En sintonía con Dios

Cómo llegar Página web

En sintonía con Dios Espacio virtual católico que ofrece oraciones e información veraz y oportuna sobre los acontecimientos de la Iglesia, con fidelidad a la Doctrina.

Estamos sintonizados con el último grito de la moda, con la última noticia que se vierte en los medios de comunicación, con el último comentario del barrio, con la última canción de las disqueras o con el último modelo de auto, de vestido o de peinado. Sin embargo, este espacio virtual, es una invitación a que también usted se ponga: EN SINTONÍA CON DIOS. No importa el credo que lleve, ni el grupo al que pertenezca, esta es una invitación abierta al amor de Dios.

7 OCT | Nuestra señora del Rosario
07/10/2026

7 OCT | Nuestra señora del Rosario

04/10/2026
  | Inicia treintena de oración en honor a San Martín de PorresFieles devotos de San Martín de Porres han iniciado una t...
02/10/2026

| Inicia treintena de oración en honor a San Martín de Porres

Fieles devotos de San Martín de Porres han iniciado una treintena de oración en su honor, como expresión de fe, gratitud y preparación espiritual para la celebración de su festividad.

Estos actos piadosos comenzaron la noche de ayer jueves 1 de octubre y se extenderán hasta el 1 de noviembre de 2026. Los encuentros se realizan en la cuadra 7 del Jr. Hermosura, a las 8:00pm., y están abiertos al público en general.

San Martín de Porres, religioso dominico peruano, nació en Lima el 9 de diciembre de 1579 y murió en Lima el 3 de noviembre de 1639. Fue canonizado por el papa San Juan XXIII el 6 de mayo de 1962, quien lo presentó como un admirable ejemplo de caridad cristiana.

Esta treintena constituye, por tanto, una oportunidad para que los fieles no solo eleven sus oraciones por intercesión de San Martín de Porres, sino también para renovar el compromiso de vivir las virtudes que caracterizaron al santo peruano: humildad, servicio, fraternidad y amor preferencial por quienes más necesitan.

12 SET | Fiesta del Santísimo nombre de María Felicitaciones a quien lleven el nombre de María
12/09/2026

12 SET | Fiesta del Santísimo nombre de María

Felicitaciones a quien lleven el nombre de María

28/08/2026

| Consagran a dos nuevas catequistas al servicio de la comunidad

«Bernardita y Verónica reciben la efusión del Espíritu Santo para anunciar con valentía la Buena Noticia»

Durante la celebración de la Santa Eucaristía en el distrito de Chisquilla, provincia de Bongará, región Amazonas, se vivió un significativo momento de fe y compromiso pastoral con la institución de dos nuevas catequistas: Bernardita y Verónica.

En el marco de la celebración, el Pbro. Liborio Cubas, párroco de la Parroquia María Auxiliadora - Jumbilla, junto al Pbro. Magno Villacrez, impusieron las manos sobre ambas servidoras, invocando la efusión del Espíritu Santo, para que, fortalecidas por su gracia, puedan anunciar con valentía la Buena Noticia y acompañar la vida cristiana de su comunidad.

A partir de este servicio pastoral, Bernardita y Verónica colaborarán en diversas tareas de evangelización, como la celebración de la Liturgia de la Palabra, la preparación de los fieles para la recepción de los Sacramentos, el acompañamiento a los enfermos y otras acciones pastorales, especialmente necesarias ante la escasez de presencia sacerdotal.

Este acontecimiento constituye un signo de esperanza para la comunidad de Chisquilla y expresa cómo, ante las necesidades de la Iglesia, Dios sigue suscitando hombres y mujeres dispuestos a servir y llevar su Palabra a todos.

