Guerreros del Rey de Reyes

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Filipenses 3:13-21
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

Amén 🙌
03/04/2026

Amén 🙌

03/04/2026

“No necesitamos un matrimonio perfecto… necesitamos caminar en la misma dirección.”

Hay parejas que no discuten… pero tampoco construyen nada.
Y hay otras que han pasado por fuego… pero siguen de pie, porque entendieron algo que muchos aún no:

no se trata de no fallar…
se trata de no soltarse del propósito.

La historia de Aquila y Priscila aparece de manera discreta, pero profundamente poderosa en el Libro de los Hechos de los Apóstoles 18, y luego en cartas como Carta a los Romanos 16.

No hay una historia dramática explícita…

pero hay algo más fuerte:

coherencia.

Cuando analizas el texto con profundidad, descubres detalles que a simple vista pasan desapercibidos.

Ellos eran un matrimonio desplazado.
Habían sido expulsados de Roma por orden del emperador.

No estaban viviendo su mejor momento…

estaban empezando de nuevo.

Y ahí, en medio de la incertidumbre, conocen a Pablo de Tarso.

Trabajan juntos.

Viven juntos.

Sirven juntos.

Y aquí hay algo que rompe esquemas culturales de la época:

En varias ocasiones, el nombre de Priscila aparece antes que el de Aquila.

Eso no es casualidad.

En la literatura del primer siglo, el orden muchas veces reflejaba relevancia o influencia.

Es decir…

era un matrimonio donde ambos tenían voz.

Ambos enseñaban.

Ambos servían.

Ambos estaban alineados.

Y uno de los momentos más profundos ocurre cuando instruyen a Apolo de Alejandría.

El texto dice que lo tomaron aparte y le explicaron “más exactamente” el camino.

No lo humillaron.
No lo expusieron.

Lo formaron.

Y lo hicieron juntos.

Eso revela algo poderoso:

No solo compartían casa…

compartían visión.

Y aquí está la exégesis que pocos ven:

El matrimonio no es presentado como un fin en sí mismo…

sino como un instrumento en la misión de Dios.

No están enfocados en “ser felices”…

están enfocados en ser útiles.

Y como resultado…

hay propósito.

Y eso cambia completamente la forma en que vemos el matrimonio hoy.

Porque muchos hoy buscan estabilidad sin propósito.

Comodidad sin dirección.

Amor sin misión.

Pero Aquila y Priscila nos enseñan que lo que realmente sostiene un matrimonio…

no es la ausencia de problemas…

es la presencia de un mismo llamado.

Porque cuando ambos caminan hacia lo mismo…

aunque haya diferencias…

no se pierden.

Y eso se ve hoy, en lo cotidiano:

En parejas que no tienen todo resuelto…
pero oran juntas.

En matrimonios que discuten…
pero no dejan de caminar en la misma dirección.

En hogares donde falta dinero…
pero no falta fe.

En personas que fallan…
pero siguen eligiéndose cada día.

Porque entendieron algo clave:

El amor no es solo lo que sientes…

es lo que decides construir.

Y aquí viene la parte más real:

Aquila y Priscila no fueron perfectos.

Pero fueron constantes.

No fueron famosos por emociones intensas…

sino por fidelidad silenciosa.

Y eso, en un mundo que se rinde rápido…

es profundamente contracultural.

Porque cualquiera ama cuando todo está bien…

pero no cualquiera permanece cuando es difícil.

Y tal vez hoy estás en un momento donde no todo está bien.

Donde hay cansancio.
donde hay distancia.
donde hay dudas…

pero esta historia te recuerda algo:

No necesitas tener todo perfecto…

necesitas volver a alinear el rumbo.

Porque cuando dos personas vuelven a mirar hacia el mismo propósito…

muchas cosas que estaban rotas…

empiezan a ordenarse.

La pregunta es:

¿están caminando juntos… o solo están caminando al lado sin saber hacia dónde?

