02/05/2023
Necesario es este paso, como lo fueron para Jesús los cuarenta días en el desierto, de donde Dios lo sacaría revestido del poder del Espíritu Santo para comenzar su misión y servicio sobre esta tierra.
No es nuestra meta el desierto, es un periodo de transición, de aprender a conocer y amar a Dios, quien mora en nuestro espíritu, es la conquista de nuestra alma en el camino a nuestra definitiva libertad, para unirmos y caminar con él por toda la eternidad.
Es el lugar donde se descubre realmente quiem soy.
Es el lugar donde se manifiestan las pasiones de nuestra naturaleza caída y no redimida, nuestro orgullo, los celos, la soberbia, la rebeldía y la falta de sujeción de nuestra carne.
Es el lugar donde descubrimos quienes realmente somos y tomamos conciencia de nuestra débil y pobre realidad.
Es el lugar donde descubro lo que realmente amo y el lugar que verdaderamente le quiero darle a Dios en mi vida y en mi corazón.
Es el lugar de grandes y definitivas decisiones, tomo conciencia que no puedo cambiar mi pasado, Egipto quedó atrás y murió definitivamente Faraón.
Es el lugar donde tomo conciencia que no puedo manejar mi futuro, solo puedo administrar mi presente, lo que solo hoy puedo decidir.
Es un lugar de oración, de meditación y de despojamiento definitivo de mi mismo, para rendirme en los brazos de nuestro Dios y descubrir cuan grande es su amor.
Es Allí donde descubro que su Palabra es maná que nutre y es agua que quita la sed, que fortalece y vivifica, y me entrega las fuerzas para servirle y rendirme definitivamente a sus pies. Descubro que no es un lugar para debilitarme y morir, no es un lugar para quejarme y sólo llorar.
Es un lugar para fortalecerme en el poder de su fuerza, tomar mi cruz y caminar en pos de él, para poseer todas sus promesas.
¡Bendiciones!