🙏 Oramos por Bernardita y Verónica.

  | Celebración de la Santa Eucaristía en conmemoración de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María ✍️ Pbro. Robe...
24/08/2026

| Celebración de la Santa Eucaristía en conmemoración de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María

✍️ Pbro. Robert Zumaeta Lopez
Párroco de Chachapoyas
Capilla Virgen Asunta - AH Virgen Asunta
Chachapoyas, 23/Agosto/2026

Siempre vamos a saber que creer en Dios y profesar nuestra fe también implica formarnos y educarnos como buenas personas y como buenos cristianos. Al ingresar al templo, nos quitamos la prenda de la cabeza. Ser cristiano es también contribuir entre todos a ayudarnos. No criticar ni juzgar, sino ayudarnos fraternalmente para las cosas buenas. Más todavía si todos tenemos a María como madre de Dios, madre de Jesús y madre nuestra.

Toda madre tiene que inspirarse en María. Todo lo que Jesús fue aprendiendo y viviendo en su vida lo había aprendido en casa. La primera escuela es la casa, el hogar, la familia. Y si la casa, el hogar y la familia es la primera escuela, nuestros primeros maestros son nuestros padres.

Hay que rezar por nuestros padres. No tienen una tarea fácil en el tiempo en el que vivimos. Y también hay que rezar por los hijos, para que sean más dóciles y obedientes.

Entonces, hay que rezar por nuestras familias, teniendo a María como modelo de madre y también como maestra de la vida.

Un padre o una madre que se ocupan y se preocupan de educar y formar a sus hijos, constituyen una bendición, porque saben que un día ellos cuando no estén, sus hijos tienen que valerse por sí mismos.

En un mundo tan difícil necesitamos que los hijos vayan educándose de la mejor manera para que después no sean indefensos o más vulnerables ante una sociedad que es más competitiva, más difícil.

En ese sentido, le damos gracias a Dios que nos ha dado a María, su madre, como madre nuestra.

¿Ustedes conocen un pasaje del Evangelio donde Jesús dice: "Ahí tienes a tu madre", y a la madre le dice: "Ahí tienes a tu hijo? ¿Cuál es el discípulo a quien Jesús nos da a María, su madre, como madre nuestra? Juan. El Evangelio no lo llama Juan, dice el discípulo que Jesús más amaba.

Pero fíjense en el vínculo que nos une a Dios: es el amor, no es el deber ni la obligación. Tengo que irme a la misa, si no, ya está mal. No. El amor es el que tiene que inspirar y mover a las personas, a los cristianos. Quien no acoge a Dios y a María con amor, mejor que no lo haga, porque a veces no lo vamos a saber honrar como deberíamos honrarlo. Entonces, en Juan, el discípulo más amado, Jesús nos ha dado a María, su madre, como madre nuestra.

Decía el papa Francisco que los cristianos no tenemos que andar en la vida con cara de huérfanos. Tenemos a María. El calor y el amor de madre es grande para hacernos fuertes como personas.

Cuando falta el calor y el amor de una madre y de María, andamos frágiles, débiles. que ya me dijeron tal cosa, estamos pendientes que publican o qué dicen o cómo van a reaccionar. Y eso no tiene por qué ser así. Alguien que tiene el amor, el cariño de los padres y de María como madre, se siente fortalecido interiormente, y no debe sentirse tan vulnerable.

A veces se dice que en nuestro tiempo los niños, los jóvenes y hasta los adultos, somos tan débiles, frágiles. Estamos, ya me hizo bullying, ya me van a criticar, yo no puedo hacer aquello, etc. Hay que tener confianza en uno mismo. Por eso creer en Dios redunda también en creer y confiar en uno mismo.

Por eso necesitamos fortalecernos interiormente, espiritualmente, porque hay muchas adversidades y dificultades.

Hay algunos cristianos que han cambiado la iglesia por el gimnasio, quieren hacerse fuertes y mantener la figura yendo al gimnasio, sin darse cuenta que podrán mantener la figura y convertirse en seres espiritualmente fuertes si no se alejan de Dios y si no se alejan también del cuidado y la protección que María como madre nos ofrece a todos.

