23/08/2026
📗EVANGELIO DE HOY DOMINGO🙏
✝️Proclamación✝️ del Santo Evangelio✝️ según San Mateo: 16, 13-20✝️
📖En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas". Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del in****no no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías🛐
📘Palabra del Senor.🙏
✝️Gloria a ti, Senor.✝️
El Evangelio de hoy nos presenta a Pedro ante una experiencia decisiva: es invitado a reconocer quién es Jesús a partir de su propia experiencia de encuentro con Él. La pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» va más allá de cualquier respuesta aprendida. Jesús desea conducir a sus discípulos de una fe basada en lo que han oído decir a otros, hacia una fe que nace de una relación personal. Hay una gran diferencia entre saber quién es Jesús y encontrarse verdaderamente con Él.
También nuestra vida de fe necesita recorrer este camino. Es posible que hayamos recibido la fe de nuestra familia, que hayamos aprendido oraciones, participado en la comunidad y escuchado hablar de Jesús muchas veces. Todo eso es valioso, pero llega un momento en que debemos responder personalmente: «¿Quién es Jesús para mí?». La fe madura cuando dejamos de vivir solamente del testimonio de otros y empezamos a reconocer, en nuestra propia historia, la presencia, el amor y la acción de Cristo.
Un encuentro verdadero con Jesús ocurre precisamente en la vida cotidiana. Él nos encuentra cuando estamos alegres y también cuando llevamos cargas de preocupación; cuando tenemos certezas y cuando atravesamos momentos de duda; cuando avanzamos y cuando necesitamos comenzar de nuevo. Jesús no espera a que nuestra vida sea perfecta para acercarse a nosotros. Entra en nuestra historia tal como es, y nos invita a caminar a su lado.
Este encuentro transforma también nuestra forma de vernos a nosotros mismos. Con frecuencia nos definimos por nuestros errores, fracasos, limitaciones o por lo que los demás piensan de nosotros. Pero Jesús mira a Pedro y le dice: «Tú eres Pedro». Descubre en aquel hombre una realidad que quizás el propio Pedro aún no alcanzaba a ver. El encuentro con Cristo hace nacer en nosotros una nueva conciencia: no somos solamente lo que hemos hecho mal; somos, sobre todo, lo que Dios puede hacer en nosotros.
Por eso, encontrar a Jesús significa permitir que su presencia transforme nuestra forma de vivir. Quien se encuentra con Cristo aprende a confiar más, a perdonar, a servir, a comenzar de nuevo y a mirar a los demás con mayor misericordia. Este encuentro no se queda guardado en el corazón: se traduce en gestos concretos. Una fe viva siempre produce una vida renovada.
Quizás la gran pregunta para nosotros hoy sea esta: ¿Me conformo con saber cosas sobre Jesús, o busco de verdad encontrarme con Él? ¿Dejo que su Palabra ilumine mi vida? ¿Reconozco su presencia en lo cotidiano? ¿Permito que Él transforme mis decisiones y mi forma de actuar? El Evangelio nos invita a renovar este encuentro, porque de él nacen una fe más profunda, una esperanza más firme y un corazón dispuesto a servir.
Jesús sigue preguntando a cada uno de nosotros: «¿Quién soy yo para ti?». Y nuestra respuesta más sincera no será solamente lo que digamos con palabras, sino lo que nuestra vida entera revele.