Parroquia Nuestra Señora de Belén - Huaraz

Parroquia Nuestra Señora de Belén - Huaraz Iglesia Católica

● Santo Evangelio, S. Juan 16, 20-23a • "Nadie os quitará vuestra alegría"Dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en ve...
15/05/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 16, 20-23a • "Nadie os quitará vuestra alegría"

Dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.

También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

| Palabra del Señor

● Santo Evangelio, S. Juan 15,9-17 • "Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado"Dijo Jesús a...
15/05/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 15,9-17 • "Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado"

Dijo Jesús a sus discípulos:

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si ustedes guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer a ustedes.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.

De modo que lo que pidan al Padre en mi nombre se lo dé. Esto les mando: que se amen unos a otros».

| Palabra del Señor.

● Santo Evangelio, S. Juan 16,12-15 • «El Espíritu de la verdad los guiará hasta la verdad plena»Dijo Jesús a sus discíp...
13/05/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 16,12-15 • «El Espíritu de la verdad los guiará hasta la verdad plena»

Dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por decirles, pero no pueden cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y les comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que recibirá y tomará de lo mío y se lo anunciará a ustedes».

| Palabra del Señor.

● Santo Evangelio, S. Juan 16,5-11 • «Si no ve voy, no vendrá a ustedes el Paráclito»Dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora...
12/05/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 16,5-11 • «Si no ve voy, no vendrá a ustedes el Paráclito»

Dijo Jesús a sus discípulos:

«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberles dicho esto, la tristeza les ha llenado el corazón. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito. En cambio, si me voy, se lo enviaré.

Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me verán; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».

● Santo Evangelio, S. Juan 15,26-16,4a • «El Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí»Dijo...
11/05/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 15,26-16,4a • «El Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí»

Dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.

Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

| Palabra del Señor.

● Santo Evangelio, S. Juan 13,16-20 • El que recibe a mi enviado me recibe a míCuando Jesús terminó de lavar los pies a ...
30/04/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 13,16-20 • El que recibe a mi enviado me recibe a mí

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo:

«En verdad, en verdad les digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que ustedes saben esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy.

En verdad, en verdad les digo: El que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

| Palabra del Señor

● Santo Evangelio, S. Juan 10,22-30 • «Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la ...
28/04/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 10,22-30 • «Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno»

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió: «Se lo he dicho, y no creen; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Los discípulos se retiran con Jesús al monte de los Olivos. Allí Pedro, alterado, afirma que jamás traicionará a su maes...
27/04/2026

Los discípulos se retiran con Jesús al monte de los Olivos. Allí Pedro, alterado, afirma que jamás traicionará a su maestro. Jesús desea orar en el huerto de Getsemaní. Se siente muy conmocionado, y al mismo tiempo emocionado. La pena y el miedo le invaden. «Mi alma está afligida hasta la muerte», dice a dos de sus discípulos, «quedaos aquí y velad conmigo». Tras caminar unos pasos, Él se arroja al suelo. Reza y acaso también llora. «Padre mío», le oyen decir los dos, «si es posible, aparta de mí este cáliz. Mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

He aquí uno de los textos más conmovedores e impresionantes del Nuevo Testamento. No hay que dejar de reflexionar sobre este misterio del miedo de Cristo, como han hecho los grandes de la fe.

Yo veo ahí una cierta lucha entre el alma humana y el alma divina de Cristo. Jesús ve el abismo de suciedad y de espanto humanos que ha de soportar y recorrer. Desde esta perspectiva, que trasciende con creces nuestro entendimiento —también nosotros podemos sentirnos horriblemente mal si observamos las atrocidades de la historia humana, el abismo de la negación de Dios que destruirá a las personas—, desde esta perspectiva, Él ve la espantosa carga que se le avecina. No es sólo el miedo al instante de la ejecución, es el enfrentarse al atroz y abismal destino humano que Él debe asumir.

El teólogo griego san Máximo el Confesor expuso con gran penetración este proceso: muestra cómo durante la oración del monte de los Olivos se realiza la «alquimia del ser». La voluntad de Jesús se hace una con la del Hijo y, por tanto, con la del Padre. Esta oración explicita la resistencia de la naturaleza humana, que se opone a la muerte y a los horrores que Él ve. Jesús tiene que superar la resistencia del ser humano frente a Dios. Tiene que superar la tentación de actuar de otra manera, una tentación que alcanza aquí su punto culminante. Sólo la quiebra de la resistencia se convierte en aceptación. La desaparición de la voluntad propia, humana, desemboca en la voluntad de Dios y con ello en la petición: «Mas no se haga mi voluntad, sino la tuya».

Los discípulos de Jesús son un grupo muy cansado. Cuando regresa el maestro se los encuentra dormidos. Jesús se siente desilusionado. «¿Es que ni siquiera habéis podido velar una hora conmigo?», les reprocha. Cierto, está desilusionado. Y los creyentes de todos los tiempos comprueban cómo esas palabras de Jesús trascienden ese instante y recorren toda la historia de la Iglesia.

Los discípulos se duermen una y otra vez. Suele ocurrir que, mientras la causa divina arrostra el máximo peligro, los suyos duermen. Él los ha llevado consigo para que le quiten el peso de la soledad, pero al parecer a ellos no les afecta el horror del momento.

Y Cristo prosigue: «Despertad y rezad para que no caigáis en la tentación. El espíritu está pronto pero la carne es débil».

Esta cita retoma las palabras que Dios pronuncia después del diluvio: «Veo que sólo son carne, que son débiles, y necesitan indulgencia y compasión». Finalmente, su desilusión desemboca en compasión.

Judas se presenta con un numeroso grupo de hombres armados. Se dirige a Jesús y lo besa. Es la señal. Cuando los soldados prenden a Cristo, Pedro se interpone, coge su espada y corta una oreja a uno de los esbirros de los sumos sacerdotes. Jesús se limita a decir: «Guarda tu espada en la vaina, porque el que a hierro mata a hierro morirá».

Pedro quiere demostrar que su valerosa afirmación de que nunca traicionaría al maestro es cierta. Que en ese momento también está dispuesto a arriesgarse a morir. Ciertamente aprenderá enseguida que, cuando el ataque resulta infructuoso, la valentía del atacante se apaga de inmediato.

Pero sobre todo Jesús vuelve a dirigirse aquí a toda la historia: la causa de Dios, advierte, no puede ser defendida con la espada, como por desgracia se ha intentado hacer siempre. Quien pretende defender a Dios recurriendo a la violencia, ya por ese mero hecho se enfrenta a Él.

(J. Ratzinger. "Dios y el mundo").

● Santo Evangelio, S. Juan 10,1-10 • «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontra...
27/04/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 10,1-10 • «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos»

Dijo Jesús:

«En verdad, en verdad les digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad les digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

| Palabra del Señor.

● Santo Evangelio, S. Juan 6,30-35 • «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no ...
21/04/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 6,30-35 • «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás»

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

| Palabra del Señor

● Santo Evangelio, S. Juan 6,22-29 • «La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado»Después de que Jesús h...
20/04/2026

● Santo Evangelio, S. Juan 6,22-29 • «La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado»

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

| Palabra del Señor

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