Ella, como buena madre, ¿por quién tendrá predilección? ¿Por el hijo más bueno, más santo, o por el hijo que a veces le da más rabia? Bueno... por todos. Por todos, pero se desvela, se desvive por el que está más alejado. Porque quiere transformarlo, quiere cobijarlo, quiere ayudarlo. Igual pasa en nuestra casa, somos varios hermanos. y hay algunos que no somos tan buenos y, sin embargo, por ellos dan la vida más nuestros padres. Eso es puro amor.

A veces nosotros decimos: "Buah, a él que no hace caso, ahí otra vez le dejas, otra vez le das". Pero el amor es el que lleva a transformar. Hasta que los hijos entienden que es el amor que puede transformarlos, hasta eso, pues hay que pasar muchas dificultades. A veces al hijo o a la hija más no demuestran cariño y amor, y peor, los hijos, no sabemos ni corresponder ni tener gratitud. Entonces, vamos a dar gracias a Dios de tener a María como madre de Dios y madre nuestra. Y que confiando en su presencia y en su protección podamos avanzar en la vida formándonos como buenas personas, como buenos cristianos. Más aún, si este sector lleva el nombre: Virgen Asunta.

En honor a la Virgen Asunta, que todos vayamos viéndonos, y tratándonos como hermanos, que la fraternidad sea un signo de nuestra fe en Dios. El cristiano no puede decir: "No, yo estoy bien con Diosito", pero después con los que tengo en casa y con los vecinos no soy bueno. Eso no está bien. Nuestra fe y confianza en Dios se hace visible en el modo y en la manera cómo vivimos en casa y con los demás, claro que, a veces no es fácil esa convivencia.

En la misma casa no es fácil, en el mismo vecindario no es fácil, pero si creemos en Dios y tenemos a María por madre, tenemos que ir mejorando cada día. No tenemos que acostumbrarnos a vivir en las cosas que a veces decimos: "Yo ya estoy viejo, ya no puedo cambiar". ¿Cómo no vas a poder cambiar? La ayuda y el auxilio de Dios son permanentes. Requiere que pongamos de nuestra parte y nos demos cuenta.

Mientras tengamos vida y podamos contemplar la luz de un nuevo día, es un signo de esperanza para todos. A nada Dios le da por perdido. Al hijo pródigo nunca Dios le dio por perdido. Siempre estuvo saliendo a la puerta y mirando: "Ya viene, ya viene". Nunca hay que dar nada por perdido. A veces entre nosotros nos juzgamos y vamos a decir: "¿Y este, qué va a cambiar? Es borracho, ladrón, malcriado, ¿qué va a cambiar?" No hermano- Mas bien, vamos a rezar, y vamos a tener esa confianza y esa esperanza que Dios igualmente tiene con cada uno de nosotros.

Qué bonito es saber que alguien nos perdona y nos da una oportunidad. Qué bonito es decir: "La vida puede comenzar de nuevo". Desde la gracia que Dios nos concede. Y eso necesitamos para renovarnos y para no envejecer, para no morir en vida.

Es verdad, el tiempo pasa, vamos teniendo más años, pero que nuestro espíritu en el Señor y en el encuentro con María, su madre, siempre nuestro espíritu sea nuevo. Es decir, que tengamos siempre ganas de hacer las cosas bien, de ir mejorando en la familia, de contribuir y todos hacernos responsables del bien que deseamos para nuestra familia.

Pero en donde ya no está Dios y donde ya no está María como madre, empezamos a juzgarnos, a criticarnos. "No, esto te tocaba a ti, no es por culpa de él". No, no. Donde está Dios y María, todos reconocemos aquello que hemos hecho mal y renovamos el propósito.

Es decir, voy a hacer con buena voluntad y con la bendición de Dios la parte que me toca, eso va a tener su fruto.

María no enseñaba teóricamente, enseñaba con el ejemplo. Dice el Evangelio: "Se puso en camino y fue a prisa a la montaña a un pueblo de Judá". Una mujer sencilla y solidaria. Se fue a visitar a su prima. ¿Qué pasaba con Isabel?

