Novenas a Santos Olvidados, amigos nuestros llenos de luz

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Novenas a Santos Olvidados, amigos nuestros llenos de luz 9 días de oración a nuestros santos

🌷🌷Hoy comenzamos la Novena a Nuestra querida Santa Rosa de Lima 🌷Del 21 de agosto al 29 de agosto🤍🙏🏻🤗😇🖤PRIMER DÍA 🙏🕯Aman...
21/08/2026

🌷🌷Hoy comenzamos la Novena a Nuestra querida Santa Rosa de Lima 🌷Del 21 de agosto al 29 de agosto🤍🙏🏻🤗
😇🖤PRIMER DÍA 🙏🕯
Amantísimo Señor Dios, Trino y Uno, que como en la antigua ley, os complacíais en que os llamasen Dios de aquellos grandes Santos Patriarcas, hoy no menos os agradáis, en que os llamemos, Dios de la Rosa de Santa María: nos alegramos y gozamos con el mismo gozo, con que ella se complacía en vuestras divinas perfecciones, en especial, de que seáis un Ser tan infinitamente perfecto, que de nadie depende, y todo depende de vuestro Ser, y os pedimos por vuestra soberana independencia, y por el asimiento, que tuvo siempre a Vos vuestra finísima Santa Rosa, nos concedáis un apartamiento total de cuanto es contra vuestra voluntad, a que vivamos y muramos asidos a Vos; y lo que en esta novena os pedimos a mayor honra y gloria vuestra.

Padre Nuestro que estás en el cielo...

En todo momento, Rosa confiaba en que Dios la sostenía a ella y su familia y que atendería sus ruegos. Repetidas ocasiones Dios le hizo ver su cuidado amoroso, en lo espiritual y lo material.- Un día el Señor le presentó un gran número de rosas esparcidas por el suelo y le dijo:"Rosa, hazme una guirnalda de flores con estas rosas…"- Ella obedeció y luego de ello Cristo cogió una de ellas y le dijo:“Esta rosa eres tú, y de esta me encargo Yo para cuidar de ella con singular cuidado”.

(Padrenuestro, avemaría y Gloria)

NOVENA A TOMÁS DE KEMPIS💛🤍🙏🏻🫶🏻✨😇PRIMER DIA.Del 21 de agosto al 29 de agosto Señal de la Cruz...Acto de Contrición:Pésame...
21/08/2026

NOVENA A TOMÁS DE KEMPIS💛🤍🙏🏻🫶🏻✨😇PRIMER DIA.
Del 21 de agosto al 29 de agosto
Señal de la Cruz...
Acto de Contrición:
Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el in****no que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como Tu; antes querría haber mu**to que haberte ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oremos:
Señor Dios todopoderoso, que entre tus fieles elegiste al beato Tomás de Kempis para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a Ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Padre Nuestro... Ave Maria... Ave José. Gloria.

"Conviértete a Dios de todo corazón, y deja ese miserable mundo y hallará tu alma reposo. Aprende a menospreciar las cosas exteriores y darte a las interiores, y verás que se vienen a ti el Reino de Dios. Pues el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo, que no se da a los malos." Imitacion de Cristo.

Beato Tomás de Kempis, ruega por nosotros.

Señal de la Cruz...

NOVENA A SAN JUNÍPERO Serra (Del 19 de agosto al 27 de agosto) En honor del Apóstol de CaliforniaORACIÓN INICIALEn el no...
20/08/2026

NOVENA A SAN JUNÍPERO Serra (Del 19 de agosto al 27 de agosto)
En honor del Apóstol de California
ORACIÓN INICIAL
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Gloriosísimo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad Santísima, fuente de toda santidad, te damos gracias por los dones con que adornaste a tu siervo San Junípero Serra.
Tú lo llamaste desde joven a consagrarse a Ti y le concediste un corazón ardiente para anunciar el Evangelio, servir a los más necesitados y perseverar en su misión aun en medio de grandes dificultades.
Concédenos, por su intercesión, crecer en la fe, vivir con esperanza y practicar la caridad. Haz que, siguiendo su ejemplo, sepamos trabajar por el bien de nuestros hermanos y permanecer fieles a Ti hasta el final de nuestra vida.

San Junípero Serra, misionero humilde y perseverante, ruega por nosotros.

Presentamos ahora nuestra petición:

[Hacer aquí la petición personal.]

Amén.

PRIMER DÍA
La vocación de San Junípero Serra

Señor Dios, que llamaste a San Junípero Serra para entregarse enteramente a Ti y al servicio del Evangelio, concédenos reconocer con generosidad la misión que Tú nos has confiado.

