Parroquia Nuestra Señora de la Asuncion Chivay

Parroquia Nuestra Señora de la Asuncion Chivay Nuestra parroquia vive para la Nueva Evangelización, llevando a las personas al encuentro con Jesucristo, mu**to y resucitado por Amor a la humanidad.

Este icono, que hoy contemplamos es un anuncio del amor de Cristo. Nos adentraremos en él para descubrir cómo su mensaje...
27/04/2026

Este icono, que hoy contemplamos es un anuncio del amor de Cristo. Nos adentraremos en él para descubrir cómo su mensaje de "El Buen Pastor" nos lleva directamente al corazón de la Pascua, donde el Kerygma se manifiesta en su plenitud.

​El centro del icono es Cristo, "El Buen Pastor". No solo es un título pastoral, es la esencia del Kerygma: Cristo es el que nos rescata. Lo vemos de pie, sereno pero decidido, sosteniendo la oveja perdida sobre sus hombros. Esta oveja somos nosotros. Somos los que nos extraviamos, los que nos herimos con el pecado, los que nos quedamos atrapados en el arbusto de nuestras propias limitaciones y miedos.

Cristo viene a nuestro encuentro, nos carga, se hace cargo de nosotros, y nos lleva sobre sus hombros. Dios nos ama de tal manera que, cuando nos perdemos, Él viene a buscarnos y se hace cargo de nosotros, no nos juzga, nos rescata.

​2. ​El icono nos presenta una puerta y Cristo dice: "Yo soy la puerta de las ovejas". Esta puerta no es solo un adorno, es la puerta de la Pascua.
La Pascua es el paso. Y para cruzar de la muerte del pecado a la vida de la Resurrección, no hay otro camino que Cristo. Esta puerta es la Cruz.
En la Cruz, Cristo se convierte en la puerta que nos abre el acceso a la Vida Eterna. El pecado nos encierra en nuestra propia prisión, pero la Cruz es la llave que abre esa puerta. En la segunda lectura de hoy ha dicho San Pedro: "Por sus llagas hemos sido sanados" (1 Pe 2, 24). Al pasar por esta puerta, no solo entramos a un lugar diferente, sino a un estado diferente: pasamos de ser esclavos a ser hijos, de pecadores a justos, eso es la justificación obtenida por Cristo.

​3. ​El icono también nos muestra al "ladrón", que "no viene sino para hurtar, matar y destruir". Esta es la otra cara de nuestra vida. El ladrón es la desesperanza, el egoísmo, la falta de sentido. Es todo lo que nos roba la alegría, nos quita la vida interior y nos destruye el corazón. Es un contraste brutal. Cristo dice: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia".
Esta "vida en abundancia" no es solo tener muchas cosas, es una vida llena de sentido, de propósito, de amor, de paz. Es la vida que solo podemos encontrar cuando nos dejamos encontrar por el Buen Pastor y cruzamos la Puerta de la Pascua. Es una decisión existencial: ¿seguiremos al ladrón que nos roba la vida, o seguiremos a Cristo que nos da la Vida en Abundancia?

​4. El amor de Cristo no es un sentimiento abstracto. Es un amor que se hace pastor. Un amor que se hace pastor es un amor que se preocupa por cada una de sus ovejas por su nombre. Es un amor que conoce nuestras heridas, nuestras luchas, nuestros miedos. Es un amor que no se rinde con nosotros, incluso cuando nos alejamos. Es un amor que se hace Cruz por nosotros. Es un amor que resucita para darnos Vida en Abundancia.
El amor de Cristo es el motor de este Domingo IV de Pascua. Todo lo que vemos en él es una manifestación de su amor por nosotros.

​5. Las palabras "El Buen Pastor". Es el resumen de todo. El Buen Pastor es el Kerygma en acción: "Cristo ha mu**to por nosotros, ha resucitado y ahora es el Buen Pastor de nuestras almas". Es la Pascua en su máxima expresión: "El paso de la muerte a la vida a través de la Cruz, donde el Buen Pastor nos lleva de la mano".
El Buen Pastor es la imagen del amor de Dios por nosotros, dispuesto a cargar con nosotros en todo tiempo.
Buen Domingo del Buen Pastor.

El Evangelio de Juan narra el diálogo entre Jesús y sus discípulos, y este icono captura la tensión, la maravilla y el d...
24/04/2026

El Evangelio de Juan narra el diálogo entre Jesús y sus discípulos, y este icono captura la tensión, la maravilla y el desafío de ese momento.