Estaba embarazada. Isabel estaba de edad avanzada y no podía tener hijos. Y como no podía tener hijos, la gente seguro murmuraba y hablaba, como en nuestros pueblos pasa. Algún defecto de algún hermano, eso hacemos propaganda, e Isabel no podía tener hijos. ¿Y por qué ella? ¿Ustedes por qué creen que Isabel, ahora que está embarazada, se va a vivir en la montaña? Para tener paz y tranquilidad, seguramente.

Ella diría: "Antes murmuraban y hablaban porque yo no podía tener hijos. Ahora que me vean embarazada, puede estar también en boca de todo el mundo".

Por eso, Dios nos enseña a no dar cabida al mal ni ponernos de igual a igual. En ningún momento Isabel habrá pensado: "Si alguien me dice algo sucio, yo tengo un palo aquí. Lo voy a dar en su trompa". A veces nosotros nos olvidamos. Al mal no hay que ir a, a enfrentarlo de igual a igual, porque eso es lo que quiere el mal. La mejor manera de vencer el mal, dice San Pablo, es a fuerza de bien. ¿Y de dónde vamos a sacar el bien para enfrentar el mal? Del encuentro con Dios. Entonces, se fue a la montaña a prisa.

Alguien que puede ayudar no pone pretextos. No dice: "después lo hago". No, mas bien se pone en movimiento y lo hace a prisa. Eso es un signo de que verdaderamente quiere ayudar. Y dice que se fue a su prima Isabel. Pues, alguien que quiere ayudar no espera a que lo avisen, toma la iniciativa. Eso es bonito, ¿no?

Que en la casa podemos ir aprendiendo a tener iniciativa desde pequeñitos y a contribuir en las labores de la casa. No esperar que la mamá o el papá digan: "¿Sabes qué? Tienes que hacer eso. Si no lo haces hasta que yo vuelva". Una persona de Dios aprende a tener creatividad y saber qué lo toca hacer de acuerdo a sus fuerzas y a sus posibilidades.

Miren, a María no la mandaron decir, "Si no tú vas a ayudar a tu prima, te vamos a llevar a la ronda". Eso no. Ella misma ha descubierto que su prima tiene necesidad y se pone en camino a prisa.

Es triste cuando en la familia, alguno de ellos está lejos y por extraños se entera. “Oye, tu mamá o tu papá están enfermos, debes ir a verlos”. Eso es triste. Debemos enterarnos nosotros mismos. Tu abuelito o tu abuelita necesita. Eso es nuestra fe.

Por eso decíamos que María nos enseña no solamente con la palabra, sino con el testimonio, con el ejemplo de su vida.

Y luego dice: cuando María saludó a Isabel, saltó la criatura en el vientre de Isabel. Esa es la alegría de la presencia de Dios en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra comunidad. La presencia de Jesús siempre trae alegría. Por eso dice: “Saltó de alegría, dice el niño cuando escuchó el saludo.

Y después, María eleva un cántico de alabanza a Dios por todo el bien que Dios ha hecho. Ahí también nos enseña que aprendamos a orar alabando y agradeciendo a Dios. Solamente pedimos, le bombardeamos a Dios con peticiones. Y si a Dios le pedimos así, ¿cómo será con los padres también? Pide, pide, pide, pide.

Hay que ser agradecidos y hay que saber también dar desde lo poco que podamos tener, porque eso poco que podamos tener y ofrecer, el Señor lo puede bendecir y multiplicar.

Dice al final que María se quedó tres meses ayudando a Isabel. ¿Y cuánto le pagaron por eso? Nada, es decir María procedió sin interés de nada. Pero, a veces nuestra propia familia dice: “cuánto me van a pagar, cuándo nos van a dar si cuidamos a la mamá o al papá o al abuelito. Eso es mezquindad, Quien conoce a Dios sabe que Dios provee. No tiene que vivir con angustia o con tristeza. Tenemos que sí sabernos poner en las manos de Dios cada día de nuestra vida.

