión de llevar por todo el mundo la buena noticia de Cristo, y por eso se justifica el final del libro.
El segundo aspecto, que caracteriza la conclusión del evangelio de Juan, creo que constituye toda una lección para la Iglesia, para todos los creyentes. En la historia de la Iglesia se ha repetido con una cierta frecuencia la confrontación entre líneas diversas, sea de interpretación, sea de formulación, sea de formas de anunciar o vivir el mensaje evangélico que han convivido con dificultad. A veces, la tensión ha podido degenerar en un verdadero enfrentamiento o hasta en una ruptura. Los Cismas sobrevenidos dan testimonio de ello. Sin embargo, en otras ocasiones, se han podido mantener las tensiones en una suerte de polaridad no excluyente, se ha sabido vivir la herencia de Jesús, que de por sí es amplia, polifacética, propicia para posibles lecturas diversas, manteniendo la tensión entre polos diversos, sin caer en el radicalismo de la alternativa excluyente : o bien… o bien.
Los dos polos distintos, no se excluyen por necesidad, pueden ser complementarios. No se descarta ninguna posición, como si alguna de ellas sólo fuera un amasijo de errores. Tampoco se impone solamente una línea, como si la verdad se redujera a una única forma de visión. No se trata de dar cabida al relativismo, sino de comprender que nuestro acceso a la verdad es siempre limitado, histórica y culturalmente y la Iglesia ya lleva a las espaldas suficientes siglos de experiencia como para saber que el diálogo, la apertura, la acogida de nuevas perspectivas es más garantía de aproximación a la verdad que no la cerrazón testaruda a fórmulas, quizá desfasadas o que, en su rigidez, resultan incapaces de acoger las novedades de la historia, en la que sigue obrando el Espíritu de Dios.
Carlos Luis García Andrade cmf
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LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
Este coloquio entre Jesús y Pedro contiene una enseñanza valiosa para todos los discípulos, para todos nosotros creyentes. (…) Empezando por la tentación —muy humana, sin duda, pero también muy insidiosa— de conservar nuestro protagonismo. Y a veces el protagonismo debe disminuir, debe abajarse, (…) Pero tendrás otra forma de expresarte, otra forma de participar en la familia, en la sociedad, en el grupo de los amigos. Y es la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, dice Pedro, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Meter la nariz en la vida de los otros. Pues, no. Jesús le dice: “¡Cállate!”. ¿Realmente tiene que estar en “mi” seguimiento? ¿Acaso debe ocupar “mi” espacio? ¿Será mi sucesor? Son preguntas que no sirven, que no ayudan. ¿Debe durar más que yo y tomar mi lugar? Y la respuesta de Jesús es franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros. Tú sígueme. Esto sí, es importante: el seguimiento de Jesús, seguir a Jesús en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en la vida cuando es próspera con muchos éxitos y también en la vida difícil con tantos momentos duros de caída. Y cuando queremos meternos en la vida de los otros, Jesús responde: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme”. Hermoso. (Francisco - Audiencia general, 22 de junio de 2022)
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El testimonio de Pablo
Pablo vive casi el mismo proceso que Jesús: Acusaciones, interrogatorio, entrega a los romanos,– que quieren liberarle, a lo que los judíos se oponen- que no encuentran nada que mereciera la muerte.
En el final de los Hechos de los Apóstoles, San Pablo llega a Roma, la capital del Imperio, donde se le permite vivir bajo custodia militar pero con relativa libertad (Hch 28,16-20). Convoca a los líderes judíos para explicar su situación: encadenado por la esperanza de Israel, defiende su fidelidad a la Ley y los Profetas, mostrando que el Evangelio no contradice la tradición judía, sino que la cumple.
Durante dos años enteros (Hch 28,30-31), acoge a todos, anuncia con parresía (audacia) el Reino de Dios y el Señor Jesús, cumpliendo así el mandato de Cristo de llevar el Evangelio "hasta los confines de la tierra" (Hch 1,8).
Este pasaje ilustra el triunfo de la misión apostólica: de Jerusalén a Roma, el Espíritu Santo impulsa la Iglesia entre judíos y gentiles, abolida la distinción por la revelación (Hch 10). Pablo, instrumento elegido, predica libremente pese a las cadenas, prefigurando la siembra de la semilla cristiana en el corazón del mundo pagano, que germinará en la Iglesia romana. Su ministerio en Roma confirma la cronología de su cautiverio y su plan misionero (Rm 1,13; 15,24).
Pablo encarna la audacia evangélica en adversidad, invitándonos a proclamar a Cristo con libertad interior, fuente de misión perpetua de la Iglesia.
El testimonio de Juan
El Evangelio relata un diálogo entre Jesús, Pedro y el Discípulo Amado, enfatizando la obediencia personal a la voluntad de Cristo y el propósito del Evangelio: fomentar la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios para tener vida en su nombre (Jn 20,30-312).
"Tú sígueme" (Jn 21,20-23): Pedro, recién investido como pastor ("Apacienta mis ovejas", v. 17), pregunta por el Discípulo Amado: "Señor, ¿y éste, qué?" Jesús responde con autoridad: "Si quiero que se quede hasta que venga, ¿qué te importa? Tú sígueme" (dos veces le dice ese "tu sígueme").
Este intercambio subraya la primacía de la vocación individual: Pedro debe enfocarse en su misión apostólica sin inmiscuirse en la de otros. Surge un rumor erróneo sobre la muerte del Discípulo Amado (v. 23), que el evangelista corrige, mostrando la fidelidad del testimonio ocular. El Discípulo Amado destaca por su cercanía íntima a Jesús (Jn 13,23; 20,2; 21,), "el que vio y creyó" ante el sepulcro vacío (Jn 20,83), modelo de fe contemplativa frente al ardor activo de Pedro.
Testimonio del Evangelio Jn 21,24-25: "Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito" v. 24 Juan ha recopilado estos hechos con un fin preciso: "para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre"). Esto conecta con la fe nacida del encuentro personal con el Resucitado, más allá de lo escrito.