​El icono se divide en varias escenas que nos ayudan a comprender el mensaje de Jesús.

En el centro, Jesús está rodeado por un halo de luz, que simboliza su divinidad.
A su alrededor, hay varios símbolos que nos recuerdan la historia de la salvación:
​El Templo y los candelabros: Representan el Antiguo Testamento, la ley y los profetas. La menorá de siete brazos nos recuerda la luz de Dios que guía a su pueblo.

​En el centro del icono, vemos un pan que representa a Jesús mismo. Él es el verdadero pan que baja del cielo y nos da vida eterna.

​Jesús está rodeado por sus discípulos, quienes están llenos de preguntas y dudas. La inscripción en el icono, «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?», refleja su asombro y desconcierto.

​También nos recuerda la pasión y resurrección de Jesús. Las menorás rotas simbolizan el velo del templo que se rasgó en el momento de la muerte de Jesús, y el pan de la vida nos recuerda su cuerpo que fue roto por nosotros.

​​El tema central es la Eucaristía, el sacramento en el que Jesús se hace presente entre nosotros. Cuando recibimos la Eucaristía, no solo recordamos la última cena de Jesús, sino que nos unimos a él de una manera real y actual. Él es el pan de vida que nutre nuestra alma y nos da la fuerza para vivir una vida llena de fe, esperanza y caridad.

​¿Cómo podemos aplicar las enseñanzas de este evangelio en nuestra vida diaria?
- ​Celebrando la Eucaristía con frecuencia y devoción, y reconociendo que Jesús está presente en ella.

- Buscando alimento para nuestra alma a través de la lectura de la Biblia, la oración y la participación en los sacramentos.

- ​Compartiendo el Pan con los demás, siendo generosos con nuestro tiempo, talento y recursos, y compartiendo el amor de Dios con los demás.

- ​Viviendo una Vida de Pascua, recordando que la pasión, muerte y resurrección de Jesús son la fuente de nuestra esperanza y alegría, y esforzándonos por vivir una vida llena de fe y esperanza.

​Este icono nos invita a profundizar en nuestra relación con Jesús y a reconocer que él es el verdadero pan de vida. Él nos llama a vivir una vida llena de fe, esperanza y caridad, y a compartir su amor con los demás. Que esto nos inspire a vivir el misterio de la Pascua en nuestra vida diaria y a buscar siempre el alimento que nutre nuestra alma.

El icono que contemplamos lleva por título “Jesús camina sobre las aguas”.​1. El Mar: ​En el sentido bíblico, el mar mov...
18/04/2026

El icono que contemplamos lleva por título “Jesús camina sobre las aguas”.

​1. El Mar: ​En el sentido bíblico, el mar movido y oscuro representa el Abismo (Sheol), el lugar de la muerte, el caos y aquello que no podemos controlar.
​Observa cómo las olas parecen succionar, son espirales que representan las ansiedades, las crisis económicas, las enfermedades que amenazan con hundir nuestra barca.
​La Barca representa a la Iglesia, pero también a tu propia vida y a tu familia. Una barca frágil en medio de una fuerza inmensa.

​2. ​Jesús no está nadando, está de pie. Sus pies tocan el agua como si fuera suelo firme. Sus ropas tienen colores específicos: el rojo (túnica interna) simboliza su divinidad y el fuego del Espíritu; el azul (manto externo) simboliza su humanidad. Dios se ha revestido de nuestra humanidad para caminar en nuestro mismo fango.
​El Pergamino: En su mano izquierda sostiene un rollo. Es la Palabra de Dios, la Promesa. Nos recuerda que no caminamos solos, sino sostenidos por una Verdad que no cambia.
​Su mano derecha bendice. En medio de la tormenta, su respuesta no es el juicio, sino la bendición.

​3. ​Fíjate en Pedro, que está en el borde, con las manos en actitud de súplica. Los rostros de los discípulos en la barca muestran asombro y temor. El miedo es una reacción natural ante lo que nos supera. Sin embargo, el icono nos enseña que el miedo solo se vence cuando la mirada deja de estar en la ola y se posa en el Rostro de Cristo.
​Notemos que el fondo es dorado. El oro representa la luz de Dios, la eternidad. Esto nos dice que, aunque abajo haya oscuridad (el agua azul oscura), la realidad definitiva es la Luz de Dios que lo envuelve todo.