Que no tengamos miedo de responder a tu llamada y que sepamos poner nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestra vida al servicio de tu Reino.

San Junípero Serra, ayúdanos a decir siempre sí a Dios.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
fiel servidor del Señor,
llamado a llevar la Buena Nueva
con humildad y perseverancia.

Ruega por nosotros.

SEGUNDO DÍA
La fe

Dios todopoderoso, aumentaste en San Junípero Serra una fe firme y confiada. Concédenos una fe que no se debilite ante las dificultades.

Que sepamos confiar en Ti cuando no comprendamos tus caminos y que nuestra vida sea un testimonio de esperanza para quienes nos rodean.

San Junípero Serra, hombre de profunda fe, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
hombre de fe ardiente,
enséñanos a confiar en Dios
en todo momento de nuestra vida.

Ruega por nosotros.

TERCER DÍA
La perseverancia

Oh Señor, que concediste a San Junípero Serra fortaleza para continuar su misión a pesar del cansancio, los obstáculos y las dificultades, danos también perseverancia.

Que no abandonemos nuestras buenas obras cuando aparezcan problemas y que sepamos continuar haciendo el bien con paciencia.

San Junípero Serra, ejemplo de perseverancia, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
incansable trabajador del Evangelio,
enséñanos a perseverar
hasta alcanzar la meta.

Ruega por nosotros.

CUARTO DÍA
El espíritu misionero

Señor Jesús, que enviaste a tus discípulos a anunciar el Evangelio, encendiste en San Junípero Serra un profundo deseo de llevar tu mensaje.

Haznos también misioneros en nuestra familia, en nuestro trabajo, entre nuestros amigos y en todos los lugares donde nos encontremos.

Que anunciemos tu amor no solamente con palabras, sino también con nuestras obras.

San Junípero Serra, misionero de Cristo, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
mensajero del Santo Evangelio,
enciende en nosotros
el deseo de anunciar a Cristo.

Ruega por nosotros.

QUINTO DÍA
La humildad

Señor, que miras el corazón de tus hijos, concédenos la humildad que caracterizó a tu siervo San Junípero Serra.

Líbranos del orgullo, de la vanidad y del deseo de recibir honores. Enséñanos a servir sin esperar recompensa y a reconocer que todo bien procede de Ti.

San Junípero Serra, humilde servidor de Dios, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
humilde servidor del Señor,
enséñanos a servir
sin buscar gloria humana.

Ruega por nosotros.

SEXTO DÍA
La caridad

Padre misericordioso, hiciste de San Junípero Serra un servidor dedicado a los demás.

Concédenos un corazón lleno de caridad. Que sepamos ayudar al que sufre, consolar al que está triste, acompañar al que está solo y perdonar a quien nos ofende.

Que nunca pasemos indiferentes ante las necesidades de nuestros hermanos.

San Junípero Serra, ejemplo de servicio, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
servidor de tus hermanos,
enséñanos a reconocer
el rostro de Cristo en cada persona.

Ruega por nosotros.

SÉPTIMO DÍA
La fortaleza

Señor todopoderoso, en las pruebas concediste fortaleza a San Junípero Serra.

Cuando lleguen a nosotros el sufrimiento, la enfermedad, el cansancio o las dificultades, danos un corazón fuerte y confiado.

Que nunca perdamos la esperanza y que aprendamos a ofrecer nuestras pruebas por amor a Ti.

San Junípero Serra, ejemplo de fortaleza, ruega por nosotros.

Padre Nuestro. Ave María. Gloria.

Salutación

Salve, San Junípero Serra,
fuerte en las dificultades,
ayúdanos a permanecer firmes
cuando llegue la prueba.

Ruega por nosotros.

OCTAVO DÍA
La esperanza

Señor, fuente de toda espera

Dios lo tenga en su gloria. Oremos
12/08/2026

Dios lo tenga en su gloria. Oremos

🕯️ A LOS 108 AÑOS, MURIÓ EL P. BENEDICT CHAO, TESTIGO DE UNA IGLESIA PERSEGUIDA EN CHINA 🇨🇳✝️

El pasado 31 de julio de 2026, falleció en Lantau, Hong Kong, el P. Benedict Chao, OCSO, a los 108 años.

Había vivido 79 años como monje trapense y 77 como sacerdote. Su vida atravesó algunos de los momentos más difíciles de la Iglesia en China.

🇨🇳 Nacido en Hebei en 1918, ingresó a la vida monástica durante su juventud. Su comunidad sufrió primero la ocupación japonesa y, posteriormente, la persecución comunista.

