24/04/2026
Expresamos nuestro cordial saludo a la SOCIEDAD DE AUXILIOS MUTUOS DEL SEÑOR DE LA SOLEDAD DE HUARAZ, al conmemorar sus 99 años de fundación.
“Muchos años después…”
Con esas tres palabras comienza una de las obras más grandes que la literatura ha entregado al mundo. Es una frase que parece venir desde lejos, como si el tiempo hablara con voz propia y abriera la puerta de un relato destinado a permanecer.
Y aquí, a los pies del Señor de la Soledad, ocurre algo semejante.
A las puertas del centenario de nuestra queridísima institución, la Sociedad Auxilios Mutuos del Señor de la Soledad, hemos tenido la valentía de volver la mirada hacia atrás. No para vivir de la nostalgia, sino para reconocer la hondura de nuestra historia, esa que también posee su propio realismo mágico: el milagro silencioso de haber resistido al tiempo sin perder el alma.
Al mirar, vimos rostros que quedaron sembrados para siempre en la memoria de la SAMSS. Hombres y mujeres que hoy ya no caminan físicamente entre nosotros, pero cuya presencia sigue latiendo en cada acto de fe, en cada decisión tomada con amor por la institución, en cada oración pronunciada frente al Señor. Vimos también miradas que el paso de los años fue cubriendo con niebla, pero que continúan elevándose con la misma devoción de siempre hacia nuestro Cristo venerado.
Vimos a aquellos jóvenes que un día ofrecieron su fuerza y su entusiasmo al servicio del Señor, y que hoy llevan en las sienes la noble blancura de los años. En ellos, el tiempo no ha sido desgaste, sino testimonio. Cada cana parece contar una guardia cumplida, una promesa sostenida, una madrugada entregada por amor.
Vimos los talleres, los rincones donde aún parece escucharse el eco de tantas jornadas compartidas. Cada Katu Ushe, cada Semana Santa, cada aniversario y cada festividad de mayo han dejado algo más que recuerdos: han dejado identidad. En esos días sagrados no solo se celebraba una tradición; se iba tejiendo, hilo por hilo, la historia viva de una familia espiritual.
Fue de la mano del genio inmortal de las letras latinoamericanas, Gabriel García Márquez, que el mundo conoció Cien Años de Soledad. Pero para nosotros, ese título dibuja otro semblante y adquiere otro sentido.
Porque nuestros cien años de Soledad no hablan del abandono, sino de la fidelidad. No son vacío, sino entrega. Son horas robadas al descanso, al hogar, al trabajo y al estudio para servir donde el corazón llamaba. Son risas compartidas en medio del cansancio y lágrimas derramadas en los momentos difíciles. Son amanecidas interminables y noches largas en las que la devoción sostuvo lo que el cuerpo apenas podía sostener.
Son pies cansados de tanto caminar detrás del Señor, y manos heridas de tanto construir para Él. Son conversaciones extensas donde se discutía el presente pensando siempre en el futuro. Son desacuerdos pasajeros vencidos por una fraternidad que permaneció más fuerte que cualquier diferencia.
Y, sobre todo, son la certeza de que una institución no se levanta con paredes ni con nombres escritos en actas, sino con almas generosas dispuestas a darse sin medida.
Hoy, cuando el centenario se acerca como una campana que empieza a sonar en la distancia, comprendemos que no heredamos solo una institución. Heredamos sacrificios, ejemplos, promesas cumplidas y una fe que no se dejó vencer por ninguna tormenta.
Muchos años después, cuando otros vuelvan también la mirada hacia este tiempo, ojalá puedan decir lo mismo de nosotros: que supimos estar a la altura de quienes nos antecedieron, que cuidamos la llama recibida y que, a los pies del Señor de la Soledad, seguimos escribiendo la historia que aún no termina.
¡FELIZ XCIX ANIVERSARIO SAMSS !