​El mensaje central de esta imagen es la frase de Jesús en ese pasaje: "Soy Yo, no tengáis miedo".
​El Amor como antídoto del miedo
​El miedo entra en nosotros cuando nos sentimos huérfanos, cuando creemos que el caos tiene la última palabra. El icono nos grita que Cristo es más grande que el abismo.
​No tienes miedo porque seas fuerte, sino porque Él está de pie sobre lo que a ti te hunde.
​Tus problemas (las olas) están bajo Sus pies. Lo que para ti es una amenaza de muerte, para Él es solo el camino para llegar a ti.
​Una invitación a la confianza
​La catequesis profunda de este icono no es que "la tormenta desaparecerá mágicamente", sino que Jesús está en la tormenta contigo. El Amor de Dios no es un seguro contra dificultades, es la certeza de que nada —ni el paro, ni la enfermedad, ni la muerte— puede separarnos de Su presencia.

¿Qué "ola" en mi vida hoy me está haciendo quitar la mirada de Cristo? ¿Soy capaz de ver que Él está caminando sobre esa misma ola para darme la mano?

​Que este icono sea para ti un recordatorio de que el Dios que sostiene el universo es el mismo que sube a tu barca cuando ya no tienes fuerzas para remar.
P. Bernardo

A través de este icono del "Milagro de la Multiplicación de los Panes y los Peces", Dios nos habla hoy sobre nuestra sed...
17/04/2026

A través de este icono del "Milagro de la Multiplicación de los Panes y los Peces", Dios nos habla hoy sobre nuestra sed de plenitud y su amor desbordante.

​1. ​En el eje central del icono encontramos a Jesús. Está realizando un acto litúrgico: ​La Fracción del Pan, sus manos parten el pan, un gesto que anticipa la Eucaristía. Cristo se "rompe" a sí mismo para alimentarnos. En nuestra vida, a menudo nos sentimos "rotos" por el dolor o el pecado; el icono nos dice que es precisamente en esa fracción donde Dios derrama su gracia.

​Jesús no mira al pan, mira al Padre y, a la vez, nos alcanza a nosotros. Nos enseña que la providencia nace de la relación filial con Dios.

​2. ​Miremos al "niño" que sostiene la cesta. Es la figura más cercana a Cristo.
​Lo poco es mucho, él entrega cinco panes y dos peces. Humanamente, es insuficiente para alimentar a miles. Esto representa nuestra pobreza existencial. A veces sentimos que nuestro amor, nuestro tiempo o nuestra fe son "insuficientes".

​El milagro no ocurre de la nada, ocurre porque alguien se atrevió a dar lo poco que tenía. Dios no te pide que seas perfecto o que tengas "mucho", te pide que le entregues lo que eres, por muy pequeño que te parezca. Tu "poco" en manos de Dios se vuelve infinito.

​3. ​A la izquierda vemos a Andrés y Felipe. Representan nuestra razón que a menudo cuestiona: "¿Cómo se podrá hacer esto?".
​Dios podría alimentar a la multitud de muchas formas, pero elige pasar el pan a través de manos humanas. Tú y yo estamos llamados a ser esas manos.

Abajo, las personas tienen las manos abiertas en actitud de recepción. Vivimos en una sociedad que nos enseña a "agarrar" y "acumular". El icono nos invita a la "apertura": solo el que reconoce su hambre puede ser saciado.

​4. Al fondo, una zarza ardiente recuerda a Moisés. Dios es el mismo: aquel que escucha el clamor de su pueblo y baja a liberarlo.

​La Barca representa a la Iglesia navegando en el mar de la historia. Aunque el mundo parezca un "lugar desierto", Cristo está presente para nutrirnos.

​En la frase escrita al pie: "Tomad, todos... hasta que se saciaron".
​¿Cuál es el mensaje para nuestra vida, hoy?
Dios sabe que tienes hambre, no solo hambre de comida, sino hambre de sentido, de perdón, de ser amado sin condiciones. A menudo buscamos saciarnos en "cisternas rotas" (el éxito, el consumo, el placer efímero), pero seguimos vacíos.

​El amor de Dios anunciado aquí es un Amor que sobra: sobraron doce canastas. Dios no te da "lo justo" para sobrevivir; Él quiere que vivas en abundancia. Su amor es tan grande que no solo perdona tu pasado, sino que utiliza tu propia precariedad para alimentar a otros.

