24/08/2026
| Celebración de la Santa Eucaristía en conmemoración de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María
✍️ Pbro. Robert Zumaeta Lopez
Párroco de Chachapoyas
Capilla Virgen Asunta - AH Virgen Asunta
Chachapoyas, 23/Agosto/2026
Siempre vamos a saber que creer en Dios y profesar nuestra fe también implica formarnos y educarnos como buenas personas y como buenos cristianos. Al ingresar al templo, nos quitamos la prenda de la cabeza. Ser cristiano es también contribuir entre todos a ayudarnos. No criticar ni juzgar, sino ayudarnos fraternalmente para las cosas buenas. Más todavía si todos tenemos a María como madre de Dios, madre de Jesús y madre nuestra.
Toda madre tiene que inspirarse en María. Todo lo que Jesús fue aprendiendo y viviendo en su vida lo había aprendido en casa. La primera escuela es la casa, el hogar, la familia. Y si la casa, el hogar y la familia es la primera escuela, nuestros primeros maestros son nuestros padres.
Hay que rezar por nuestros padres. No tienen una tarea fácil en el tiempo en el que vivimos. Y también hay que rezar por los hijos, para que sean más dóciles y obedientes.
Entonces, hay que rezar por nuestras familias, teniendo a María como modelo de madre y también como maestra de la vida.
Un padre o una madre que se ocupan y se preocupan de educar y formar a sus hijos, constituyen una bendición, porque saben que un día ellos cuando no estén, sus hijos tienen que valerse por sí mismos.
En un mundo tan difícil necesitamos que los hijos vayan educándose de la mejor manera para que después no sean indefensos o más vulnerables ante una sociedad que es más competitiva, más difícil.
En ese sentido, le damos gracias a Dios que nos ha dado a María, su madre, como madre nuestra.
¿Ustedes conocen un pasaje del Evangelio donde Jesús dice: "Ahí tienes a tu madre", y a la madre le dice: "Ahí tienes a tu hijo? ¿Cuál es el discípulo a quien Jesús nos da a María, su madre, como madre nuestra? Juan. El Evangelio no lo llama Juan, dice el discípulo que Jesús más amaba.
Pero fíjense en el vínculo que nos une a Dios: es el amor, no es el deber ni la obligación. Tengo que irme a la misa, si no, ya está mal. No. El amor es el que tiene que inspirar y mover a las personas, a los cristianos. Quien no acoge a Dios y a María con amor, mejor que no lo haga, porque a veces no lo vamos a saber honrar como deberíamos honrarlo. Entonces, en Juan, el discípulo más amado, Jesús nos ha dado a María, su madre, como madre nuestra.
Decía el papa Francisco que los cristianos no tenemos que andar en la vida con cara de huérfanos. Tenemos a María. El calor y el amor de madre es grande para hacernos fuertes como personas.
Cuando falta el calor y el amor de una madre y de María, andamos frágiles, débiles. que ya me dijeron tal cosa, estamos pendientes que publican o qué dicen o cómo van a reaccionar. Y eso no tiene por qué ser así. Alguien que tiene el amor, el cariño de los padres y de María como madre, se siente fortalecido interiormente, y no debe sentirse tan vulnerable.
A veces se dice que en nuestro tiempo los niños, los jóvenes y hasta los adultos, somos tan débiles, frágiles. Estamos, ya me hizo bullying, ya me van a criticar, yo no puedo hacer aquello, etc. Hay que tener confianza en uno mismo. Por eso creer en Dios redunda también en creer y confiar en uno mismo.
Por eso necesitamos fortalecernos interiormente, espiritualmente, porque hay muchas adversidades y dificultades.
Hay algunos cristianos que han cambiado la iglesia por el gimnasio, quieren hacerse fuertes y mantener la figura yendo al gimnasio, sin darse cuenta que podrán mantener la figura y convertirse en seres espiritualmente fuertes si no se alejan de Dios y si no se alejan también del cuidado y la protección que María como madre nos ofrece a todos.
