20/02/2026
Cuando una persona pierde su identidad, no es casualidad. La Biblia nos enseña que la verdadera identidad no se encuentra en lo que sentimos, ni en lo que el mundo dice que somos, sino en Dios, nuestro Creador.
Cuando el ser humano se aleja de Dios, comienza la confusión. Se pierde el propósito, se pierde el rumbo y se intenta llenar el vacío con identidades falsas que no sanan el alma.
Dios nos creó con diseño, con valor y con propósito. Pero el pecado distorsionó esa imagen, y por eso hoy vemos a una generación que no sabe quién es.
La buena noticia es esta: Cristo vino a restaurar lo que se había perdido.
Él no vino a confundirnos más, vino a devolvernos la identidad que el pecado robó.
Lejos de Dios hay confusión. Cerca de Dios hay verdad, propósito y vida.
Hoy es tiempo de volver al Creador. Porque solo en Él descubrimos quiénes somos realmente.