Jovenes para Dios

Jovenes para Dios Lo interesante de cambiar una vida es que cambian los resultados. grupo:
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Lo interesante de renovar la mente es que uno se transforma, y lo interesante de ser transformado es que uno puede experimentar la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

25/05/2026

SERIE: EL FRACASO EN LAS MANOS DE DIOS

DÍA 1

Cuando las buenas intenciones no bastan

¿Alguna vez has intentado hacer algo bueno pero todo salió mal? Moisés conocía esa sensación. Criado en el palacio de Faraón con toda la educación y el poder imaginables, tenía un corazón que ardía por la justicia. Ver a su pueblo hebreo sufriendo bajo la opresión egipcia lo llenaba de indignación santa. Tenía buenas intenciones: liberar a su pueblo, hacer justicia, defender al oprimido.

Sin embargo, hay una diferencia crucial entre tener buenas intenciones y actuar según la voluntad de Dios. Moisés tenía el «qué» correcto —liberar a Israel— pero falló en el «cómo» y el «cuándo». Lucas nos dice que Moisés, «pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron» (Hch 7:25). Su mayor error no fue desear la justicia, sino tomarla en sus propias manos.

Observa este detalle revelador: «miró alrededor, y cuando vio que no había nadie...». En otras palabras, Moisés verificó si había testigos humanos, pero olvidó mirar hacia arriba. Se preocupó más por los ojos terrenales que por los ojos divinos. Esta es una tentación común para todos nosotros. Cuando actuamos impulsivamente, cuando tomamos atajos morales, cuando forzamos los tiempos de Dios, inevitablemente miramos a los lados en lugar de mirar al cielo.

El conocimiento nos dice qué hacer; la sabiduría nos dice cómo y cuándo hacerlo. Moisés, instruído en toda la sabiduría egipcia, era poderoso en palabras y hechos según el libro de Hechos (Hch 7:22). Tenía todos los recursos humanos necesarios: educación, posición, influencia. Pero le faltaba la autorización divina. No había sido comisionado aún. Su tiempo no había llegado.

Los fines espirituales nunca se alcanzan con medios carnales. Esta verdad resuena a través de las Escrituras. Abraham y Sara intentaron cumplir la promesa de Dios a través de Agar, resultando en un conflicto generacional. El rey Saúl ofreció el sacrificio sin esperar a Samuel, perdiendo su reino. Las estrategias humanas, por más nobles que sean las intenciones, no pueden producir resultados divinos.

¿Cuántas veces hemos actuado como Moisés? Vemos una necesidad legítima, sentimos una carga genuina, pero en lugar de esperar la dirección y el tiempo de Dios, nos adelantamos. Forzamos puertas que Dios aún no ha abierto. Manipulamos circunstancias para acelerar lo que creemos que es Su plan.

El resultado del impulso de Moisés fue devastador. En lugar de convertirse en libertador, se convirtió en fugitivo. En lugar de ser reconocido como salvador, fue rechazado con las palabras: «¿Quién te ha puesto de príncipe o de juez sobre nosotros?» (Éx 2:14). La respuesta era dolorosamente clara: nadie... aún.

Dios tenía un plan perfecto para la liberación de Israel, y Moisés era parte central de ese plan. Pero primero necesitaba aprender que el trabajo de Dios no se realiza a través de estrategias humanas. Necesitaba entender que su fuerza, su educación y su posición no eran suficientes. Necesitaba ser quebrantado para ser reconstruido, no como príncipe de Egipto, sino como siervo del Altísimo.

Oración
Padre celestial, reconozco que muchas veces he actuado según mis propios impulsos, aun cuando tenía buenas intenciones. Perdóname por las veces que he mirado a los lados en lugar de mirar hacia Ti. Enséñame a esperar en Tu tiempo perfecto y a actuar solo cuando Tú me autorices. Ayúdame a recordar que Tus caminos son más altos que mis caminos. Quiero ser un instrumento en Tus manos, no un impedimento para Tu obra. En el nombre de Jesús, Amén.

****VERSICULOS

ÉXODO 2:11-12 RVR1960
[11] En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. [12] Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

25/05/2026
22/05/2026

SERIE: CORAZONES ENCENDIDOS

DÍA 5 — DEL ENCUENTRO A LA OBEDIENCIA

Jesús no se apareció para provocar un momento emocional. No buscaba lágrimas pasajeras ni una experiencia intensa que se diluyera con el paso de las horas. Su propósito no era generar un recuerdo espiritual, sino producir transformación.