Algunos de sus hermanos fueron encarcelados, expulsados e incluso asesinados. Los supervivientes tuvieron que abandonar China y comenzar nuevamente lejos de su tierra.

Pero no abandonaron su vocación.

🙏 El P. Benedict Chao fue enviado al extranjero y, junto con otros monjes, participó en la reconstrucción de la comunidad trapense. Finalmente, los monjes se establecieron en Lantau, Hong Kong, donde levantaron nuevamente su monasterio.

La comunidad fue reconocida como abadía en 1999.

Y allí permaneció el P. Chao durante décadas, sirviendo a Dios hasta llegar a una edad extraordinaria.

🕯️ Su muerte representa el final de una generación de monjes que conoció de cerca la persecución y el exilio, pero que también fue testigo de algo poderoso:

la fe puede ser perseguida, una comunidad puede ser expulsada y un monasterio puede ser destruido… pero mientras existan corazones fieles, la Iglesia puede volver a levantarse.

El funeral del P. Benedict Chao está previsto para el 14 de agosto de 2026.

🙏 Que Cristo, a quien sirvió durante 77 años como sacerdote, lo reciba en su Reino.

🕊️ Dale, Señor, el descanso eterno.
Y brille para él la luz perpetua.
Descanse en paz. Amén.

NOVENA A LA BEATA MARÍA PETRA DE SAN JOSÉ (Del 7 de agosto al 15 de agosto) Estructura diaria de la novenaOración inicia...
07/08/2026

NOVENA A LA BEATA MARÍA PETRA DE SAN JOSÉ (Del 7 de agosto al 15 de agosto)
Estructura diaria de la novena
Oración inicial para todos los días:
"Padre misericordioso y providente, que llenaste el corazón de la Beata Madre Petra de San José de un amor ardiente hacia Ti, hacia los pobres y hacia el Patriarca San José; te pedimos que, por su valiosa intercesión, nos concedas la gracia que hoy te suplicamos (mencionar aquí la petición), si es para tu mayor gloria y bien de nuestras almas. Amén.
"Práctica y reflexión: Meditar durante unos minutos en la vida de entrega, caridad con los desamparados y paciencia en el sufrimiento de la Madre Petra.Rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Oración final:"Señor Dios nuestro, te damos gracias por el don de la Beata Petra de San José y por su ejemplo de amor sin límites. Concédenos imitar su fe viva y su confianza inquebrantable para que, ayudados por su protección, alcancemos la paz en esta vida y la gloria eterna. Amén."

🌹🙏 🌹 Salutaciones a la Beata Madre Petra
V. Beata Madre Petra de San José, esposa fiel de Jesucristo.
R. Ruega por nosotros.

V. Madre de los pobres y necesitados.
R. Ruega por nosotros.

V. Alma entregada al amor de Dios.
R. Ruega por nosotros.

V. Modelo de humildad y sencillez.
R. Ruega por nosotros.

V. Ejemplo de confianza en la divina Providencia.
R. Ruega por nosotros.

V. Madre llena de ternura y misericordia.
R. Ruega por nosotros.

V. Servidora incansable de los enfermos y necesitados.
R. Ruega por nosotros.

V. Devota hija de San José.
R. Ruega por nosotros.

V. Fiel imitadora de Jesucristo.
R. Ruega por nosotros.

V. Luz para quienes buscan a Dios.
R. Ruega por nosotros.

V. Intercesora ante el trono del Altísimo.
R. Ruega por nosotros.

V. Beata Madre Petra de San José.
R. Ruega por nosotros.

🌹 Letanías de la Beata Madre Petra de San José
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
San José, protector de la Iglesia, ruega por nosotros.

Beata Madre Petra de San José, ruega por nosotros.

Mujer de profunda fe, ruega por nosotros.
Alma enamorada de Jesucristo, ruega por nosotros.
Hija fiel de San José, ruega por nosotros.
Modelo de humildad, ruega por nosotros.
Ejemplo de pobreza evangélica, ruega por nosotros.
Corazón lleno de caridad, ruega por nosotros.
Madre de los necesitados, ruega por nosotros.
Consuelo de los enfermos, ruega por nosotros.
Protectora de los abandonados, ruega por nosotros.
Amiga de los pobres, ruega por nosotros.
Servidora de los más pequeños, ruega por nosotros.
Mujer de oración constante, ruega por nosotros.
Alma entregada a la Providencia, ruega por nosotros.
Ejemplo de sacrificio, ruega por nosotros.
Testimonio de esperanza, ruega por nosotros.
Modelo de paciencia, ruega por nosotros.
Maestra de caridad, ruega por nosotros.
Fiel discípula de Cristo, ruega por nosotros.
Amante de la Eucaristía, ruega por nosotros.
Devota de la Santísima Virgen, ruega por nosotros.
Hija predilecta de San José, ruega por nosotros.
Sierva fiel de Dios, ruega por nosotros.
Intercesora de quienes sufren, ruega por nosotros.
Estrella de quienes confían en Dios, ruega por nosotros.
Ejemplo para quienes consagran su vida al Señor, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros, Beata Madre Petra de San José.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

