06/07/2026
¿ES BÍBLICO QUE LA IGLESIA REALICE RIFAS PARA RECAUDAR FONDOS?
Vivimos en una época donde muchas iglesias locales buscan diferentes formas de obtener recursos económicos. Entre ellas están las rifas, sorteos, bingos y otras actividades similares. La pregunta, sin embargo, no es si estas actividades pueden recaudar dinero, sino si son el modelo que Cristo dejó para sostener Su iglesia.
Al examinar el Nuevo Testamento, encontramos un principio muy claro: la obra de Dios es sostenida por las ofrendas voluntarias de los creyentes, dadas con gratitud, amor y obediencia al Señor.
«"Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9:7).»
La ofrenda bíblica nace de un corazón transformado por el evangelio. En cambio, una rifa motiva a las personas a entregar dinero esperando recibir un premio. Aunque no todos participen con esa intención, el mecanismo mismo se basa en ofrecer una recompensa material para incentivar la entrega.
En ninguna parte del Nuevo Testamento vemos a los apóstoles organizando rifas para construir un templo, sostener misioneros o cubrir necesidades de la iglesia. Cuando había necesidades económicas, los creyentes ofrendaban voluntariamente (1 Corintios 16:1-2; Hechos 4:32-35). El silencio de las Escrituras sobre este tipo de métodos, unido al claro ejemplo apostólico, debería hacernos reflexionar seriamente.
También existe otro peligro: cuando una iglesia acostumbra a financiarse mediante rifas, ventas o actividades similares, poco a poco puede dejar de enseñar la mayordomía bíblica. Los creyentes podrían pensar que la obra de Dios se sostiene mediante eventos, cuando en realidad Dios ha establecido que sea sostenida por la fidelidad de Su pueblo.
Además, pedir que los miembros vendan rifas puede producir presiones innecesarias. Algunos pueden sentirse obligados por compromiso, otros por temor a ser mal vistos, y otros terminar promoviendo un sistema que no nace de la convicción bíblica, sino de la necesidad económica de la iglesia.
Otro riesgo es el testimonio. La iglesia está llamada a mostrar que confía en la provisión de Dios. Cuando adopta métodos propios del mundo para obtener recursos, puede transmitir la idea de que la obra del Señor depende más de las estrategias humanas que de la fidelidad de Dios y de la obediencia de Su pueblo.
Esto no significa que debamos juzgar las intenciones de quienes organizan estas actividades. Muchos lo hacen con un deseo sincero de ayudar a la iglesia. Sin embargo, en la vida cristiana no basta con tener buenas intenciones; también debemos preguntarnos si nuestros métodos están gobernados por la Palabra de Dios.
La iglesia de Cristo debe distinguirse no solo por predicar correctamente el evangelio, sino también por administrar la obra del Señor conforme a los principios establecidos en las Escrituras. Lo que Dios ordenó siempre será suficiente para cumplir los propósitos de Dios.
Confiemos en el Señor, enseñemos a la congregación a ofrendar con gozo y fidelidad, y recordemos que la obra que Dios inició jamás dependerá de métodos humanos para sostenerse, sino de la fidelidad del Dios que prometió suplir todo lo necesario para Su gloria.
"Y mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús."
(Filipenses 4:19).