Carmelitas Descalzos Seglares San José- Lima

Carmelitas Descalzos Seglares San José- Lima La Comunidad de Carmelitas Descalzos Seglares - San José se reune los sabados en la Parroquia San José de Jesús Maria con la Eucaristia y Laudes a las 7 am.

Somos parte de la Orden de los Carmelitas Descalzos fundada por Santa Teresa de Jesús

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17/07/2026

Miembros de nuestra comunidad participaron con amor en la fiesta de nuestra Madre y Hermana, Maria del Monte Carmelo!
Madre nuestra ruega por nosotros!

13/07/2026
03/07/2026

Invitacion importante

Vayamos a encontrarnos con el Amor de los amores!
09/06/2026

Vayamos a encontrarnos con el Amor de los amores!

08/06/2026

«Cuando no comulgas ni asistes a Misa, puedes hacer una comunión espiritual, una práctica muy provechosa; por ella, el amor de Dios se imprimirá profundamente en ti».

~Santa Teresa de Ávila

Hermanos y hermanas,

¿Se han detenido alguna vez a pensar en lo que realmente sucede cada vez que venimos a Misa?

Para muchos de nosotros, la Misa se ha vuelto algo familiar. Sabemos cuándo ponernos de pie, cuándo sentarnos, cuándo responder.

Sabemos que, tarde o temprano, nos acercaremos a recibir la Sagrada Comunión. Sin embargo, a veces la familiaridad puede hacernos pasar por alto el extraordinario misterio que se despliega ante nosotros.

Hoy, en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la Iglesia nos invita a mirar de nuevo con ojos renovados.

En cada Misa, el Señor prepara un banquete para su pueblo. Lo extraordinario es que nos alimenta de dos maneras. Primero, nos alimenta con su Palabra. Luego, nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre.

Piensen en esto por un momento.

Antes de ponerse en nuestras manos, Cristo deposita primero su Palabra en nuestros corazones. Antes de alimentarnos sacramentalmente, nos habla personalmente. Sabe que el corazón humano necesita verdad y amor, luz y fortaleza. Y por eso nos da ambas.

La mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía no son dos realidades separadas. Son un solo don. Son dos maneras en que Cristo se nos entrega.

El mismo Jesús que habla en el Evangelio es el Jesús que recibimos en la Sagrada Comunión.

El mismo Señor que dice: «Síganme», es el Señor que nos da la fuerza para seguirlo.

El mismo Señor que revela su corazón en las Escrituras nos abre ese mismo corazón en la Eucaristía.

Quizás por eso San Juan escribe: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». El Verbo eterno de Dios no permaneció como una voz distante. El Verbo se hizo carne. Y aún hoy, ese Verbo sigue viniendo a nosotros. Primero a través de las Escrituras que escuchamos, y luego a través de la Sagrada Hostia que recibimos.
¿Ves la belleza de esto?

En cada Misa, Cristo entra primero por nuestros oídos y luego por nuestros corazones.

Habla para que lo reconozcamos.

Nos alimenta para que lleguemos a ser como Él.

Esta comprensión es fundamental para la espiritualidad carmelita.

Los santos carmelitas nos enseñan que Dios no se encuentra principalmente en el ruido o la actividad, sino en lo más profundo del alma. Santa Teresa de Ávila hablaba a menudo del castillo interior donde Dios habita en nosotros. San Juan de la Cruz nos recuerda que Dios obra en silencio, con dulzura y, a menudo, sin que nos demos cuenta.

¿No es así precisamente como funciona la Eucaristía?

Cuando recibimos la Sagrada Comunión, puede que no sintamos nada extraordinario. Puede que no haya una gran emoción, una experiencia dramática. Sin embargo, Cristo está ahí. En silencio. Con dulzura. Con paciencia.

Entra en el santuario oculto del corazón y comienza su obra.

Poco a poco sana. …Poco a poco purifica.
Poco a poco, Él nos enseña a amar como Él ama.

El mundo a menudo busca resultados inmediatos. Dios suele obrar de manera diferente. Obra como una semilla que crece bajo la tierra. Obra como una llama que arde silenciosamente en la oscuridad. Obra como el pan que nutre el cuerpo día tras día.

Quizás algunos de nosotros nos sintamos desanimados hoy. Puede que miremos nuestras vidas y veamos las mismas debilidades, las mismas luchas, los mismos pecados que parecen repetirse una y otra vez.

