08/09/2018
La Señora y el Frayle Ermitaño
Según cuentan las crónicas agustinas de Bernardo de Torres en la página 782, “El Hermano Diego o El Ermitaño de Guadalupe”, cuyo nombre era Diego de Leyva y Martinez, nació en la nueva España (Mexico) en Chilapa, Marquezada del Valle , era de padres españoles y llegó a al virreynato del Perú muy joven en el año de 1574 , llevando una vida libertina y despreocupada hasta que por azares del destino perdió debído a un accidente la vista y luego de migrar por Chuquisaca (Bolivia) y Ambato (Ecuador) como hermano lego (donado) rogó ser llevado al Santuario de la Virgen de Guadalupe de Pacasmayo.
Llegó al monasterio de Anlape (antiguo Guadalupe ) un año antes del terremoto del 14 de febrero de 1619 , logró sobrevivir a la catástrofe y a pesar de su ceguera cooperó activamente en la edificación del actual santuario y monasterio . Cuentan las crónicas que durante veintisiete años Fray Diego sirvió con la mayor humildad y mejor solicitud a Nuestra Señora de Guadalupe a pesar de su inferioridad física y sólo profesó los votos a la víspera de su fallecimiento.
Los cronistas agustinos de su época, con emoción relatan grandes prodigios obrados por la Virgen a través de tan modesto siervo y son sus propios cronístas los que hace cuatro siglos ya lo llamaban santo . Cuenta la historia que fray Diego gustaba de cultivar frutas y plantas medicinales de las cuales arrancaba él mismo la hierba mala para después obsequiarla a las personas que lo necesitaban, además sembraba rosas y diversas flores del huerto de la Virgen , las que posteriormente adornarían su altar , Diego cortaba flores para su señora y llevaba además las cuentas con apuntes .
Se relata que con admirable eficiencia y esmero seleccionaba las flores por colores, argumentando que la sagrada imagen le había pedido mediante sueños y revelaciones el día que su altar estaría adornado sólo con flores blancas y al día siguiente sería con flores rosadas , tal vez amarillas la semana entrante o quizá su madrecita (Virgen Maria) le pida sólo rosas rojas .Nadie podía comprender como Fray Diego siendo completamente ciego podía realizar semejante labor además de ponerle correctamente la vestimenta a su santa patrona de Guadalupe , se le atribuyen aparte otros tantos milagros y que las personas de aquella época recurrían a él, pues era un intercesor de los hombres hacia la madre de los cielos.
Para honra y gloria de éste celebre Monasterio de San Agustín y a la vez de la ciudad de Guadalupe, aún se conserva por divina voluntad lo que fue su modesta celda , lugar sagrado, lleno de humildad , pobreza y devoción, de oración y tormento, fiel reflejo de la esclarecida personalidad de fray Diego . Su bienaventurada celda era apenas un insignificante rincón pegado al machón exterior de la sala “De Profundis” y distaba, a decir del propio cronista Bernardo de Torres a cien pasos al trono o altar de la Santa Madre de Dios.
Diego era, por propia voluntad, su guardián, y su celda era eso: la estancia de un guardián, lugar simple y pobre, conformado sólo con un poyo o muerete de adobe por cama , un nicho desproporcionado para el libro de oraciones (que un fraile amigo leía por él).
Aquel guardian de Nuestra Señora De Guadalupe enfermó y después de recibir los sacramentos de confesión, comunión y extrema unción murió un 01 de febrero de 1645 a los 70 años de edad, cuenta su historia que antes de fallecer con lagrimas en los ojos dio un mensaje casi profético bajo la promesa siguiente ; “Mi cuerpo morirá , pero yo nunca dejare de cuidar aquella señora de Guadalupe, mi alma siempre deambulara y a pesar de los años o siglos que pasen siempre estaré ahí presente”, luego de ello entregó su alma al creador .
Treinta horas estuvo sin enterrar su cuerpo y ante toda las lagrimas de la multitud de las personas, su rostro se mantenía tan hermoso como si tuviera una rosa en cada mejilla, además de cuerpo emitir calor, pues lo sorprendente era que de una llaga de su pierna brotaba agua junto con sangre, emanando agradables aromas celestiales que las personas secaban con paños y posteriormente manifestaban que al pasarse estos por sus ccuerpos eran curados de sus enfermedades.
Después de cuatro años un 09 de diciembre de 1649, siendo un dia después de la fiesta de la Patrona de Guadalupe, sus ataúd fue abierto por religiosos y para milagro de todos solo se encontraron huesos pero dejando salir agradables aromas…