Pues pidiendo a Dios siempre el auxilio, su bendición y la protección de María, nuestra madre, vamos a ponernos en pie. Y renovamos la fe de nuestro bautismo.






  | Celebración de la Santa Eucaristía en memoria del Señor Oscar Mosquera Aguilar y de doña María Asunción Castillo de ...
20/08/2026

| Celebración de la Santa Eucaristía en memoria del Señor Oscar Mosquera Aguilar y de doña María Asunción Castillo de Mosquera

✍️ Pbro. Alex Brian Cruz Carrión
Comunidad Sagrados Corazones

💒 Capilla del Preseminario
🗓️ Chachapoyas, 19/Agosto/2026

Hermanos:

Nuestros familiares que ya han fallecido: abuelos, papás, bisabuelos, etc. permanecen en el recuerdo de cada uno. Sería terrible que los olvidáramos. Siempre estarán presentes en nuestra mente y en nuestro corazón.

Hoy estamos recordando a don Oscar Mosquera Aguilar y como ustedes la llaman a la Madre Maestra, María Asunción Castillo de Mosquera. Seguramente era una maestra, ¿verdad? Profesora. Sí. Qué bueno. Y al recordarla, seguramente también hacemos memoria de la vida que han compartido con cada uno de ellos, especialmente los hijos.

¿Quiénes son los hijos? levanten la mano. Dos, tres, cuatro, cinco. Muy bien. ¿Faltan o son todos? Son todos. Qué bueno. Lo que pasa es que siempre falta alguien cuando hay este tipo de reunión familiar por motivos de, Eucaristía. Pero, qué bueno que podamos unirnos como familia para estar en oración, para pedir por ellos, para crecer también como familia en la fe, en los compromisos que tenemos y sobre todo, tratando de continuar este camino al cual nos ha invitado Jesús.

Recordamos hoy, porque creemos y estamos firmes y convencidos de que ellos forman parte de esta promesa que el mismo Jesús ha hecho a todos, de que podamos participar de su misericordia, de su salvación, de su resurrección.

Las lecturas que hemos escuchado, la verdad que es, es una crítica muy fuerte, especialmente la primera lectura de Ezequiel. Dice duramente el profeta: "Pastores, esto dice el Señor', refiriéndose a los que de alguna manera cumplían un rol importante en el pueblo, pastoreaban al pueblo, lideraban el pueblo. Dice: "Hay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos. ¿No deben los pastores apacentar a las ovejas?" Seguramente las autoridades, los líderes, los pastores de aquella época se han olvidado de su tarea, de su misión y están solamente pensando en ellos mismos, olvidando la labor, el servicio para el cual han sido elegidos.
Se han olvidado completamente del pueblo, de los demás. ¿Esto pasa hoy en día? Bueno, es tal cual. Exactamente lo mismo.

Cada cierto tiempo elegimos autoridades pensando que esto será lo mejor, esta es la mejor opción. Y después sigue exactamente lo mismo. Se olvidan de su pueblo y comienzan a pastorearse a sí mismos. Aquí viene lo duro: "se comen las partes mejores". ¿Qué duro, ¿no? Se visten con su lana, matan a las más buenas, pero no apacientan el rebaño. Durísimo la crítica, ¿no?

En el fondo es una llamada de atención, que critica directamente a los encargados, líderes, funcionarios que están ahí donde están para poder servir, cuidar, proteger, velar por cada uno de los integrantes de la comunidad, del pueblo. Pero lamentablemente esto no ocurre en nuestro país. Por eso, una vez más, mirar la Palabra de Dios es justamente el ejercicio importante de decir de qué manera en el tiempo del pueblo de Israel ya existían estas cosas y después de más de dos mil años seguimos repitiendo exactamente lo mismo en nuestros pueblos, en nuestro país.