No temas presentarte ante Dios con las manos vacías o con "cinco panes" de virtudes mediocres. Él no busca tu riqueza, busca tu confianza. Déjate alimentar por Aquel que se hizo pan para que tú nunca más tengas hambre de soledad.
P. Bernardo

Este icono esta basado en el Evangelio de hoy (Juan 3, 31-36), no solo nos habla de figuras históricas, sino de la tensi...
16/04/2026

Este icono esta basado en el Evangelio de hoy (Juan 3, 31-36), no solo nos habla de figuras históricas, sino de la tensión constante que vivimos hoy entre la luz y oscuridad, entre "lo de arriba" y "lo de abajo".

​Les presento una catequesis que nos ayude a desglosar su significado y aplicarlo a nuestra vida:

​1. ​En la parte superior vemos al Padre, de cuyas manos brota una luz dorada que desciende.
​El pergamino dice "Espíritu sin medida". Dios no es un administrador tacaño de favores; Él se derrama por completo. Jesús es el puente por donde esa luz llega a la tierra. ¿Cuántas veces vives con "mentalidad de escasez", pensando que el amor, el tiempo o el perdón se van a acabar? Dios te invita a vivir desde la abundancia. Tu valor no depende de lo que produces, sino de ese "Espíritu sin medida" que ya habita en ti.

​2. En el centro, Juan el Bautista y Nicodemo estan a los costados de Cristo. Representan dos actitudes ante la Verdad:

​Juan el Bautista: El que "da testimonio", señala a Cristo. Representa tu capacidad de reconocer lo que es verdadero, incluso cuando es incómodo.

​Nicodemo: El buscador que viene de noche. Su pergamino pregunta por el "Nacer de nuevo". Representa tus dudas, tu intelecto que intenta comprender a Dios pero a veces se queda atrapado en la lógica humana ("¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?").

​En el día a día, podemos ser ambos. Eres Nicodemo cuando tienes miedo y buscas respuestas a escondidas, y eres Juan cuando te atreves a decir la verdad. El icono nos dice: no basta con "saber" (Nicodemo), hay que "señalar" con la vida (Juan).

​3. ​Abajo, el icono se divide radicalmente en dos paisajes:
​El Lado Izquierdo: La Vida en el Hijo, ​vemos un árbol frondoso, el sol, la cruz y la Nueva Jerusalén.
​Es la vida del que "cree".

Creer no es un asentimiento intelectual, es confiar. La cruz aquí no es tortura, es un árbol de vida que florece en medio de la ciudad humana.

Elegir este lado es decidir que tus relaciones, tu trabajo y tus crisis pasen por el filtro de la esperanza. Es construir comunidad (la ciudad) en lugar de vivir aislado.

​El Lado Derecho: ​Vemos árboles secos, una luna opaca y figuras cayendo al Abismo.
​Esto significa "El que se niega a creer no verá la vida". El abismo no es un castigo externo, es el resultado de cerrarse sobre uno mismo. Es la autosuficiencia que termina en soledad y vacío.
​El abismo hoy se llama depresión existencial, cinismo, o indiferencia.

Cuando decides que nada tiene sentido y que solo importas tú, empiezas a caminar por esa tierra seca donde nada crece.

​4. ​Observa que el texto "Nacer de nuevo" aparece tres veces en pequeñas nubes. Es la clave de paso.

​No se nace de nuevo una sola vez (en el bautismo), sino cada mañana.
​Nacer de nuevo hoy significa:
​Perdonar a quien te hirió ayer (dejar el pasado atrás).
​Abandonar una adicción o un hábito que te seca el alma.
​Dejar de ser "el que es de la tierra" (que solo piensa en dinero, estatus y control) para ser "el que viene de lo alto" (que vive con libertad y gratuidad).

​El texto al pie del icono es una palabra de esperanza para nosotros: "El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos".
​Si tú te pones en las manos de Cristo, estás en las manos de Dios. La "ira de Dios" mencionada no es un arrebato de enojo divino, sino el peso insoportable de vivir una vida sin amor, desconectado de la Fuente.

​Hoy tienes dos caminos: O intentas sostener el mundo sobre tus hombros (y terminarás en el abismo del agotamiento), o dejas que tu vida caiga en las manos del Hijo, donde ya hay vida eterna, aquí y ahora.