🌹 Gozos a la Beata Madre Petra
¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

Fuiste humilde y generosa,
siempre dispuesta a servir;
por amor a Jesucristo
supiste sufrir y vivir.

¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

A los pobres acogiste
con ternura maternal;
en los enfermos mirabas
el rostro de Cristo amado.

¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

En San José encontraste
protección y fortaleza;
y en María Santísima
consuelo, amor y pureza.

¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

Cuando llegaron las pruebas,
nunca dejaste de confiar;
en la divina Providencia
aprendiste siempre a esperar.

¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

Madre de los afligidos,
refugio del que está solo,
presenta nuestras súplicas
ante el corazón de Cristo.

¡Oh Beata Madre Petra,
flor hermosa de San José,
llévanos siempre hacia Cristo,
y aumenta en nosotros la fe!

02/08/2026

NOVENA A SAN RUFINO DE ASÍS
(Del 2 de agosto al 10 de agosto)
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; pésame también porque me podéis castigar con las p***s del In****no: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y de restituir y satisfacer si algo debiere: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
PRIMER DÍA: La iluminación de Dios para con el hermano Rufino
FLORECILLAS:
«El hermano Rufino estaba tan absorto en Dios por su dedicación asidua a la contemplación, que se había vuelto ajeno a todo lo demás. Hablaba poquísimas veces, y aun entonces tan embarazado, que daba la impresión de que lo hacía a disgusto y por no tener más remedio. Por lo cual, ni tenía gracia para transmitir la palabra de Dios, ni valor para hablar en público.

Un día, el bienaventurado Francisco le mandó que subiera a Asís, entrara en tal iglesia, y predicara al pueblo lo que el Señor le inspirare. El hermano Rufino le replicó:

-- Padre, ahórramelo. No me envíes a eso. Bien sabes tú que no tengo gracia para hablar, y que soy simple e ignorante.

Entonces San Francisco le dijo:

-- Ya que no me has obedecido de inmediato, te mando por obediencia que subas a Asís desnudo, con solos los calzones, entres así desnudo en esa iglesia y así desnudo prediques al pueblo reunido.

Y el hermano Rufino, prefiriendo la obediencia a todo, se despojó del hábito y así, desnudo, se dirigió a Asís, entró en la dicha iglesia, y, hecha la reverencia ritual, subió al púlpito y se puso a predicar.

Los niños y los grandes empezaron a reírse, diciendo:

-- Míralos: éstos hacen tanta penitencia que pierden la chaveta.

Entre tanto, San Francisco se quedó pensando en la pronta obediencia del hermano Rufino, y en su recio mandato. Y empezó a increparse:

-- ¿De dónde a ti, hijo de Pedro Bernardón, hombrecillo vil, que mandas al hermano Rufino, que es uno de los más nobles ciudadanos de Asís, a predicar desnudo al pueblo? ¡Por Dios!, yo he de hacer que experimentes en ti lo que has mandado a otro.

Dicho y hecho. Con gran fervor, se quitó el hábito, encargó al hermano León que le acompañara llevando el suyo y el del hermano Rufino, y se encaminó a la ciudad. Los de Asís, al verlo de esa guisa, desvestido, lo miraban pasar con sonrisa burlona, pensando, como del hermano Rufino, que la mucha penitencia les había trastornado el juicio. Pero el bienaventurado Francisco fue derecho donde el hermano Rufino, el cual, en ese momento, estaba diciendo con premiosidad:

-- ¡Oh amadísimos!, huid del mundo, abandonad el pecado, devolved lo ajeno, si queréis evitar el in****no. Y guardad los mandamientos, amando a Dios y al prójimo, si queréis ir al cielo. Y haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos (Mt 3,2).

Y, en ese punto, San Francisco subió al púlpito. Y predicó tan estupendamente sobre el desprecio del mundo, y sobre la penitencia santa, y sobre la pobreza voluntaria, y sobre el deseo del reino celestial, y sobre la desnudez y el sufrimiento del Señor Jesús en la cruz, que todos -que habían acudido allí en gran número- empezaron a llorar y a sollozar en voz alta, y a implorar la misericordia de Dios con singulares muestras de compunción. Y aquel día hubo tantas lágrimas en Asís como nunca se había conocido con ningún sermón sobre la pasión de Cristo.

