15/03/2026
NO PIDAS FUEGO
SI NO HAY ALTAR QUE LO SOSTENGA
1 Reyes 18:30
No pidas fuego
si todavía vives derribando el altar.
No pidas gloria
si no estás dispuesto a morir a tu carne.
No pidas avivamiento
si en secreto sigues alimentando lo que apaga la presencia de Dios.
Muchos quieren fuego,
pero no quieren altar.
Quieren lágrimas en el culto,
pero no quieren quebranto en lo secreto.
Quieren la manifestación,
pero no la rendición.
Quieren poder,
pero no santidad.
Elías entendió algo que esta generación ha olvidado:
antes que caiga fuego, el altar tiene que ser reparado.
Porque el problema no es que Dios no tenga fuego.
El problema es que muchos no tienen dónde sostenerlo.
Hay vidas que piden unción,
pero tienen el altar en ruinas.
Hay bocas que claman por fuego,
pero sus corazones están llenos de mezcla.
Hay personas que quieren una visita de Dios,
pero no quieren renunciar a lo que ofende su presencia.
El fuego de Dios no cae para entretener a nadie.
El fuego de Dios viene a consumir,
a purificar,
a separar,
a responder
y a revelar quién es el verdadero Dios.
Pero cuando no hay altar,
el fuego que tanto pides
termina siendo solo emoción, ruido y apariencia.
No se trata de gritar más fuerte.
No se trata de brincar más alto.
No se trata de parecer encendido delante de la gente.
Se trata de reparar el altar.
Porque un altar roto no sostiene fuego.
Un corazón dividido no sostiene fuego.
Una vida sin obediencia no sostiene fuego.
Una generación enamorada del espectáculo no sostiene fuego.
Así que antes de pedir fuego,
pregúntate:
¿Está mi altar entero?
¿Está mi altar limpio?
¿Está mi altar rendido?
Porque el fuego sí cae.
Pero no cae sobre caprichos.
Cae sobre sacrificio.
Cae sobre entrega.
Cae sobre altar.
No pidas fuego
si no hay altar que lo sostenga.
1 Reyes 18:30