28/10/2026
Hacer el bien y actuar con justicia no pide títulos ni grandes recursos. Empieza con detalles muy sencillos: regalar una palabra de ánimo a quien está desanimado, echar una mano cuando alguien sufre una pérdida o apoyar con bondad a quien no tiene quién lo defienda. Al involucrarnos con las luchas de los demás, reflejamos el rostro de un Dios que siempre escucha el clamor de quien sufre y se pone del lado de los indefensos.
Jesús nos dio el ejemplo perfecto de esto mientras caminaba por la tierra. Su vida entera estuvo dedicada a hacer el bien, a dar consuelo a los quebrantados y a levantar a quienes ya no daban más.
Pensando en esa entrega tan hermosa, Elena G. de White anota en El ministerio de curación, capítulo 3, página 31: «El amor de Cristo nos impulsa a trabajar por el bienestar de nuestros semejantes». Cuando dejamos que ese amor guíe nuestros pasos, ayudar al prójimo deja de ser una carga y se convierte en una verdadera alegría.
Acerquémonos hoy al Señor pidiéndole sensibilidad para no hacernos los ciegos ante el sufrimiento ajeno. Abramos los ojos del corazón para ver las oportunidades que nos da cada día de ser una bendición.
Dios te bendiga hoy y siempre!