Pero permítanme preguntarles: ¿Por qué creen que Jesús nos da la Eucaristía tan a menudo?

Seguramente no es porque ya seamos perfectos.

Se entrega a nosotros porque aún estamos en proceso de crecimiento.
Sabe que la santidad es un camino.
Sabe que necesitamos su gracia cada día.
Sabe que sin Él no podemos llegar a ser las personas que nos creó para ser.

Por eso la Iglesia nos pide que nos acerquemos a la Sagrada Comunión con reverencia y con corazones preparados por la gracia. No porque Dios quiera alejarnos, sino porque anhela una verdadera comunión con nosotros. Desea que lo recibamos conscientemente, con amor y con fe.

Y es aquí donde la fiesta de hoy se convierte en una fiesta de esperanza.

No venimos al altar porque hayamos triunfado. Venimos porque tenemos hambre.
Hambre de perdón. Hambre de sanación. Hambre de paz.

Hambre de Dios.

Y cada vez que venimos, Cristo nos acoge. Nos habla en su Palabra. Se entrega a nosotros en la Eucaristía. Entra de nuevo en nuestras vidas y nos dice: «No teman. Sigan adelante. Yo estoy con ustedes».

Así que hoy, al celebrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, quizás podamos llevar una sencilla pregunta a la oración:
Cuando vengo a Misa, ¿permito que Cristo me alimente en ambas mesas?

¿Escucho cuando habla?

¿Abro mi corazón cuando viene a morar en mí?

Si lo hacemos, algo hermoso sucederá. El Cristo que escuchamos en las Escrituras y recibimos en la Eucaristía se hará gradualmente visible en nuestras vidas. Su paciencia se convertirá en nuestra paciencia. Su compasión se convertirá en nuestra compasión. Su amor se convertirá en nuestro amor.

Y ese, hermanos y hermanas, es el verdadero milagro de la Eucaristía. Amén.

Centro de Desarrollo Carmelita

Comentario de la segunda carta a Timoteo 1, 1-3.6-12"Te recomiendo que reavives el don de Dios que hay en ti." (2 Tim 1,...
03/06/2026

Comentario de la segunda carta a Timoteo 1, 1-3.6-12

"Te recomiendo que reavives el don de Dios que hay en ti." (2 Tim 1,6)

Hay palabras que no envejecen porque nacen del amor. Y las que hoy san Pablo dirige a Timoteo tienen ese sabor. No son las palabras de alguien que quiere corregir desde lejos, sino las de un padre espiritual que conoce las luchas del corazón humano y sabe que incluso las almas más generosas pueden cansarse, desanimarse o ver disminuir el fuego que un día ardía con fuerza.

"Reaviva el don de Dios que hay en ti." Al escuchar esta invitación, siento que la Palabra deja de dirigirse solamente a Timoteo y comienza a hablarme a mí. Porque todos hemos recibido un don, una llamada, una historia de amor que Dios sembró en nuestra vida. Sin embargo, el paso del tiempo, las heridas, las preocupaciones, las rutinas o los propios límites pueden hacer que las brasas parezcan menos encendidas. No porque Dios haya dejado de llamar, sino porque el corazón necesita volver una y otra vez a la fuente.

Qué consolador es descubrir que san Pablo no le recuerda a Timoteo sus debilidades, sino la gracia que habita en él. No le dice que mire sus miedos, sino el Espíritu que ha recibido. Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sabiduría. Y quizá esta sea una palabra muy necesaria para nuestro tiempo. Vivimos rodeados de voces que nos hablan de nuestras insuficiencias, de nuestras fragilidades y de todo lo que nos falta. Pero Dios sigue mirando más hondo. Él sigue viendo el fuego escondido bajo las cenizas.

Y, sin embargo, este texto también tiene algo de profecía. Porque hay una forma silenciosa de apagar el don recibido: acostumbrarnos. Acostumbrarnos a la vocación, a la oración, a la Eucaristía, al servicio, a la presencia cotidiana de Dios. Poco a poco podemos seguir haciendo las mismas cosas mientras el corazón deja de arder. Y quizá el peligro más grande no sea el cansancio, sino conformarnos con él. No haber perdido a Dios, pero sí haber perdido el asombro de pertenecerle.

Por eso hoy la Palabra nos invita a volver al origen. A recordar aquella primera mirada de Jesús. Aquella llamada que hizo latir el corazón de una manera nueva. Aquella certeza de que habíamos sido elegidos no por nuestros méritos, sino por pura gracia. Porque cuando uno recuerda de dónde lo sacó Dios, el alma vuelve a encenderse.