El texto es contundente: “En ese mismo momento se levantaron”. No hubo demora. No hubo cálculo. No dijeron “mañana volvemos” o “cuando estemos más preparados”. El fuego que ardió en el corazón se tradujo inmediatamente en movimiento.

Ahí está la diferencia entre emoción y transformación.

La emoción disfruta el momento y dura solo eso; pero un encuentro transformador cambia la dirección y el rumbo.

Jesús no abrió las Escrituras para que sintieran un momento agradable. Las abrió para reordenar su comprensión y empujarlos nuevamente hacia Sus Propósitos. Emaús había sido el lugar de la resignación; Jerusalén era el lugar del llamado. Y el verdadero encuentro con Jesús siempre nos conduce al lugar del propósito, aunque implique incomodidad.

Muchos queremos un Jesús que nos haga sentir mejor, pero no necesariamente un Señor al que obedecer ahora. Nos gusta decir: "en algún momento", “más adelante”, “cuando esté listo”, “cuando se acomoden las cosas”. Pero en el Reino de Dios, la obediencia no es diferida ni algo que se pueda postergar; debe ser inmediata.

La frase “en ese mismo momento” confronta nuestra tendencia a postergar. La fe madura no dice “algún día”; dice “hoy”. No dice “cuando me convenga”; dice “ahora”. La obediencia tardía suele ser desobediencia pasiva o disfrazada.

Cuando Jesús enciende el corazón, no nos deja en contemplación pasiva. Nos levanta. Nos envía. Nos devuelve al lugar donde debemos estar. El fuego auténtico no es un fin en sí mismo; es impulso para la misión.

Si la Palabra nos habló, si el corazón ardió, si dijimos “quédate con nosotros”, entonces la pregunta final no es “¿qué sentimos?”, sino “¿qué vamos a hacer?”.

El encuentro verdadero con Jesús siempre termina en obediencia concreta.

Pasamos del fuego al propósito. Del encuentro a la acción. De la emoción a la obediencia inmediata.

Preguntas para reflexionar:
¿Qué estamos postergando que Dios ya nos pidió?
¿En qué área estamos diciendo “ya voy” en lugar de “ahora”?
Si hoy obedeciéramos inmediatamente, ¿qué cambiaría en nuestra vida?

EL FUEGO VERDADERO NO NOS ENTRETIENE; NOS ENVÍA.

Oración: Señor, líbranos de una fe emocional y superficial. Danos un encuentro que nos transforme y una obediencia que no postergue. Levántanos hoy y envíanos ahora. Amén.

****VERSICULOS

San Lucas 24:33-35 RVC
[33] En ese mismo instante se levantaron y volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, [34] los cuales decían: «¡En verdad el Señor ha resucitado, y se le ha aparecido a Simón!» [35] Los dos, por su parte, les contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

21/05/2026

SERIE: CORAZONES ENCENDIDOS

DÍA 4 — QUÉDATE CON NOSOTROS

El corazón de estos discípulos ya había comenzado a arder. La Escritura había sido explicada. La perspectiva había sido reordenada. Pero todavía faltaba algo: la decisión de no dejar que la experiencia se diluya.

Cuando Jesús hace ademán de continuar, ellos lo invitan. Y aquí hay un detalle profundamente significativo: no dicen “quédate conmigo”. Dicen “quédate con nosotros”.

La experiencia espiritual no fue individualista. Fue compartida. La invitación fue comunitaria. El fuego no se guardó en privado; se protegió en comunión.

Esto revela algo esencial del diseño de Dios: la fe no está pensada para vivirse en aislamiento. El cristianismo bíblico nunca fue un proyecto solitario. Desde el Edén hasta la iglesia primitiva, el caminar con Dios siempre tuvo dimensión comunitaria.

Hoy corremos un riesgo silencioso: vivir una espiritualidad individualista. Escuchamos mensajes solos, leemos devocionales solos, procesamos crisis solos. Y cuando el fuego baja, nadie lo nota. Nadie sopla sobre las brasas.

