30/09/2024
EL VERDADERO VALOR DEL TIEMPO.
Hace unos años, conocí a un viejo amigo. Estaba triste y desconsolado. Salí con él un par de veces y en esas reuniones, tomó valor y me contó su historia:
Cuando el, estaba niño, buscaba mucho a su padre, para jugar. Pero su papá no tenía tiempo por su trabajo. Su esposa, le reclamaba que atendiera al niño (mi amigo), pero él se excusaba en su trabajo. Le prometió que, en poco tiempo, lo haría. Sin embargo, el tiempo pasó rápido, y aquel niño creció y se hizo adulto. Tuvo todo lo que necesitaba, materialmente. Su vida se llenó de éxito, tanto en la Universidad y mucho mejor en su trabajo.
Un día, su padre, ya viejo, quiso verle, para pasar tiempo juntos pues lo extrañaba. Sin embargo, aquel niño (mi amigo), ya no tenía tiempo, por su trabajo.
Con mucho pesar, el padre se estaba dando cuenta que cosechó, lo que había sembrado.
El tiempo pasó, el viejo padre enfermo. Por otra parte, su hijo (mi amigo), ya con hijos propios, se dio cuenta del valor del tiempo y la familia, así que se acordó de su viejo padre, y decidió visitarlo.
Preparo todo para darle una sorpresa, habló con su esposa y sus hijos, alistaron maletas, subieron a su auto y fueron rumbo a su destino.
Cuando llegaron a casa de su viejo padre, vieron muchas personas en la casa, y pensaron, ¿“tan conocido y útil es mi papá…?”. Así que orgullosos, se estacionaron y bajaron del auto. Fueron saludando a todos los visitantes, pero a medida que iban entrando en la casa, se dieron cuenta que todos estaban tristes y desconcertados, y vestían de negro.
Ya dentro de la casa, mi amigo, divisó un ataúd en la sala, y temiendo lo peor, tomó a sus hijos, aún pequeños, y les pidió que salieran a jugar un rato, mientras buscaba al abuelo. Le dijo a su esposa que se encargara, mientras su mirada expresaba un gran temor y tristeza, al mismo tiempo.
Cuando llego al féretro, pudo ver el rostro de su viejo padre. Había fallecido, producto de una enfermedad incurable.
Mi amigo, ahora adulto, se echó a llorar, amargamente, sobre el ataúd, sin decir palabra alguna. Todos los visitantes, entendieron que se trataba de su hijo, del que tanto hablaba su viejo padre, orgulloso.
Desde entonces, este hombre entendió, algo que la Biblia enseña en Efesios 5:15-16:
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”
¿Cuántas veces haremos esperar a Dios para buscarle, de corazón, orar, leer Su Palabra, CONGREGARSE y servirle en la iglesia…?
¿Esperaremos cuando tengamos tiempo…?
¿Qué pasaría, si así como hacemos esperar a Dios, Él nos hiciera esperar, ¿y luego sea tarde…?
Reflexionemos lo que dice Mateo 6:25-33
¡¡¡Buenos días a todos…!!!
¡Dios les bendiga!