Buen jueves para todos.
P. Bernardo

Contemplemos este icono. Se divide en dos partes. A la izquierda, un mundo de orden, tradición y piedra. A la derecha, u...
15/04/2026

Contemplemos este icono. Se divide en dos partes. A la izquierda, un mundo de orden, tradición y piedra. A la derecha, un mundo de roca áspera y soledad. En medio, Cristo, el puente. Y frente a Él, Nicodemo, el buscador.

​No es solo una escena histórica; es el reflejo de tu propia alma. Nicodemo representa nuestra búsqueda, nuestras dudas, nuestra necesidad de un sentido profundo en una vida que a menudo nos parece plana o sin sentido.

​Miremos hacia arriba. Un pergamino se despliega bajo un cielo de nubes. En él leemos en español: "JN 3, 7b-15 ES NECESARIO NACER DE NUEVO".
​No es un consejo, es una necesidad profunda. No es un "cambio de comportamiento", es un cambio de ser. El texto nos anuncia un misterio: la Pascua. Nacer "de nuevo" significa nacer "de lo alto", un renacimiento que no depende de tus fuerzas, de tus méritos, o de tus buenas obras, sino de un don puro que se derrama. Nicodemo no sabe cómo hacer esto. Él, el maestro de la ley, está perdido. Nosotros también, a menudo, intentando salvarnos a nosotros mismos con nuestro esfuerzo, estamos tan perdidos como él.

​2. ​A la izquierda, Cristo está de pie. Lleva un manto azul (divinidad) sobre una túnica roja (humanidad). Su mano derecha hace el gesto de la enseñanza (y la bendición), pero su mano izquierda sostiene un pergamino enrollado. ¿Qué es ese pergamino? Es su Kénosis (su anonadamiento), el decreto de su propia Pascua. Él no nos da solo palabras, se nos da a Sí mismo.

​Observemos un detalle crucial: detrás de Cristo hay una entrada oscura, un "pozo" o una tumba. Nicodemo sale de una oscuridad y se acerca a la Luz que es Cristo. Pero de dentro de la tumba detrás de Cristo, o quizás de su mismo costado místico, brota un río de agua azul intensa que fluye hacia abajo.

​Este no es un río cualquiera, este río cruza toda la escena y pasa por delante de Nicodemo. Representa el agua del bautismo, el agua que salió del costado de Cristo en la cruz junto con la sangre. Es la vida de la gracia, la vida del Espíritu, que Cristo derrama a través de Su sacrificio pascual. Este río no se queda en la eternidad baja hasta aquí, hasta tu realidad existencial más terrenal.

​3. ​Miremos el centro. Una gran cruz de madera se alza sobre el desierto. Hay una serpiente enroscada alrededor de ella. Este es el símbolo del Antiguo Testamento que Jesús cita: Moisés levantando la serpiente de bronce para sanar a los israelitas mordidos por serpientes venenosas.

​Esas serpientes son nuestras heridas, nuestras idolatrías y todas las formas en que el mal nos ha "envenenado"y la curación no viene de mirar las heridas, sino de mirar al Salvador.

​"Como Moisés en el desierto". Jesús asume sobre Sí mismo todo el veneno de nuestro pecado en la cruz. Se convierte en "pecado por nosotros" para que, al mirarlo con fe, seamos sanados. El amor de Cristo es tan profundo que no te juzga por estar herido, sino que se ofrece a Sí mismo como el único antídoto. Su Pascua es el acto de amor supremo que transforma el símbolo de la muerte (la serpiente/la cruz) en el instrumento de la vida.

​4. ​Bajemos la mirada hacia la esquina inferior derecha. Aquí está la clave existencial de todo el icono. Una figura masculina desnuda como un recién nacido, está sumergida en una fuente bautismal que tiene la forma de un sepulcro o una copa de fuego.

​Nicodemo (arriba) tiene un aspecto viejo. Aquí abajo, el bautismo crea una nueva creación. El fuego en la fuente no consume, sino que purifica. Es el bautismo "en el Espíritu y el fuego". Al mismo tiempo, es la fuente de agua viva que brota de la tumba detrás de Cristo.

​Esta es la muerte y resurrección mística de cada uno de nosotros. En el Bautismo, mueres al hombre viejo (Nicodemo, el legalista, el temeroso) y resucitas como un hombre nuevo. Te sumerges en la Pascua de Cristo para salir de ella revestido de su divinidad. Es un renacimiento que te otorga una identidad completamente nueva.