Pero en Emaús vemos lo contrario. Dos discípulos procesan juntos, escuchan juntos, arden juntos y finalmente regresan juntos a Jerusalén. El fuego compartido se vuelve misión compartida.

Eclesiastés 4:9–10 nos recuerda que “mejores son dos que uno”. Hebreos 10:25 nos llama a no dejar de congregarnos. No es formalidad religiosa; es supervivencia espiritual. Una brasa aislada se enfría. Varias brasas juntas mantienen la llama.

Y entonces entendemos algo profundo: el fuego que Jesús enciende se sostiene mejor en comunidad.

Si queremos que nuestro corazón siga ardiendo, necesitamos decir también: “Quédate con nosotros”. No solo como oración personal, sino como decisión colectiva de caminar acompañados.

Ejercicio práctico:
Esta semana demos un paso concreto y organizado:
Elijamos al menos una persona con quien caminar espiritualmente.
Establezcamos un encuentro semanal fijo (presencial o virtual).
Definamos una estructura simple para ese tiempo:
15 minutos de lectura bíblica compartida.
15 minutos de conversación honesta sobre lo leído.
15 minutos de oración mutua y cargas específicas.
Estemos siempre dispuestos a incorporar a alguien más a este grupo.
No es un grupo informal. Es comunión intencional. El fuego no se mantiene por accidente ni por casualidades. Se protege con disciplina espiritual compartida.

Preguntas para reflexionar
¿Estamos intentando vivir la fe de manera aislada?
¿Quién camina espiritualmente con nosotros hoy?
¿Qué pasaría si dejáramos de decir “yo y Dios” y comenzáramos a vivir “nosotros y Cristo”?

EL FUEGO QUE SE COMPARTE ES UN FUEGO QUE PERMANECE

Oración: Señor, no queremos una fe solitaria. Enséñanos a caminar en comunión, a abrir nuestro corazón y a sostenernos mutuamente. Que tu presencia no sea solo una experiencia individual, sino una realidad compartida. Quédate con nosotros. Amén.

***VERSICULOS

San Lucas 24:28-35 RVC
[28] Cuando llegaron a la aldea adonde iban, Jesús hizo como que iba a seguir adelante, [29] pero ellos lo obligaron a quedarse. Le dijeron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y es casi de noche.» Y Jesús entró y se quedó con ellos. [30] Mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y les dio a ellos. [31] En ese momento se les abrieron los ojos, y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. [32] Y se decían el uno al otro: «¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» [33] En ese mismo instante se levantaron y volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, [34] los cuales decían: «¡En verdad el Señor ha resucitado, y se le ha aparecido a Simón!» [35] Los dos, por su parte, les contaron lo que les había sucedido en el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Eclesiastés 4:9-10 RVC
[9] Dos son mejor que uno, porque sacan más provecho de sus afanes. [10] Si uno de ellos se tropieza, el otro lo levanta. ¡Pero ay de aquel que tropieza y no hay quien lo levante!

20/05/2026

SERIE: CORAZONES ENCENDIDOS

DÍA 3 — ELEMENTOS DE COMBUSTIÓN

El fuego no es magia; es el resultado de la combinación de varios elementos. En química se habla del triángulo del fuego: combustible, oxígeno y calor. Si uno de esos elementos falta, no hay combustión y por lo tanto no hay fuego. En Emaús, el corazón volvió a arder, pero no por una atmósfera emocional ni por una experiencia sensorial intensa. Ardió porque Jesús abrió las Escrituras. El texto es claro: “Comenzando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras”. El fuego no vino antes de la Palabra; vino como consecuencia de la Palabra entendida.

Esto nos confronta profundamente. Muchas veces anhelamos fuego espiritual sin revisar si hay combustible. Queremos pasión sin profundidad, emoción sin revelación, intensidad sin fundamento. Pero la llama espiritual no se sostiene con frases inspiradoras ni con eventos aislados; se sostiene con verdad encarnada en el corazón. Jeremías 23:29 declara: “¿No es acaso mi palabra como fuego, afirma el Señor?” La Biblia no es información religiosa; es fuerza del Espíritu capaz de encender lo que se ha enfriado.