Y así, con esta edificación del pueblo, los dos se vistieron el hábito y regresaron a la Porciúncula, glorificando y alabando a Dios, porque habían logrado vencerse a sí mismos y habían mostrado el desprecio del mundo. Y, desde aquel día, los asisienses se tenían por dichosos si lograban tocar la fimbria de su vestido» (cf. Flor 30).

Quede ahí la florecilla, con su preciosa lección -aunque tan inusualmente dada- sobre las virtudes radicales del cristiano.

La cruz de la convivencia

Y pasemos a otra, en que veremos más de manifiesto la enseñanza psicológica y práctica del hermano Rufino. No que ésta fuera la única crisis grave en que le pusieron a nuestro protagonista el diablo y su idiosincrasia, y la Vida nos refiere hasta tres; la verdad es que su renuencia para identificarse con su nueva familia fue tal, que le atacó la tentación de irse por el camino de los anacoretas. Y lo intentó. En ese momento crucial vamos a conocerlo ahora. Lo transcribo de las Florecillas:

«El hermano Rufino, uno de los más nobles caballeros de Asís, compañero de San Francisco y hombre de gran santidad, fue un tiempo fortísimamente atormentado y tentado en su interior por el demonio acerca de su predestinación. Esto le hacía andar triste y melancólico, porque el demonio le hacía creer que estaba condenado y que no era del número de los predestinados a ir a la vida eterna, siendo inútil todo lo que hacía en la Orden. Como esta tentación perdurara varios días, y él no se atreviera a manifestarla a San Francisco por vergüenza, y sin omitir por ello las oraciones y las penitencias que acostumbraba, el demonio comenzó a añadirle tristeza sobre tristeza, combatiéndolo en un doble frente: con la batalla interior y con falsas apariciones exteriores. Una vez se le apareció en la forma del Crucificado, y le dijo:

-- ¡Oh hermano Rufino! ¿A qué viene macerarte con penitencias y rezos, si tú no estás predestinado a ir a la vida eterna? Créeme: yo sé muy bien a quiénes he elegido y predestinado, y no creas a ese hijo de Pedro Bernardone si te dice lo contrario. Y no le preguntes sobre esto, porque ni él ni ningún otro lo sabe, sino yo, que soy el Hijo de Dios. Créeme, pues, si te digo que tú eres del número de los condenados, y todos los que le siguen están engañados.

Al oír estas palabras, el hermano Rufino comenzó a verse tan entenebrecido por el príncipe de las tinieblas, que estaba para perder por completo la fe y el amor que había profesado a San Francisco, y ya no se cuidaba de confiarle nada. Pero lo que el hermano Rufino no dijo al santo padre, se lo reveló a éste el Espíritu Santo. Viendo, pues, en espíritu San Francisco el gran peligro en que se hallaba el pobre hermano Rufino, mandó al hermano Maseo a buscarlo. El hermano Rufino le respondió con brusquedad:

-- ¿Qué tengo que ver yo con el hermano Francisco?

Entonces, el hermano Maseo, todo lleno de sabiduría divina, entreviendo la perfidia del demonio, le dijo:

-- Hermano Rufino, ¿no sabes que el hermano Francisco es como un ángel de Dios, que ha iluminado a tantas almas en el mundo, y por medio del cual hemos recibido nosotros la gracia del Señor? Quiero absolutamente que vengas a él, porque veo claramente que el demonio te está engañando.

A estas palabras, el hermano Rufino se puso en camino para ir a San Francisco. Viéndole venir de lejos, San Francisco comenzó a gritarle:

-- ¡Oh hermano Rufino! Tontuelo, ¿a quién has dado crédito?

Llegado el hermano Rufino, San Francisco le manifestó punto por punto toda la tentación que había sufrido interior y exteriormente del demonio, haciéndole ver que aquel que se le había aparecido era el diablo y no Cristo, y que en manera alguna debía hacer caso de sus insinuaciones. Y añadió:

-- Si vuelve otra vez el demonio a decirte: "Estás condenado", no tienes más que responderle: "¡Abre la boca, y te la lleno de inmundicia!", y verás cómo huye en cuanto le digas esto; señal de que es el diablo. Y debías haber conocido que era el demonio al ver cómo endurecía tu corazón para todo bien; pues éste es su oficio. En cambio, Cristo bendito jamás endurece el corazón del hombre fiel; antes al contrario, lo ablanda, como dice por boca del profeta: Yo os quitaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne (Ez 36,26).

