04/02/2026
La Restauración del Señor de la Soledad - Huaraz (1971)
El Señor de la Soledad es una imagen muy antigua, hecha hace más de 400 años por artesanos del lugar, usando madera de maguey, un material ligero y frágil. Por eso la imagen es grande pero liviana. No vino de España: fue creada en el Perú, con técnicas locales, y forma parte de la identidad de Huaraz. Para la gente, no es solo una escultura: es su “Tayta - aukiteetanchikmi”, alguien que los escucha y los protege.
Después del terremoto, la imagen quedó completamente destruida: sin cabeza, con el cuerpo aplastado y las extremidades separadas. Cuando Wálter Leyva, el escultor que la restauró, llegó a Huaraz, encontró a la gente velando la imagen como si fuera una persona mu**ta. Había llanto, silencio y respeto. Esa escena muestra cuánto significaba el Señor de la Soledad para Huaraz.
La restauración fue un trabajo largo y muy duro. Leyva no solo tuvo que reconstruir partes perdidas, sino también corregir errores de una restauración anterior mal hecha, que había dañado la imagen original. Trabajó con cuidado, usando conocimientos de arte y ciencia, pero también con mucha sensibilidad, porque sabía que no estaba reparando un objeto cualquiera, sino algo sagrado para la gente.
Mientras él trabajaba, personas de todas partes —campesinos, ancianos, jóvenes, profesionales— llegaban a ver la imagen, a llorar, a rezar. Muchos pensaban que no era solo una restauración, sino una especie de “resurrección”. En medio de tanta pobreza y dolor, volver a ver al Señor de la Soledad de pie les devolvía fuerza, consuelo y esperanza.
El padre Espinoza, quien impulsó la restauración, fue una figura importante pero también muy frágil. Cargó con demasiadas responsabilidades y terminó afectado emocionalmente, reflejando lo difícil que fue para muchos enfrentar las consecuencias del desastre.
Bode, Barbara. (2015). Las campanas del silencio. Destrucción y creación en los Andes. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú (pp. 482–487).
FUENTE/CRÉDITOS:
Jairo Loli Cochachin.