Si somos honestos, debemos admitir algo incómodo: muchos de nosotros no estamos leyendo la Biblia con constancia ni meditando en ella con profundidad. Consumimos contenido cristiano, escuchamos mensajes, citamos versículos sueltos, pero no nos sumergimos en la Palabra de manera sistemática. Y sin combustible, el corazón inevitablemente pierde calor. No es que Dios haya dejado de hablar; es que nosotros no estamos buscando escuchar Su Voz por medio de La Palabra.

En Emaús, Jesús no produjo fuego artificial. Produjo combustión interna. Reordenó la historia a la luz del plan redentor. Les mostró que la cruz no era fracaso sino cumplimiento. Cuando la verdad fue comprendida, el corazón ardió. No al revés. El fuego fue consecuencia de la revelación.

Si queremos que nuestro corazón vuelva a arder, necesitamos volver a la Biblia. No como obligación devocional ni como disciplina mecánica, sino como encuentro real con el Cristo vivo que se revela en la Escritura. No leemos simplemente un texto antiguo; escuchamos la voz del Resucitado interpretando nuestra historia.

Tal vez hoy no necesitamos más estímulos emocionales. Tal vez necesitamos más Palabra. Porque sin combustible no hay fuego. Y el combustible que enciende el corazón sigue siendo la Escritura.

Preguntas para reflexionar:
¿Estamos esperando fuego sin estar alimentándonos de la Palabra?
¿Hace cuánto no leemos la Biblia con profundidad y constancia?
¿Qué cambiaría si volviéramos a hacer de la Escritura el centro de nuestra vida espiritual?

SIN UNA BIBLIA ABIERTA NO HAY FUEGO EN EL CORAZÓN

Oración: Señor, despierta en nosotros hambre por tu Palabra. Perdónanos si buscamos emoción sin fundamento. Que tu verdad sea el combustible que encienda nuevamente nuestro corazón. Amén.

***VERSICULOS

San Lucas 24:27-32 RVC
[27] Y partiendo de Moisés, y siguiendo por todos los profetas, comenzó a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él. [28] Cuando llegaron a la aldea adonde iban, Jesús hizo como que iba a seguir adelante, [29] pero ellos lo obligaron a quedarse. Le dijeron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y es casi de noche.» Y Jesús entró y se quedó con ellos. [30] Mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan y lo bendijo; luego lo partió y les dio a ellos. [31] En ese momento se les abrieron los ojos, y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. [32] Y se decían el uno al otro: «¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Jeremías 23:29 RVC
[29] »Mi palabra es como el fuego; ¡es como un mazo que parte las piedras! —Palabra del Señor.

19/05/2026

SERIE: CORAZONES ENCENDIDOS

DÍA 2 — ¿DE QUÉ NECESITAMOS HABLAR?

Jesús resucitado camina con ellos, pero no se revela de inmediato. Podría haber detenido la conversación con una frase contundente. Podría haber dicho: “Soy yo. Todo está bajo control.” Pero no lo hace. En lugar de imponerse, pregunta: “¿De qué hablan? ¿Qué cosas?”

Y aquí aparece algo profundamente revelador del corazón de Dios: Jesús no pregunta para informarse; pregunta para abrir espacio.

Dios siempre ha hecho eso. En el Génesis, cuando Adán se esconde, Dios pregunta: “¿Dónde estás?” (Gn 3:9). Cuando Caín carga con la culpa de su violencia, Dios pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4:9). No eran preguntas por falta de información. Dios lo sabe absolutamente todo. Eran preguntas para abrir diálogo, para sacar al ser humano del escondite, para permitir que el corazón hable.

En Emaús sucede lo mismo. Jesús sabía exactamente lo que había pasado. Sabía de la cruz. Sabía del sepulcro. Sabía de la resurrección. Sin embargo, permite que ellos narren su versión incompleta de los hechos. Los deja hablar desde su tristeza, desde su interpretación limitada, desde su confusión.

Lucas dice que se detuvieron con semblante triste. El término describe un rostro abatido, deformado por el dolor. No era una conversación ligera; era duelo. Y Jesús no lo interrumpe. No lo minimiza. No lo corrige antes de tiempo. Guarda silencio para escuchar.

Esto nos revela algo esencial: Dios no solo interviene en nuestra historia; se involucra en nuestro proceso.

A veces creemos que para acercarnos a Dios debemos tener respuestas claras, fe firme y emociones ordenadas. Pero el Jesús de Emaús nos muestra lo contrario. Él camina kilómetros escuchando corazones heridos. No porque necesite información, sino porque le importamos.