Entonces, el hermano Rufino, al ver que el hermano Francisco le decía punto por punto cómo había sido su tentación, se compungió con sus palabras, rompió a llorar a lágrima viva, y cayó a los pies de San Francisco, reconociendo humildemente la culpa que había cometido ocultando su tentación. Quedó, así, muy consolado y confortado con las recomendaciones del padre santo, y totalmente cambiado para mejor. Por fin, le dijo San Francisco:

-- Anda, hijo, confiésate, y no abandones el ejercicio acostumbrado de la oración. No dudes de que esta tentación te servirá de gran utilidad y consuelo, como lo comprobarás muy pronto.

Volvió el hermano Rufino a su celda en el bosque. Y, hallándose en oración con muchas lágrimas, he aquí que vuelve el enemigo bajo la figura de Cristo y le dice:

-- ¡Oh hermano Rufino! ¿No te dije que no debes creer al hijo de Pedro Bernardone, y que es inútil que te fatigues en lágrimas y oraciones, puesto que estás condenado sin remedio? ¿De qué te sirve atormentarte cuando estás en vida, si al morir te has de ver condenado?

De inmediato le replicó el hermano Rufino:

-- ¡Abre la boca, y te la lleno de inmundicia!

El demonio, enfurecido, se fue al punto, causando tal tempestad y cataclismo de piedras que caían del monte Subasio a una y otra parte, que por largo espacio de tiempo siguieron cayendo piedras hasta abajo; y era tan grande el ruido de las piedras chocando las unas con las otras al rodar, que se llenaba el valle del resplandor de las chispas. Al ruido tan espantoso que producían, salieron del eremitorio, alarmados, San Francisco y sus compañeros para ver lo que ocurría, y pudieron contemplar aquel torbellino de piedras.

Entonces, el hermano Rufino se convenció claramente de que había sido el demonio quien le había engañado. Volvió a San Francisco y se postró otra vez en tierra reconociendo su pecado. San Francisco le animó con dulces palabras, y le mandó a su celda totalmente consolado. Estando en ella devotamente en oración, se le apareció Cristo bendito, le enardeció el alma en el amor divino, y le dijo:

-- Has hecho bien, hijo, en creer a Francisco, porque el que te había llenado de tristeza era el diablo. Pero yo soy Cristo, tu Maestro. Y, para que no te quepa duda alguna, te doy esta señal: mientras vivas, no volverás a sentir tristeza ni melancolía.

Dicho esto, desapareció Cristo, dejándolo lleno de tal alegría y dulzura de espíritu y elevación del alma, que día y noche estaba absorto y arrobado en Dios» (Flor 29).

Es la lucha del mal y del bien, entre el Ángel de las tinieblas y el Ángel de la luz, que se desarrolla dramáticamente en el corazón de cada hombre. De toda esa florecilla, lo que a mí me agrada más cada vez que la leo es esa observación psicológica del discernimiento espiritual del Pobrecillo: «En esto debías haber conocido que era el demonio: en que endurecía tu corazón para todo bien. Al contrario, Cristo bendito jamás endurece el corazón del hombre, sino que lo ablanda». Regla de oro para discernir si las raíces de nuestro corazón -y el hombre es lo que es su corazón- están sanas o envenenadas.

Pero aquí estamos mirando el caso difícil del hermano Rufino, paradigmático de cuantos sufren la convivencia como una tortura. Su terquedad -fruto de su temperamento tímido y temoso- le llevó a separarse de sus hermanos, y hasta a desconfiar del mismo San Francisco. Pero ni éste ni la fraternidad se desentendieron de él. Aquel trato fraterno comprensivo, paciente, amoroso, salvó la paz del hermano Rufino. Y puede salvar, en similares marcos existenciales, a un hijo, a un esposo, a un amigo, a una persona. Estas heridas de la convivencia, sólo un amor a toda prueba las sana: acogiendo, insistiendo, amando, y recordando que, si ese modo de ser es un pecado de la naturaleza, con el pecado se lleva el tal ya bastante penitencia; es vivir en el vence al mal a fuerza de bien, de San Pablo (Rom 12,21). Y el fruto de esta acogida evangélica llega: la terquedad se cambia en humildad; la dureza de corazón, en suavidad del espíritu; el tormento de la tentación, en el gozo de la paz. Sólo es preciso no cansarse de aplicar permanentemente, a los mismos males, los mismos remedios. El triunfo final es siempre del amor.