01/04/2026

Hay un fuego que Dios enciende en el corazón…
pero no siempre se apaga con el pecado…
muchas veces se apaga con el cansancio.
Se apaga cuando intentas y fallas.
Cuando quieres hacerlo bien… y no puedes.
Cuando te levantas… pero vuelves a caer.
Cuando empiezas a sentir que ya no eres la misma persona.
Y entonces comienzas a creer una mentira peligrosa:
que ya no vales… que ya no sirves…
que eres una carga… o peor… un tropiezo.
Pero escucha esto con claridad:
El problema no es que el fuego se haya ido…
es que está cubierto por cenizas de dolor, culpa y agotamiento.
Dios no está buscando perfección en ti…
está cuidando la chispa que aún no se ha apagado.
Porque mientras haya una chispa…
hay propósito.
hay restauración.
hay vida.
No confundas tu debilidad con abandono.
No confundas tu proceso con fracaso.
Dios no se ha apartado de ti…
Él se acerca más cuando ve que ya no puedes.

Hoy no necesitas demostrar nada.
No necesitas fingir fuerza.
Solo necesitas no soltar…
aunque sea con las últimas fuerzas que te quedan.
Porque ese fuego…
no lo encendiste tú.
Y lo que Dios enciende…
no se apaga fácil.

“No apaguéis al Espíritu; examinadlo todo; retened lo bueno.”
1 Tesalonicenses 5:19-21

Honra a tu Padre y a tu Madre para que te valla bien 👍
30/03/2026

Honra a tu Padre y a tu Madre para que te valla bien 👍

30/03/2026

LA LASCIVIA: EL PECADO QUE SE ESCONDE EN LO QUE NADIE QUIERE CONFESAR

No todo lo que destruye la vida se hace a la vista de todos. Hay cosas que no se gritan, que no se presumen, que no se hablan abiertamente, pero que están presentes en silencio, creciendo poco a poco dentro del corazón. Hay pecados que la gente condena con facilidad, pero hay otros que se disfrazan, se justifican y se practican sin que muchos quieran ponerles nombre.

Uno de esos es la lascivia.

No es una palabra común en conversaciones diarias, pero la realidad que describe está más cerca de lo que muchos reconocen. La lascivia no empieza con una acción visible. Empieza en el interior, en la manera en que una persona mira, piensa y desea.

La Biblia menciona este pecado con claridad cuando habla de las obras de la carne. El apóstol Pablo lo incluye dentro de una lista que describe conductas que desordenan la vida espiritual:

"Manifiestas son las obras de la carne… adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia."
(Gálatas 5:19)

La lascivia no es solo un acto, es una inclinación descontrolada hacia lo sexual, una forma de ver al otro no como persona, sino como objeto de deseo. Es permitir que la mente se llene de pensamientos que alimentan ese deseo sin límite, sin respeto y sin dominio.

El problema es que este pecado rara vez se reconoce con facilidad.

Porque no siempre se ve por fuera.

Puede estar en la mirada que se detiene más de lo debido, en pensamientos que se repiten en secreto, en lo que se consume, en lo que se imagina, en lo que se busca cuando nadie está viendo.

Es un pecado silencioso.

Y precisamente por eso se vuelve peligroso.

Jesús habló de esto de una manera directa, llevando el tema más allá de las acciones visibles. Dijo:

"Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón."
(Mateo 5:28)

Aquí se revela algo clave.

El pecado no comienza cuando se actúa, comienza cuando el corazón se entrega a ese deseo. La lascivia no necesita un escenario público. Se desarrolla en lo interno, donde la persona cree que nadie ve.

Pero Dios sí ve.

Y lo que se alimenta en secreto termina influyendo en la vida de manera visible.

La lascivia distorsiona la manera en que una persona percibe a los demás. Donde debería haber respeto, aparece deseo. Donde debería haber pureza, aparece intención torcida. Donde debería haber dominio, aparece impulso.

Y poco a poco, ese desorden interno empieza a afectar decisiones, relaciones y forma de vivir.

