08/05/2025
MENSAJE A TODAS LAS MADRES EN SU DÍA DE PARTE DEL OBISPO DE HUACHO
Queridas madres,
En este día tan especial, me dirijo a todas y cada una de ustedes con un corazón lleno de admiración y gratitud. Quiero expresar mi más profundo reconocimiento por el amor incondicional, la dedicación y el sacrificio que diariamente brindan a sus hijos, a toda su familia y a nuestra sociedad.
Ustedes son el pilar fundamental de nuestras vidas, y sin su presencia y amor, muchas cosas perderían su sentido y propósito.
Ser mamá es una vocación sagrada y noble, tanto que hasta el Hijo de Dios quiso tener una madre, María Santísima. Desde el momento en que dan vida a sus hijos, las madres se embarcan en un viaje de entrega y compromiso que no tiene fin: a pedazos van entregando el corazón y la vida entera.
La forma en que cuidan, educan, y protegen a sus hijos es digna de admiración. Decía San José Marello: “Una madre, prueba primero el remedio antes de darlo a sus hijos”. Ustedes, queridas madres, son verdaderas guerreras que enfrentan diariamente desafíos y dificultades, no solo en el ámbito familiar, sino también en el personal y profesional. Su capacidad para equilibrar todas estas responsabilidades es una muestra de su fortaleza y resiliencia, y nada de esto sería posible sin un amor verdadero, profundo y leal.
El amor que brindan a sus hijos es incomparable. Es un amor puro, desinteresado y eterno. Este amor es el que nutre y fortalece a sus hijos, dándoles la seguridad y confianza necesarias para enfrentar el mundo. A través de sus abrazos, palabras de aliento y gestos cariñosos, ustedes crean un entorno de amor y paz en sus hogares. Este amor no solo beneficia a sus hijos, sino que también tiene un impacto positivo en toda la comunidad, fomentando la armonía y el bienestar social.
En muchas ocasiones, ser madre implica renunciar a sus propios sueños y metas para apoyar a sus hijos y familias. Este sacrificio es un acto de amor supremo que merece ser reconocido y valorado.
Ustedes trabajan incansablemente, muchas veces en silencio, para asegurar que sus hijos tengan lo necesario para crecer y prosperar. Su esfuerzo y dedicación son el motor que impulsa a sus familias hacia adelante.
Queridas madres, en este día quiero animarlas a seguir adelante con fuerza y esperanza. Sé que el camino no siempre es fácil y que hay momentos de cansancio y desánimo. Pero recuerden que su labor es fundamental y que sus hijos y familias necesitan de su amor y guía.
Ustedes tienen el poder de transformar vidas y de crear un futuro mejor para sus hijos. No están solas en esta tarea, cuentan con el apoyo y la gratitud de todos los que valoramos con especial aprecio su amor y su sacrificio.
Les encomiendo a todas y cada una de ustedes al amparo de Nuestra Madre del Cielo, la Virgen María, y les invito a mirarla como modelo de madre, ella supo acoger con alegría el gozo de ser mamá, ella sufrió la indiferencia de la gente cuando buscaba un lugar dónde dar a luz a Jesús, ella sufrió la experiencia de ver a su hijo estar en peligro de muerte cuando aún era solo un niño, ella tuvo que huir lejos de su tierra para salvar la vida de su hijo, ella tuvo que sufrir la impotencia de no poder dar a su hijo todo lo que le hubiera gustado, pero todo lo que le ha dado ha sido con amor, con alegría y con sacrificio.
Ella tuvo que pasar el trago de la vergüenza cuando por puras calumnias escuchaba hablar mal de su hijo, ella tuvo que ver como su hijo sufría el tormentoso camino de la cruz, ella estuvo con su hijo en el momento en el que todos le abandonaron, ella asumió con generosidad la última voluntad de Jesús de acogernos como sus hijos, ella vio a su hijo dar el último aliento y cargó en sus brazos su cuerpo sin vida, ella tuvo que sepultar a su único hijo, pero saltó de alegría al verlo resucitado.
Pues, que no les quede duda de que ella comprende el dolor y la alegría de una madre, porque ella misma experimentó todas las vicisitudes que a una mamá le toca vivir. Contemplen el ejemplo de su vida e invóquenla siempre para que les inspire en la vivencia cotidiana de su maternidad.
Encomiendo en mi oración a todas las madres que por diversas situaciones están sufriendo, la pérdida de un ser querido, el abandono, alguna enfermedad, la falta de trabajo, o cualquier otra situación penosa, les acompaño en su dolor y oro por ustedes. Así mismo elevo una oración especial por las madres que ya no están con nosotros y que han partido al cielo, para que Dios premie su entrega y su amor incondicional de madres.
En este “Día de las Madre”, les envío mi bendición y mis mejores deseos. Que Dios las llene de salud, alegría y paz. Que su amor y dedicación sean siempre recompensados y que encuentren en sus familias el apoyo y cariño que tanto merecen. ¡Gracias por ser la luz y el soporte de nuestras vidas!
Con todo mi afecto y gratitud,
+ Mons. Antonio Santarsiero Rosa, OSJ Obispo de Huacho