Centro de Predicación Bíblico Pastoral
Convento de San Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

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Avisos.
Este domingo es pentecostés. La vigilia de los confirmandos será en San Columbano a las 5 pm. En Santa María haremos algo especial a las 8 pm. Los del Camino a las 10 pm
Este martes, 26, comienzan las catequesis de adultos del Camino Neocatecumenal, para jóvenes y mayores, en el cuarto piso de Santa María de la Providencia a las 8 pm. Están todos invitados. Cuantos necesiten de Dios, vayan.
El viernes próximo es el 49 aniversario de ordenación de César Buendía. La misa será en San Columbano a las 7 pm.
El día de corpus, 7 de Junio, la procesión será sencilla, caminando, sin mesitas de adoración y sin estrado, sin alfombras de flores y quizá hasta sin banda. Pero sí trasladaremos al Señor después de la misa de 5 pm desde San Columbano hasta Santa María de modo que coincida con la misa de 6 pm.

Las lecturas de hoy, vísperas de Pentecostés presentan tanto el final del libro de los Hechos de los Apóstoles como el d...
23/05/2026

Las lecturas de hoy, vísperas de Pentecostés presentan tanto el final del libro de los Hechos de los Apóstoles como el del Evangelio de Juan. Pablo termina en Roma esperando el juicio por su apelación al césar, pero pudiendo anunciar con libertad el Evangelio (solo bajo la vigilancia de un soldado) y el Evangelio de Juan concluye presentando la tensión entre la comunidad de origen judío (la de Pedro) con la de Juan (del discípulo amado), una tensión que ha atravesado todo el evangelio y que no se resuelve anulando ninguna de las dos tradiciones, peor que refleja dos estilos diversos bien presentes en su tiempo.

El final del libro de los Hechos recoge como, por fin , Pablo llega a Roma a anunciar el Evangelio del Señor en la capital del Imperio, y de esta forma culmina, al menos idealmente, el periplo y la misión de llevar por todo el mundo la buena noticia de Cristo, y por eso se justifica el final del libro.

El segundo aspecto, que caracteriza la conclusión del evangelio de Juan, creo que constituye toda una lección para la Iglesia, para todos los creyentes. En la historia de la Iglesia se ha repetido con una cierta frecuencia la confrontación entre líneas diversas, sea de interpretación, sea de formulación, sea de formas de anunciar o vivir el mensaje evangélico que han convivido con dificultad. A veces, la tensión ha podido degenerar en un verdadero enfrentamiento o hasta en una ruptura. Los Cismas sobrevenidos dan testimonio de ello. Sin embargo, en otras ocasiones, se han podido mantener las tensiones en una suerte de polaridad no excluyente, se ha sabido vivir la herencia de Jesús, que de por sí es amplia, polifacética, propicia para posibles lecturas diversas, manteniendo la tensión entre polos diversos, sin caer en el radicalismo de la alternativa excluyente : o bien… o bien.

Los dos polos distintos, no se excluyen por necesidad, pueden ser complementarios. No se descarta ninguna posición, como si alguna de ellas sólo fuera un amasijo de errores. Tampoco se impone solamente una línea, como si la verdad se redujera a una única forma de visión. No se trata de dar cabida al relativismo, sino de comprender que nuestro acceso a la verdad es siempre limitado, histórica y culturalmente y la Iglesia ya lleva a las espaldas suficientes siglos de experiencia como para saber que el diálogo, la apertura, la acogida de nuevas perspectivas es más garantía de aproximación a la verdad que no la cerrazón testaruda a fórmulas, quizá desfasadas o que, en su rigidez, resultan incapaces de acoger las novedades de la historia, en la que sigue obrando el Espíritu de Dios.

Carlos Luis García Andrade cmf

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