​Aquí, frente a esta fuente y este río de gracia, encontramos el corazón de nuestra existencia: el inmenso valor que tenemos por ser hijos de Dios.
​Este icono te grita: ¡Tú eres amado con un amor eterno y concreto!
​Cristo no se limitó a darte una ley o un buen ejemplo; Él bajó a tu desierto, a tu pecado, y se dejó levantar en la cruz por ti. Derramó Su sangre y agua para que ese río de vida llegara a tu puerta.

​En el bautismo (la fuente con fuego), Dios te miró y dijo: "Tú eres mi hijo amado". Te dio el derecho legal y espiritual de llamarlo "Abba" (Padre).
​Tu valor no reside en lo que haces, en tu inteligencia, o en tu reputación. Tu valor reside en el "misterio de lo alto" que el icono te muestra: eres el destino de todo el plan de amor de Dios. Tu dignidad es divina, inquebrantable y eterna.

​Nacer de nuevo no es algo que logres, sino algo que recibes cuando te dejas lavar por el río de la vida de Cristo.
​Nicodemo mira a Cristo con una mezcla de reverencia y asombro. Que tu corazón se llene de ese mismo asombro al contemplar cuánto te ha amado tu Redentor. Tu existencia no es un accidente; es el fruto de un amor pascual que no se detuvo ante nada, ni siquiera ante la cruz, para darte la vida de lo alto.
P. Bernardo

El icono nos sitúa en el encuentro nocturno entre Jesús y Nicodemo (Juan  3, 1-8), pero en este tiempo de Pascua, el men...
13/04/2026

El icono nos sitúa en el encuentro nocturno entre Jesús y Nicodemo (Juan 3, 1-8), pero en este tiempo de Pascua, el mensaje se vuelve un grito de esperanza: Tu vida no es un accidente biológico, sino un proyecto eterno de amor.

Les he preparado una catequesis para meditar sobre el valor infinito de tu historia a la luz de la Resurrección.

​1. ​En el icono vemos a Jesús dialogando con Nicodemo. Nicodemo representa a todo aquel que, teniendo una vida "armada" o "exitosa", siente que le falta algo. Se acerca de noche, en la oscuridad de sus dudas.
​La Pascua comienza reconociendo que no podemos darnos la vida a nosotros mismos. Si hoy sientes cansancio, vacío o que "ya lo has visto todo", Jesús te mira como a Nicodemo. Tu vida tiene valor no por lo que haces, sino por Quién te busca en tu noche personal.

​2. ​Abajo a la izquierda vemos a un hombre sumergido en las aguas. En la tradición cristiana, el agua tiene un doble significado: es tumba y es vientre. Para nacer de nuevo, hay que aceptar "morir" a nuestro ego, a nuestras seguridades y a ese pasado que nos encadena. La Pascua es la certeza de que nuestros fracasos no son el final, sino la materia prima de un nuevo comienzo. Estamos llamados a salir de las aguas del miedo con una identidad renovada: ya no eres un esclavo del destino, sino un hijo amado.

​3. ​El icono destaca la frase: "El viento sopla donde quiere". Vemos espirales que envuelven la escena y árboles que se inclinan ante la fuerza invisible del Espíritu.
​Vivir "del Espíritu" significa dejar de intentar controlarlo todo, tu vida cobra un valor absoluto cuando permites que Dios sea el viento en tus velas.
​Así como no puedes ver el viento pero ves sus efectos, el Espíritu actúa en tu historia de formas sutiles. Tú eres un soplo de Dios en el mundo, nadie puede sustituir tu presencia, tus palabras de consuelo o tu capacidad de amar, porque el Espíritu sopla a través de tu temperamento y tu historia única de una manera que no lo hace en nadie más.

​4. ​La paloma y los rayos de luz que descienden sobre las figuras indican que este nuevo nacimiento no viene de la voluntad humana, sino "de lo alto".
La Pascua nos dice que la muerte ha sido vencida. Si Cristo ha resucitado, entonces nada de lo que es humano se pierde. Tu alegría, tu dolor, tu búsqueda de justicia y tus afectos más profundos tienen eco en la eternidad.

​No estamos aquí para "sobrevivir" o simplemente para "pasar el tiempo". Estamos aquí para ser gestados por Dios. Cada mañana es una invitación pascual a decir: "Hoy nazco de nuevo, no de la carne ni de la sangre, sino del deseo de Dios de que yo exista".