Uno de los mayores engaños de este pecado es que parece inofensivo al principio.

La mente dice: "solo es un pensamiento", "no estoy haciendo nada", "nadie lo sabe".

Pero lo que se repite en la mente empieza a tomar fuerza.

Se vuelve hábito.
Se vuelve necesidad.
Y cuando la persona se da cuenta, ya no tiene el mismo control que creía tener.

La lascivia no se queda en el pensamiento.
Busca avanzar.
Busca crecer.
Busca dominar.

Por eso la Biblia no trata este tema con suavidad. No porque quiera condenar, sino porque sabe el daño que produce cuando se deja avanzar sin freno.

El apóstol Pedro también habló de personas que vivían dominadas por estos deseos, describiendo cómo su mirada estaba marcada por ese desorden interior:

"Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar."
(2 Pedro 2:14)

Aquí se ve el resultado de una vida que no puso límite a lo que empezó como algo interno.

El corazón se endurece.
La sensibilidad se pierde.
Lo que antes parecía incorrecto comienza a parecer normal.
Y lo que era secreto empieza a influir en toda la manera de vivir.

Pero este tema no es solo advertencia.
También es llamado.

Porque la Biblia no deja al ser humano atrapado en esa condición. Muestra que sí es posible vivir de otra manera.

No a través de fuerza humana solamente, sino mediante una transformación interna.

El apóstol Pablo escribió algo que marca el camino:

"Huid de la fornicación."
(1 Corintios 6:18)

No dijo "negocien", no dijo "controlen un poco". Dijo huid.

Eso significa reconocer que hay cosas con las que no se juega. Que hay pensamientos, ambientes y hábitos que deben cortarse antes de que crezcan.

Pero también implica llenar el corazón con algo diferente.

No se trata solo de quitar lo incorrecto, sino de reemplazarlo con lo correcto.

Cuando el corazón está vacío, cualquier deseo puede tomar lugar. Pero cuando está lleno de la presencia de Dios, la perspectiva cambia.

El deseo deja de gobernar.
La mente empieza a ordenarse.
La mirada cambia.
La forma de ver a los demás se transforma.

Por eso la vida espiritual no es solo evitar pecados, es cultivar una relación con Dios que fortalezca el interior.

Porque el problema de la lascivia no es solo el deseo, es la falta de dominio sobre ese deseo.

Y ese dominio no nace solo de la disciplina, nace de un corazón que ha aprendido a vivir en la presencia de Dios.

Hay muchos que nunca hablan de este tema, pero lo viven en silencio. Luchan, caen, se levantan, vuelven a caer y no saben cómo salir de ese ciclo.

La salida no está en ignorarlo.
Está en enfrentarlo con verdad.
En reconocer lo que está pasando.
En decidir cortar lo que alimenta ese deseo.
Y en buscar a Dios con sinceridad.

Porque lo que se alimenta en secreto termina definiendo la vida en público.

Y el corazón que se rinde a Dios encuentra la fuerza que por sí solo no tenía.

Nunca te contaron esta parte de la historia…y cuando la entiendes, ya no la lees igual.“Pero el que había recibido uno f...
26/03/2026

Nunca te contaron esta parte de la historia…
y cuando la entiendes, ya no la lees igual.

“Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.” — Mateo 25:18

No lo perdió… no lo malgastó… no lo robó…
solo lo escondió.

Y ahí está lo más fuerte de esta parábola.
Porque uno pensaría que el problema fue hacer algo malo con el talento… pero no.
El problema fue no hacer nada.

Ese hombre no era un rebelde, era alguien “prudente” según su lógica.
Tuvo miedo.
Miedo a fallar.
Miedo a equivocarse.
Miedo a no ser suficiente.
Y por ese miedo… decidió no intentarlo.

¿Cuántas veces nos pasa lo mismo?

Dios te dio algo…
un don, una voz, una oportunidad, una pasión, un llamado…
pero lo enterraste.