Ella, como buena madre, ¿por quién tendrá predilección? ¿Por el hijo más bueno, más santo, o por el hijo que a veces le da más rabia? Bueno... por todos. Por todos, pero se desvela, se desvive por el que está más alejado. Porque quiere transformarlo, quiere cobijarlo, quiere ayudarlo. Igual pasa en nuestra casa, somos varios hermanos. y hay algunos que no somos tan buenos y, sin embargo, por ellos dan la vida más nuestros padres. Eso es puro amor.
A veces nosotros decimos: "Buah, a él que no hace caso, ahí otra vez le dejas, otra vez le das". Pero el amor es el que lleva a transformar. Hasta que los hijos entienden que es el amor que puede transformarlos, hasta eso, pues hay que pasar muchas dificultades. A veces al hijo o a la hija más no demuestran cariño y amor, y peor, los hijos, no sabemos ni corresponder ni tener gratitud. Entonces, vamos a dar gracias a Dios de tener a María como madre de Dios y madre nuestra. Y que confiando en su presencia y en su protección podamos avanzar en la vida formándonos como buenas personas, como buenos cristianos. Más aún, si este sector lleva el nombre: Virgen Asunta.
En honor a la Virgen Asunta, que todos vayamos viéndonos, y tratándonos como hermanos, que la fraternidad sea un signo de nuestra fe en Dios. El cristiano no puede decir: "No, yo estoy bien con Diosito", pero después con los que tengo en casa y con los vecinos no soy bueno. Eso no está bien. Nuestra fe y confianza en Dios se hace visible en el modo y en la manera cómo vivimos en casa y con los demás, claro que, a veces no es fácil esa convivencia.
En la misma casa no es fácil, en el mismo vecindario no es fácil, pero si creemos en Dios y tenemos a María por madre, tenemos que ir mejorando cada día. No tenemos que acostumbrarnos a vivir en las cosas que a veces decimos: "Yo ya estoy viejo, ya no puedo cambiar". ¿Cómo no vas a poder cambiar? La ayuda y el auxilio de Dios son permanentes. Requiere que pongamos de nuestra parte y nos demos cuenta.
Mientras tengamos vida y podamos contemplar la luz de un nuevo día, es un signo de esperanza para todos. A nada Dios le da por perdido. Al hijo pródigo nunca Dios le dio por perdido. Siempre estuvo saliendo a la puerta y mirando: "Ya viene, ya viene". Nunca hay que dar nada por perdido. A veces entre nosotros nos juzgamos y vamos a decir: "¿Y este, qué va a cambiar? Es borracho, ladrón, malcriado, ¿qué va a cambiar?" No hermano- Mas bien, vamos a rezar, y vamos a tener esa confianza y esa esperanza que Dios igualmente tiene con cada uno de nosotros.
Qué bonito es saber que alguien nos perdona y nos da una oportunidad. Qué bonito es decir: "La vida puede comenzar de nuevo". Desde la gracia que Dios nos concede. Y eso necesitamos para renovarnos y para no envejecer, para no morir en vida.
Es verdad, el tiempo pasa, vamos teniendo más años, pero que nuestro espíritu en el Señor y en el encuentro con María, su madre, siempre nuestro espíritu sea nuevo. Es decir, que tengamos siempre ganas de hacer las cosas bien, de ir mejorando en la familia, de contribuir y todos hacernos responsables del bien que deseamos para nuestra familia.
Pero en donde ya no está Dios y donde ya no está María como madre, empezamos a juzgarnos, a criticarnos. "No, esto te tocaba a ti, no es por culpa de él". No, no. Donde está Dios y María, todos reconocemos aquello que hemos hecho mal y renovamos el propósito.
Es decir, voy a hacer con buena voluntad y con la bendición de Dios la parte que me toca, eso va a tener su fruto.
María no enseñaba teóricamente, enseñaba con el ejemplo. Dice el Evangelio: "Se puso en camino y fue a prisa a la montaña a un pueblo de Judá". Una mujer sencilla y solidaria. Se fue a visitar a su prima. ¿Qué pasaba con Isabel?
