01/05/2026
Feliz santo sábado pueblo de Dios
Tit 3:5
Obras.
El hombre aparece justificado delante de Dios por la misericordia divina, y no debido a ningún acto bueno que haga (ver coro. Rom 4:2; Rom 4:6; Rom 9:32; Gal 2:16; Gal 3:5; Gal 3:10; Eph 2:9). El egoísmo predomina en las vidas de todos los inconversos; por lo tanto, nadie ha vivido a la altura de las normas de “justicia” (ver com. Rom 3:23). El único argumento válido para el hombre es la fidelidad del amor y la misericordia de Dios, y no sus propias “obras”.
Misericordia.
Como otro aspecto del amor divino (Tit 3:4) se usa la misericordia en lugar de la gracia, quizá para destacar la impotente condición del hombre que necesita misericordia. La compasión de Dios por la miserable condición humana constituye la seguridad de la salvación del hombre.
Lavamiento.
Gr loutrón (ver com. Eph 5:26). Es decir, un “lavado” que limpia de las 383 malas tendencias descritas en Tit 3:3.
Regeneración.
O ‘renacimiento”. Como el hombre es desdichado y está perdido si depende de sí mismo, y los ritos y los lavamientos ceremoniales judíos no podían cambiar la pecaminosa naturaleza humana, su única alternativa es aceptar la solución de Dios para el problema del pecado, la cual demanda una completa reforma de la vida (ver com. Tit 2:14). Dios no sólo tiene el propósito de perdonar al hombre sino de restaurarlo a una vida sin pecado. Este proceso de transformar a seres humanos pecadores en exponentes, semejantes a Cristo, de la forma de vida que exige Dios, se conoce en otra parte de las Escrituras con el nombre de “santificación” (ver com. Rom 6:19). La santificación es una parte integral del programa del Salvador para eliminar el pecado. “El lavamiento de la regeneración” es el primer paso que da comienzo al glorioso programa de la santificación.
Algunos creen que Pablo se está refiriendo al bautismo; pero el bautismo no es un medio de regeneración, ni tampoco la base de la salvación del hombre. Aunque es necesario que todos los conversos sean bautizados (Mat 28:19), este rito sólo simboliza el lavamiento interno o “regeneración” ya hecho por Dios (ver com. Mat 3:6; Rom 6:4); pero no purifica a los pecadores. Cuando se practica con sinceridad, es un testimonio público de lo que Dios ya ha hecho limpiando al pecador de sus malas tendencias (ver com. Tit 3:3).
Renovación.
Cf. Rom 12:2.
En el Espíritu Santo.
O “del Espíritu Santo”, (BJ, BC, NC), quien diariamente fortalece y santifica a los que se han convertido. El Espíritu Santo no actúa sin el consentimiento de la persona, por lo tanto el progreso espiritual depende de que el cristiano diariamente cumpla la voluntad de Dios en su vida. Por esta razón el proceso de la santificación exige que Dios y el hombre marchen juntos. Después de que el ser humano escoge los caminos de Dios, el Espíritu Santo fortalece su voluntad debilitada a fin de que quede capacitado para cumplir con la voluntad de Dios. “El pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino” (DTG 625).