Y si alguna vez dudamos de cuánto le importamos, la cruz es la respuesta definitiva. La cruz no fue un accidente histórico. Fue la declaración más alta del amor de Dios. Romanos 5:8 dice que Dios demuestra su amor en que Cristo murió por nosotros. La pregunta de Jesús en el camino no es indiferencia; es coherencia con un Dios que ya mostró en la cruz cuánto le importamos.

Necesitamos decirlo con claridad: a Jesús no le dan alergia nuestras dudas. No se escandaliza con nuestras preguntas. No se asusta cuando nuestra fe atraviesa incertidumbre. La duda no es el final de la fe; muchas veces es el lugar donde Cristo decide revelarse con mayor profundidad.

Salmo 62:8 nos invita: “Derramen delante de Él su corazón.” Derramar no es orar prolijo. Es hablar con verdad. Es reconocer nuestra fragilidad sin maquillaje espiritual.

Quizás hoy no necesitamos más información bíblica. Quizás necesitamos más honestidad delante de Dios.

Jesús sigue preguntando: “¿Qué cosas?” No para juzgarnos, sino para acercarse más.

Preguntas para reflexionar:
¿Qué necesitamos hablar con Dios para que podamos ser libres?
¿Nos animamos a abrir el corazón delante de Jesús y compartirle aún lo que más nos cuesta nombrar?

A DIOS LE IMPORTAMOS DE VERDAD. ÉL DESEA ESCUCHAR INCLUSO LO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZÓN.

Oración: Dios, gracias porque no solo sabés todo de nosotros, sino que aun así querés escucharnos. Gracias por la cruz, la prueba suprema de tu amor. Hoy queremos responderte con honestidad y abrirte nuestro corazón. Amén.

***VERSICULOS

San Lucas 24:17-24 RVC
[17] Se veían tan tristes que Jesús les preguntó: «¿De qué tanto hablan ustedes?» [18] Uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha sucedido en estos días?» [19] «¿Y qué ha sucedido?», preguntó Jesús. Y ellos le respondieron: «Lo de Jesús de Nazaret, que ante Dios y ante todo el pueblo era un profeta poderoso en hechos y en palabra. [20] Pero los principales sacerdotes y nuestros gobernantes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. [21] Nosotros teníamos la esperanza de que él habría de redimir a Israel. Sin embargo, ya van tres días de que todo esto pasó. [22] Aunque también nos han dejado asombrados algunas mujeres de entre nosotros, que fueron al sepulcro antes de que amaneciera. [23] Como no hallaron el cuerpo, han venido a decirnos que tuvieron una visión, en la que unos ángeles les dijeron que él vive. [24] Algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y encontraron todo tal y como las mujeres lo dijeron, pero a él no lo vieron.»

Salmos 62:8 RVC
[8] Pueblos todos, ¡confíen siempre en Dios! ¡Vacíen delante de él su corazón! ¡Dios es nuestro refugio!

Génesis 3:9 RVC
[9] Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde andas?»

Génesis 4:9 RVC
[9] Y el Señor le dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?» Y él respondió: «No lo sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?»

18/05/2026

SERIE: CORAZONES ENCENDIDOS

DÍA 1 — EL QUE SIEMPRE CAMINA CON NOSOTROS

Hay momentos en la vida donde seguimos caminando, pero ya no caminamos igual. No dejamos la fe. No negamos a Dios. No abandonamos todo. Simplemente empezamos a caminar distinto. Comenzamos a apagarnos. Caminamos más lento, con menos expectativa, con menos fuego y con cierta frustración que no siempre sabemos explicar. Eso es exactamente lo que ocurre en la vida de los dos discípulos que iban a Emaús.

Lucas subraya un detalle teológico poderoso: “Ese mismo día”. El mismo día de la resurrección. Mientras el cielo celebraba victoria, dos discípulos caminaban desilusionados. La tumba estaba vacía, pero su corazón estaba lleno de preguntas. Y si somos honestos, muchas veces nosotros también vivimos algo parecido: Dios está obrando, pero nosotros estamos procesando.

Emaús estaba a unos sesenta estadios de Jerusalén, aproximadamente once kilómetros. No es solo una distancia geográfica; es una distancia emocional. Jerusalén en la teología de Lucas representaba la promesa, el llamado, la expectativa mesiánica. Emaús representa ese proceso interior cuando la realidad no encaja con lo que esperábamos de Dios.