San Pablo escribe estas palabras desde la prueba, desde la prisión y desde la incertidumbre. Sin embargo, no habla desde la derrota. Habla desde la confianza. Sabe en quién ha puesto su fe. Y eso cambia todo. Porque la esperanza cristiana no nace de que todo vaya bien, sino de saber que nuestra vida está sostenida por Aquel que jamás abandona a los que ama.

Quizá hoy el Señor no nos está pidiendo hacer más cosas. Quizá simplemente nos está diciendo al corazón: vuelve a encender el fuego. Vuelve al amor primero. Vuelve a Mí.

Preguntas para el corazón
— ¿Qué dones de Dios en mi vida necesitan ser reavivados hoy?
— ¿Me estoy acostumbrando a la presencia de Dios o sigo viviendo con asombro mi vocación?
— ¿Confío más en mis fuerzas o en la gracia que el Señor ha depositado en mí?

Oración
Señor Jesús, vuelve a encender en mí el fuego de tu llamada. Cuando el cansancio, la rutina o el miedo quieran apagar la alegría de seguirte, recuérdame que tu gracia sigue viva en mi corazón.

Espíritu Santo, aviva el don que has sembrado en mí y no permitas que me acostumbre al inmenso regalo de pertenecer a Cristo. Que mi vida entera sea una respuesta de amor a tu amor.

Mirza Deras, r.a.

Enviamos un fuerte y cariñoso abrazo a nuestra querida formadora Gina Maria de Jesús Fuentes Coaguila en el dia de su cu...
24/05/2026

Enviamos un fuerte y cariñoso abrazo a nuestra querida formadora Gina Maria de Jesús Fuentes Coaguila en el dia de su cumpleaños! Que nuestro Padre la cubra de bendiciones y alegrías!

23/05/2026

Pentecostés nos recuerda que la esperanza no se trata de tener todo resuelto. San Pablo dice, "porque con la esperanza fuimos salvados. Esperanza real significa confiar en Dios incluso cuando la vida se siente incierta, confusa o retrasada. Es elegir seguir adelante incluso cuando todavía no podemos ver hacia dónde nos está guiando Dios.

Ese tipo de esperanza parece especialmente real para los jóvenes de hoy. Nos preocupamos por el futuro, las relaciones, el propósito, y si somos suficientes. Queremos respuestas instantáneas y resultados visibles. Pero el Espíritu Santo nos enseña a confiar más allá de lo que podemos ver ahora mismo.

Esto conecta tan maravillosamente con la espiritualidad de Santa Térèse del Niño Jesús. Thérèse no vivió una vida llena de grandes logros o milagros dramáticos. Ella vivió su "pequeña manera" amando a Dios fielmente en momentos ordinarios. Ella creía que incluso los más pequeños actos de amor, hechos con confianza, importaban profundamente a Dios.

Como ella escribió en una de sus cartas:

"Es la confianza y nada más que la confianza lo que nos debe llevar al amor. ”
— Santa Teresa del Niño Jesús, Carta 197

Pentecostés es un recordatorio de que no nos quedamos solos mientras esperamos. El Espíritu Santo nos da fuerza para soportar, coraje para confiar y paz incluso en la incertidumbre. Al igual que Santa Teresa del Niño Jesús, estamos invitados a dejar de perseguir la certeza perfecta y en su lugar elegir la confianza diaria en Dios, un pequeño paso a la vez.

Horarios de Misas en nuestra Parroquia Parroquia San José de Jesús María
12/05/2026

Horarios de Misas en nuestra Parroquia
Parroquia San José de Jesús María

Ayer además de Renovar nuestra Promesa como Carmelitas Descalzos Seglares, festejamos a las mamás de la comunidad, en an...
10/05/2026

Ayer además de Renovar nuestra Promesa como Carmelitas Descalzos Seglares, festejamos a las mamás de la comunidad, en anticipo al dia de hoy que se festeja el Dia de las Madre en nuestro pais.
Deseamos a cada hermana a la que el Señor ha llamado a la mision de ser madre, física o espiritual , que el Señor las bendiga y guarde siempre, que les conceda la sabiduria para el cumplimiento de su misión y que tengan siempre a nuestra Madre del Carmelo como guia y ejemplo!

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