Miremos el icono una vez más. Nota cómo Jesús señala hacia el agua y hacia el Espíritu. Él nos está diciendo hoy: "No te conformes con una vida pequeña. Eres eterno. Tu existencia es una caricia del Amor de Dios sobre la tierra.
¡Resucita hoy con Cristo!"
P. Bernardo

Este icono no es solo una representación de un evento bíblico que nos habla de esos momentos en los que, tras el esfuerz...
11/04/2026

Este icono no es solo una representación de un evento bíblico que nos habla de esos momentos en los que, tras el esfuerzo y la "noche" del alma, nos encontramos cansados, con las redes vacías, pero con Alguien esperándonos en la orilla de nuestra realidad.

​A continuación, profundizamos en su simbología para aterrizarla en la propia vida:
​1. ​En el centro vemos a los discípulos en la barca. Llevan toda la noche pescando y no han sacado nada. La barca representa nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros proyectos y nuestra familia. La "noche" simboliza esos periodos de crisis, de vacío o de sinsentido donde, a pesar de darlo todo, sentimos que nuestras redes están vacías.
​¿En qué área de tu vida hoy te sientes cansado y con las manos vacías?

El icono nos dice que incluso en la oscuridad de la noche, la barca no está hundida; está siendo sostenida.

​2. ​Jesús no está en medio del mar agitado, sino en la tierra firme. Él es la estabilidad que buscamos. Jesús sostiene pan y un pez. Él ya tiene lo que los discípulos están buscando con tanto esfuerzo. No nos pide que le alimentemos, Él nos alimenta a nosotros.
​La Inscripción: El texto griego "Ego Eimi" significa "YO SOY". Es el nombre de Dios, nos recuerda que quien nos espera en nuestra crisis no es un fantasma, sino que es el mismo Cristo glorificado.
​Jesús no suele irrumpir con estruendo; está ahí, en la "orilla" de tu día a día, esperando a que levantes la vista del cansancio de tus redes para reconocerlo.

​3. ​Vemos a Pedro lanzándose al agua mientras los demás tiran de la red. Es el impulso del corazón que reconoce al Amor. Pedro no espera a que la barca llegue a tierra, se arroja. El agua representa aquí el bautismo, la purificación y la decisión de dejar las seguridades (la barca) para ir hacia lo esencial.
​A veces, para encontrarte con Dios o con tu verdadera esencia, tienes que "mojarte", arriesgar tu comodidad y salir de tus estructuras mentales.

​4.​La red está rebosante de peces. Según el Evangelio, eran 153 peces grandes, y la red no se rompió.
​Los peces representan las almas, pero también los frutos de una vida vivida "en su palabra". El hecho de que la red no se rompa simboliza la unidad, cuando Cristo es el centro, nuestras relaciones y nuestra vida no se fragmentan.
​El éxito que verdaderamente llena el corazón no es el que logramos por nuestra pura voluntad, sino el que surge de escuchar esa voz que nos dice: "Echa la red a la derecha". Es pasar del voluntarismo a la confianza.

​5. ​Hay un pequeño fuego en la orilla con peces asándose.
​ El fuego evoca el calor del hogar, pero también el fuego donde Pedro negó a Jesús tres veces. Aquí, Cristo no prepara un juicio, sino un desayuno. Es el fuego de la misericordia que quema la culpa y restaura la dignidad.
​Dios no te espera para recriminarte tus fallos o tu falta de fe durante la "noche". Te espera para invitarte a comer, para darte calor y para decirte que siempre puedes empezar de nuevo.

​Este icono te invita a hacerte una pregunta hoy: ¿Hacia dónde estoy mirando?
Si miras solo la red vacía, vivirás en la frustración.
​Si miras la orilla, descubrirás que el Resucitado ya ha preparado la mesa para ti.
​Tu vida no se define por lo que pescas, sino por con Quién desayunas. Al final del día, Él es el pan que sacia tu hambre más profunda.
Buen Viernes de la Octava de Pascua.

10/04/2026

Dirección

Plaza Principal De Chivay S/N
Chivay
04146

Horario de Apertura

Lunes 09:00 - 13:00
18:00 - 19:00
Martes 09:00 - 13:00
15:00 - 19:00
Miércoles 09:00 - 13:00
15:00 - 19:00
Jueves 09:00 - 13:00
15:00 - 19:00
Viernes 09:00 - 13:00
15:00 - 19:00
Sábado 09:00 - 13:00

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