Estaba embarazada. Isabel estaba de edad avanzada y no podía tener hijos. Y como no podía tener hijos, la gente seguro murmuraba y hablaba, como en nuestros pueblos pasa. Algún defecto de algún hermano, eso hacemos propaganda, e Isabel no podía tener hijos. ¿Y por qué ella? ¿Ustedes por qué creen que Isabel, ahora que está embarazada, se va a vivir en la montaña? Para tener paz y tranquilidad, seguramente.
Ella diría: "Antes murmuraban y hablaban porque yo no podía tener hijos. Ahora que me vean embarazada, puede estar también en boca de todo el mundo".
Por eso, Dios nos enseña a no dar cabida al mal ni ponernos de igual a igual. En ningún momento Isabel habrá pensado: "Si alguien me dice algo sucio, yo tengo un palo aquí. Lo voy a dar en su trompa". A veces nosotros nos olvidamos. Al mal no hay que ir a, a enfrentarlo de igual a igual, porque eso es lo que quiere el mal. La mejor manera de vencer el mal, dice San Pablo, es a fuerza de bien. ¿Y de dónde vamos a sacar el bien para enfrentar el mal? Del encuentro con Dios. Entonces, se fue a la montaña a prisa.
Alguien que puede ayudar no pone pretextos. No dice: "después lo hago". No, mas bien se pone en movimiento y lo hace a prisa. Eso es un signo de que verdaderamente quiere ayudar. Y dice que se fue a su prima Isabel. Pues, alguien que quiere ayudar no espera a que lo avisen, toma la iniciativa. Eso es bonito, ¿no?
Que en la casa podemos ir aprendiendo a tener iniciativa desde pequeñitos y a contribuir en las labores de la casa. No esperar que la mamá o el papá digan: "¿Sabes qué? Tienes que hacer eso. Si no lo haces hasta que yo vuelva". Una persona de Dios aprende a tener creatividad y saber qué lo toca hacer de acuerdo a sus fuerzas y a sus posibilidades.
Miren, a María no la mandaron decir, "Si no tú vas a ayudar a tu prima, te vamos a llevar a la ronda". Eso no. Ella misma ha descubierto que su prima tiene necesidad y se pone en camino a prisa.
Es triste cuando en la familia, alguno de ellos está lejos y por extraños se entera. “Oye, tu mamá o tu papá están enfermos, debes ir a verlos”. Eso es triste. Debemos enterarnos nosotros mismos. Tu abuelito o tu abuelita necesita. Eso es nuestra fe.
Por eso decíamos que María nos enseña no solamente con la palabra, sino con el testimonio, con el ejemplo de su vida.
Y luego dice: cuando María saludó a Isabel, saltó la criatura en el vientre de Isabel. Esa es la alegría de la presencia de Dios en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra comunidad. La presencia de Jesús siempre trae alegría. Por eso dice: “Saltó de alegría, dice el niño cuando escuchó el saludo.
Y después, María eleva un cántico de alabanza a Dios por todo el bien que Dios ha hecho. Ahí también nos enseña que aprendamos a orar alabando y agradeciendo a Dios. Solamente pedimos, le bombardeamos a Dios con peticiones. Y si a Dios le pedimos así, ¿cómo será con los padres también? Pide, pide, pide, pide.
Hay que ser agradecidos y hay que saber también dar desde lo poco que podamos tener, porque eso poco que podamos tener y ofrecer, el Señor lo puede bendecir y multiplicar.
Dice al final que María se quedó tres meses ayudando a Isabel. ¿Y cuánto le pagaron por eso? Nada, es decir María procedió sin interés de nada. Pero, a veces nuestra propia familia dice: “cuánto me van a pagar, cuándo nos van a dar si cuidamos a la mamá o al papá o al abuelito. Eso es mezquindad, Quien conoce a Dios sabe que Dios provee. No tiene que vivir con angustia o con tristeza. Tenemos que sí sabernos poner en las manos de Dios cada día de nuestra vida.
Pues pidiendo a Dios siempre el auxilio, su bendición y la protección de María, nuestra madre, vamos a ponernos en pie. Y renovamos la fe de nuestro bautismo.