Lo enterraste en excusas:
“no soy tan bueno”
“hay otros mejores que yo”
“no es el momento”
“tengo miedo”

Y mientras otros fallaban, crecían, se levantaban…
tú decidiste quedarte en lo seguro… en lo cómodo… en lo escondido.

Pero el problema es que en el Reino de Dios…
lo seguro no siempre es lo correcto.

El siervo dijo algo clave:
“tuve miedo, y fui y escondí tu talento.”

Ahí está la raíz.
El miedo te hace enterrar lo que Dios te dio.

Y lo más fuerte es la respuesta del señor:
no lo llamó ladrón… no lo llamó irresponsable…
lo llamó siervo malo y negligente.

Negligente… porque no hacer nada con lo que Dios te dio… también es pecado.

Esta parábola no es solo sobre habilidades…
es sobre propósito.

Porque hay gente que no está en pecado escandaloso…
pero sí está en pecado silencioso:
vivir una vida sin fruto.

Respiran… pero no impactan.
Existen… pero no transforman.
Tienen talento… pero está enterrado.

Y al final, cuando el Señor vuelve…
no preguntará cuánto tenías…
sino qué hiciste con lo que te dio.

Hoy no es un llamado a sentir culpa…
es un llamado a despertar.

Ese talento que enterraste… todavía está ahí.
Esa voz que callaste… todavía puede hablar.
Ese propósito que evitaste… todavía te está esperando.

Pero tienes que desenterrarlo.

Aunque tengas miedo.
Aunque dudes.
Aunque no te sientas listo.

Porque al final…
el mayor fracaso no es intentarlo y fallar…
es nunca haberlo intentado.

DIOS ES MI PAZ
23/03/2026

DIOS ES MI PAZ

El balcón en el que David codició a Betsabé, no desapareció Se modernizó.Hoy el balcón ya no es de piedra Ese balcón aho...
09/03/2026

El balcón en el que David codició a Betsabé, no desapareció Se modernizó.

Hoy el balcón ya no es de piedra Ese balcón ahora tiene internet Tiene redes sociales
Tiene contenido ilimitado.

David tuvo que asomarse para ver,
Hoy basta con deslizar el dedo
Lo que David vio una vez, hoy lo podemos ver miles de veces.

Porque el balcón moderno está disponible 24/7.

Todo comenzó con algo que parecía inofenșivo
Primero miró. Luego preguntó.
Después mandó traerla.
Más adelante lo intentó encubrir.

El balcón moderno es peligroso porque parece normal.

"Todos lo hacen.
"No es tan grave
"Solo estoy mirando."

Pero así empezó David: mirando.
La caída no comienza en la cama.
Comienza en la vista.
Comienza en la mente.

La caída de David no empezó en una habitación con Betsabé.
Empezó en un balcón cuando decidió no apartarse.

El balcón se modernizó La tentación se intensificó Pero el poder del Espíritu Santo no ha disminuido.🔥

Maravilloso es alabar a Dios.🙏
08/03/2026

Maravilloso es alabar a Dios.🙏

08/03/2026

¡Saldrás adelante!, porque Dios no te ha dejado, porque sigues siendo su especial tesoro, porque Él nunca se ha olvidado de ti, porque siempre ha estado pendiente de cada detalle en tu vida.

¡Saldrás adelante!, porque tu confianza siempre ha estado puesta en Dios, porque tu vista siempre ha estado en Él, porque lo amas y porque no te darás por vencido tan fácilmente.

¡Saldrás adelante!, porque ya has pasado por situaciones similares o peores que las que hoy estas enfrentando y siempre, pero siempre Dios te ha sacado de todas ellas.

“Aunque tengas graves problemas, yo siempre estaré contigo; cruzarás ríos y no te ahogarás, caminarás en el fuego y no te quemarás porque yo soy tu Dios y te pondré a salvo. Yo soy el Dios santo de Israel.”
Isaías 43:2-3 (Traducción en lenguaje actual)

✨🙌🫂

S. Marcos 13:8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y h...
07/03/2026

S. Marcos 13:8
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son éstos.

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