El beso de la paz

Ya he dicho que eso fue como en su noviciado franciscano, a los principios de su nueva vida. Pero el hermano Rufino era hombre noble de casta y de espíritu, sincero, leal, y, dentro de su timidez natural, capaz de grandes decisiones radicales. De la superación de aquel momento crucial surgió el auténtico hermano Rufino para el resto de sus días, que fueron muchos. Y se le cumplió la promesa del Señor: «Mientras vivas, no volverás a sentir tristeza ni melancolía». Y le vino miel sobre hojuelas: gracias a la libertad evangélica de la fraternidad franciscana -superadora de su tendencia al anacoretismo-, realizó en plenitud su vocación contemplativa. Dice su Vida que «se entregó de tal modo a la oración y fue tan confirmado por Dios en la elevación mística, que, por él, estaría -y muchos días estaba- sin salirse de un pequeño círculo, contemplando a Dios día y noche, si no se lo interrumpieran los hermanos». Y esa contemplación era para él paz, reposo supremo. Ese fue su carisma, y hemos visto al principio que por ahí le ponía el Pobrecillo como modelo para los demás. Por eso puede aplicársele -quizá como a ningún otro- lo que afirma Celano del mismo San Francisco: «que no sólo era todo él un hombre orante, sino un hombre hecho oración»; hasta llegar a esa hipérbole que traen unánimemente los biógrafos primitivos, y el mismo San Francisco: «que permanecía en oración hasta cuando dormía».

La verdadera contemplación -la que es «arrobamiento y no abobamiento», con la salerosa distinción de nuestra Santa Teresa- es también un termómetro alto de la santidad.

«Estando una vez San Francisco con un grupo de hermanos platicando de Dios, el hermano Rufino no se hallaba con ellos en la conversación, porque estaba contemplando en el bosque. Mientras ellos continuaban hablando de Dios, el hermano Rufino salía del bosque y pasaba a cierta distancia de ellos. San Francisco, al divisarlo, se volvió a sus compañeros y les preguntó:

-- Decidme, ¿quién creéis vosotros que es el alma más santa que tiene Dios en el mundo?

Como a coro de admiración y de cariño, le respondieron que seguramente sería él. Pero San Francisco prosiguió:

-- Yo, hermanos, soy el hombre más indigno y más vil que tiene Dios en la tierra. Pero ¿veis a ese hermano Rufino, que sale ahora del bosque? El Señor me ha revelado que su alma es una de las más santas que El tiene en este mundo. Os lo aseguro: yo no dudaría en llamarlo «San Rufino» ya en vida, porque su alma está confirmada en gracia, santificada y canonizada en el cielo por nuestro Señor Jesucristo.

Y este panegírico lo hizo más de una vez, pero nunca en presencia del hermano Rufino» (Flor 31).

Le llegó su fin beatíficamente. Se hallaban gravemente enfermos en la Porciúncula tres de nuestros primitivos: el hermano León, el hermano Rufino y el hermano Bernardo. Y éste falleció. Y el hermano León, que parecía más grave, vio en sueños una larga teoría de hermanos celestiales, que caminaban en procesión hacia la Porciúncula. Venía con ellos uno, espléndido entre todos los demás, tanto que el mirarlo ofuscaba. El hermano León preguntó a uno de la celeste comitiva:

-- ¿Quiénes sois y a qué venís?

-- Venimos a recoger el alma de un hermano, enfermo aquí en la Porciúncula, que va a fallecer pronto.

-- ¿Y quién es -siguió interrogando el hermano León- ese de los ojos tan resplandecientes?

-- Pero ¿no lo conoces? Es el hermano Bernardo de Quintaval, que a todos miraba bien, y en su humildad pensaba bien hasta de los malos, y cuanto veía de hermoso en las criaturas lo refería a su Creador.

Y la visión se esfumó en el sueño. El hermano León se lo contó al día siguiente al hermano Rufino, concluyendo con esta gozosa convicción:

-- Amadísimo, espero partir pronto hacia Dios.

Pero el hermano Rufino le replicó, con la seguridad de quien sabe bien lo que se dice:

-- Yerras, hermano, pues es mi pronta muerte y mi salvación la que te ha sido revelada.

Y se enzarzaron en una deliciosa discusión. La cerró el hermano Rufino con esta declaración:

-- Amadísimo, tú lo viste en sueños. Yo he visto y oído lo mismo estando bien despierto. Y en esa comitiva celeste figuraba también el bienaventurado Francisco, el cual me ha dicho que venían a llevarme ya con ellos. Y, al decirme esto, me ha dado sobre los labios un beso dulcísimo, que ha dejado mi boca rebosando de una fragancia maravillosa. Acércate a mí, y sentirás ese perfume delicioso.

