20/08/2026
🔴🟢34 AÑOS ACOMPAÑANDO LA DEFENSA DE LOS DERECHOS EN LORETO
Desde la formación, orientación legal y defensa, la Oficina de Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Iquitos trabaja junto a personas, familias y comunidades.
Los derechos humanos están presentes en decisiones y acciones de la vida cotidiana, una madre que necesita orientación para gestionar el sustento de sus hijos, un líder indígena que es amenazado, una mujer que busca protección frente a la violencia, una comunidad afectada por la contaminación de sus ríos o una lideresa que denuncia una vulneración y acompaña a otras mujeres.
Son personas, familias y comunidades que defienden aquello que necesitan para vivir con dignidad. Desde hace 34 años, la Oficina de Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Iquitos acompaña estos procesos mediante la formación, la orientación legal y la defensa de derechos.
Su historia comenzó a finales de la década de 1980, cuando agentes pastorales y grupos parroquiales empezaron a formarse en derechos humanos en un país marcado por la violencia política, institucional y estructural. En marzo de 1992 se constituyó el entonces Departamento de Justicia y Paz–Derechos Humanos y, meses después, delegadas y delegados de distintas parroquias participaron en su primera asamblea.
Desde su fundación el 20 de agosto 1992, la Oficina ha cambiado junto con las necesidades de las personas y comunidades a las que acompaña. Lo que empezó con pequeños equipos parroquiales se convirtió en un servicio de educación, orientación y defensa de derechos que llega a espacios urbanos, rurales y comunidades indígenas de las cuencas del Marañón, Pintuyacu, Nanay, Tigre, Corrientes e Itaya.
Actualmente brinda asesoría legal gratuita en casos familiares, civiles, penales, constitucionales, laborales y administrativos. También acompaña situaciones de violencia, trata de personas, contaminación ambiental y vulneraciones de los derechos colectivos de los pueblos indígenas.
Entre enero y junio de 2026, la Oficina atendió a 444 personas entre casos nuevos y procesos que ya se encontraban en seguimiento. Detrás de esta cifra hay historias que necesitan tiempo, escucha y acompañamiento permanente.
La defensa de derechos también necesita de un trabajo formativo, a través de talleres y encuentros, la Oficina comparte información en un lenguaje cercano y fortalece las capacidades de lideresas, defensoras indígenas, agentes pastorales, jóvenes y familias para reconocer una vulneración, conocer las rutas de atención y participar en las decisiones que afectan sus vidas.
Durante 2026, este trabajo ha incluido procesos formativos con lideresas indígenas, materiales en lengua kichwa y kukama, así como encuentros con mujeres de diversos pueblos de Loreto. Estos espacios reconocen que la información debe ser comprensible, culturalmente pertinente y útil para las situaciones que las participantes enfrentan en sus comunidades.
A lo largo de su trayectoria, la Oficina también ha acompañado procesos relacionados con la consulta previa, los derrames de petróleo y la protección de los ríos amazónicos. Desde 2013, esta experiencia incorporó acciones de litigio estratégico en defensa de derechos colectivos, entre ellas las vinculadas con la comunidad de Cuninico.
Hoy participa además en redes, mesas regionales y grupos de trabajo sobre violencia de género, trata de personas, minería, hidrocarburos y protección de personas defensoras de derechos humanos. Esta articulación permite que los casos no sean vistos como problemas aislados y que las instituciones asuman las responsabilidades que les corresponden.
Cumplir 34 años no significa únicamente recordar lo realizado. También implica reconocer que persisten barreras para acceder a la justicia, recibir atención especializada, comprender la información pública y ejercer derechos sin discriminación.
Frente a estas dificultades, la Oficina de Derechos Humanos reafirma una forma de trabajo construida desde la cercanía: escuchar, orientar, fortalecer conocimientos y acompañar los procesos de las personas y comunidades con respeto por su dignidad.