El texto dice que “conversaban y discutían”. El verbo griego sugiere un debate intenso, cargado de tensión. La cruz había desordenado su teología. Su expectativa de un Mesías victorioso no sabía cómo integrar el sufrimiento. Y cuando nuestra fe no sabe explicar lo que duele, comienza a enfriarse. El dolor muchas veces desordena nuestra teología y lo que entendemos de Dios.

Entonces aparece la frase que sostiene todo el relato: “Jesús mismo se acercó”. No fue una metáfora ni una experiencia subjetiva. Fue el Resucitado tomando la iniciativa. El verbo indica acción deliberada. Él se mueve hacia ellos. No lo reconocen, pero Él ya está caminando.

Aquí hay una verdad central para nuestra fe: el cristianismo no es solo memoria del pasado; es relación con un Jesús que está vivo. Si Él resucitó, entonces camina. Y si camina, entonces puede estar a nuestro lado.

El problema en Emaús no era ausencia de Cristo, sino limitación de percepción. “Sus ojos estaban velados.” No era falta de presencia; era falta de reconocimiento. Muchas veces nosotros tampoco estamos en rebeldía abierta. No dijimos “nos vamos”. Simplemente nos enfriamos. Bajamos la intensidad. Dejamos de esperar demasiado. Permitimos que el cansancio espiritual haga su trabajo silencioso.

Pero Jesús no espera que nuestra fe esté ordenada para acercarse. Se acerca cuando estamos confundidos, cuando nuestra teología entra en crisis y cuando nuestro corazón está recalculando. Y necesitamos entenderlo claramente: a Jesús no le dan alergia nuestras dudas. No se escandaliza con nuestras preguntas ni se asusta cuando nuestra fe tambalea.

Isaías 42:3 declara que no apagará la mecha que apenas arde. Él no termina de quebrar lo que ya está frágil; restaura lo que parece a punto de extinguirse. En el mundo antiguo, una caña quebrada ya no servía para sostener nada. Lo normal era terminar de romperla y descartarla.
La imagen habla de personas frágiles, heridas, debilitadas. El Siervo no termina de destruir lo que ya está dañado. No pisa al débil. No descarta al quebrado. Tal vez el mayor milagro hoy no es que Jesús venga a nosotros. El pábilo es la mecha de una lámpara. Cuando apenas humea, casi no da luz. Lo más fácil sería apagarlo. Pero el Señor no apaga la llama débil. La protege hasta que vuelva a arder. Habla de personas con fe pequeña, con esperanza casi extinguida. Jesús no aplasta la fe incipiente; la aviva.

Quizás el mayor milagro hoy sea descubrir que Jesús nunca se fue de nuestro lado y que está dispuesto a encender nuestra fe débil.

No caminamos solos. Aunque no lo sintamos, aunque no lo entendamos, aunque estemos procesando. La fe madura no comienza con emoción intensa; comienza con conciencia: Cristo está presente. Y la decisión que define todo no es “sentir fuego”, sino caminar sabiendo que Él ya está a nuestro lado.

Preguntas para reflexionar:
¿En qué área comenzamos a caminar más lento espiritualmente?
¿Estamos confundiendo proceso con abandono?
¿Qué cambiaría si hoy camináramos conscientes de la presencia real de Jesús?

NO CAMINAMOS SOLOS. CAMINAMOS CON UN JESÚS QUE ESTÁ VIVO.

Oración: Dios, gracias porque te acercás incluso cuando no te reconocemos. Perdón si confundimos silencio con ausencia. Abre nuestros ojos y enseñanos a caminar conscientes de que estás con nosotros. Amén.

****VERSICULOS

San Lucas 24:13-16 RVC
[13] Ese mismo día, dos de ellos iban de camino a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén unos diez kilómetros. [14] Iban hablando de todo lo que había sucedido, [15] y mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y los iba acompañando. [16] Pero ellos no lo reconocieron, y es que parecían tener vendados los ojos.

Isaías 42:3 RVC
[3] No hará pedazos la caña quebrada, ni apagará la mecha humeante. Traerá la justicia por medio de la verdad.

Dirección

Jose Luis Bustamante Y Rivero

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