Y el hermano León se acercó, y percibió que la boca del hermano Rufino exhalaba tal y tanta fragancia, que era como para embriagarse de placer. Y le creyó. Y el hermano Rufino convocó a todos los hermanos, les exhortó a que guardasen la pobreza y el amor mutuo, y con estas palabras se durmió plácidamente en el Señor. Sus labios quedaron sellados para siempre con el «beso dulcísimo» de la paz franciscana.

Era el 14 de noviembre de 1270, justo un año antes que el hermano León. «Lo sepultaron con gran honor y mucha concurrencia del pueblo en la basílica de San Francisco», el cuarto de los dos pares que acompañan allí al Pobrecillo de generación en generación. Aquel que estuvo en un tris de abandonarle definitivamente por aferrarse con tozudez a su temperamento, tiene ahora el honroso privilegio de que se cumpla en él la bendición de Dios a los amantes perfectos: que ni la muerte los separe.

ORACIÓN INICIAL
Oh Dios, que concediste a San Rufino de Asís la gracia de ser valiente testigo de la fe en medio de la persecución, concédenos, por su intercesión, la fortaleza para enfrentar cualquier adversidad y permanecer fieles a Ti. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oración final:
Dios misericordioso y amoroso, te pedimos que derrames tu gracia sobre nosotros por la intercesión de San Rufino de Asís, mártir y defensor intrépido de la fe cristiana. Inspirados por su valentía y firmeza en medio de la persecución, te rogamos que nos concedas la fuerza y la fortaleza para mantenernos fieles a tu Evangelio en todo momento y lugar.

Así como San Rufino se mantuvo firme en su testimonio incluso en las circunstancias más difíciles, te pedimos que nos ayudes a superar cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino espiritual. Que su ejemplo de devoción y su amor por Cristo nos inspiren a vivir con coraje y determinación, proclamando tu verdad y compartiendo tu amor con aquellos que nos rodean.

Padre celestial, te pedimos que nos concedas la gracia de ser testigos valientes de la fe, al igual que San Rufino lo fue en su tiempo. Que podamos vivir de acuerdo con tus mandamientos, siguiendo el ejemplo de tu siervo fiel. Concédenos también la capacidad de perdonar a aquellos que nos persiguen o nos tratan injustamente, imitando el amor y la compasión que San Rufino demostró incluso hacia sus perseguidores.

Te encomendamos nuestras necesidades y aspiraciones, confiando en que, a través de la intercesión de San Rufino, serás nuestra guía y nuestro refugio en momentos de dificultad. Que su valentía y devoción nos inspiren a vivir vidas de santidad y servicio a tu Reino.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LETANÍAS A SAN RUFINO DE ASÍS :
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, Ten Piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
(Respondemos a cada invocación: Ruega por nosotros)
Fiel aliado de Jesucristo, ruega por nosotros
Amado de Dios, ruega por nosotros
Imitador de Jesucristo, ruega por nosotros
Espejo de humildad, ruega por nosotros
Maestro de dulzura, ruega por nosotros
Santo celebrado en el onceavo día del octavo mes del año, ruega por nosotros
Laborador de los servicios del Señor, ruega por nosotros, ruega por nosotros
Elegido de Dios, ruega por nosotros
Guía en los caminos de Dios, ruega por nosotros
Columna de la Iglesia, ruega por nosotros
Consuelo de los que mueren, ruega por nosotros
santo de las lágrimas, ruega por nosotros
santo del pudor, ruega por nosotros
santo patrono de los anacoretas, ruega por nosotros
santo patrono de los que sufren tentaciones mentales, ruega por nosotros
santo de las penitencias, ruega por nosotros
santo iluminado, ruega por nosotros
santo que tuve el privilegio de ver a Cristo en la Tierra,ruega por nosotros
Amigo íntimo de todos los santos y de la Virgen ahora en el Reino celestial, ruega por nosotros
Gozo nuestro, ruega por nosotros
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
V. El Señor lo amó y lo engalanó.
R. Lo vistió con vestidura de gloria.
Oración: Despierta señor, en tu Iglesia, el Espíritu al cual sirvió Nuestro santo Franciscano San Rufino de Asís, para que llenos de él, busquemos amar lo que él amó, y poner por obra lo que él enseñó.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
PETICIONES:
*Por la salud y buenas energías de su devoto Alexander Roger Ramírez Melgarejo, para que todo le vaya bien en su vida, y sea un hombre feliz, roguemos al Señor, te lo pedimos Señor✝️En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén

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