El evangelio que hemos escuchado es también muy interesante. Sabemos la parábola que cuenta Jesús sobre el reino de Dios, cómo se manifiesta, cómo se da. Dice: "Un propietario salió a contratar trabajadores, jornaleros. Sale a la mañana, a media mañana, a mediodía y en la tardecita. Faltando una hora también sale. Es decir, este propietario, sale a contratar trabajadores en diferentes horarios. Esto me recuerda a mi primer trabajo, mi primera chamba, como dicen por ahí.

Tenía dieciséis años y, como todo adolescente, quería trabajar, quería tener mi platita, pues, ¿no? Y... claro, mis papás me daban a veces cincuenta céntimos de propina, cuando había para el colegio. Y eso tenía que alcanzarme para toda la semana. Y a veces no había nada. Entonces, a aguantar el hambre. Y claro, dieciséis años ya quería tener platita, quería comprar alguito. Yo siempre buscaba trabajar, pero en ese lugar no hay trabajo, no hay dónde trabajar, no hay chamba. Pero justo en esa época comenzaron a instalar postes de luz. Comenzó a llegar la luz a la zona, instalaron postes. Entonces, estaba buscando para trabajar, puesta a tierra. Es decir, en cada poste, hay una varilla de cobre, no sé de qué material es, para que el rayo no destruya el poste, sino que descargue la energía en la tierra.
Para que hagan ese hueco, ¿cuántos metros de profundidad se necesitan? Depende de la roca. Puede ser más profunda si es toda tierra. A nosotros nos dijeron que había que cavar dos metros ochenta de profundidad y bajar en forma de escalera.
Mi primer día de trabajo. Yo emocionadísimo. Ya me llamaron y me estaba levantando de la cama recién. Y llegó un compañero que lo conocía: "¿Quieres trabajar?" "Sí".
Inmediatamente fui al salón de herramientas, saqué la pala, el pico y me fui corriendo. Mi mamá me vio cuando yo estaba ya saliendo a la calle: "¿Dónde vas?" "A trabajar, mamá, ya vengo”.
No había desayunado, no había llegado al baño, nada. Me fui así, ni agua siquiera llevé, nada en mi casaca. Me fui así de emocionado. Comienzo a trabajar cavando. Apenas cavé como un metro y medio, más o menos, un metro veinte. Encontré una roca gigante. O sea, no podía avanzar, cavaba aquí, aquí, aquí, por todos lados. No se podía. Total, al rato que estuve ahí tratando de romper esa roca, y cuando eran las cuatro o cinco de la tarde, llegaron los ingenieros para ya colocar la varilla, y me dijeron "¿Qué ha pasado?" Les dije: "Mira, aquí hay una roca, no se puede".

Revisaron los ingenieros, intentaron romper ellos con sus propias herramientas, tenían unas barretas gigantes. Y nada. Me dijeron: "Imposible, no se puede". ¿Qué hacen ahora? ¿Qué han hecho? Lo han doblado, la varilla, para que puedan avanzar, porque no había, no había forma de hacerlo.

Y así lo han colocado. Yo tenía dieciséis años. Todos los demás eran mayores de edad. Yo era el único menor de edad en esa chamba. ¿Cómo me aceptaron? No sé. Normalmente no se aceptan menores para el trabajo, pero me aceptaron a mí. Y claro, tendrían compasión de mí. Como me vieron ahí sufriendo con la primera.
Los demás hicieron como tres, cuatro como postes. Yo hice medio poste, y se dieron cuenta y al siguiente día me pusieron en una zona donde la tierra era arena. Tú podías trabajar rapidísimo y acabar en una hora. Y así al día siguiente me premiaron para avanzarme igual a los demás. Esa fue mi primera chamba.

Entonces, ¿a qué voy con esto?

A mí me buscaron a las seis de la mañana para ir a trabajar. A ti podrían haberte buscado a las ocho de la mañana, a otros diez de la mañana, a otros cinco de la tarde.

Lo interesante viene aquí. El pago era exactamente lo mismo. No importaba a qué hora del día llegaras al trabajo. Y el Señor efectivamente actúa así en nuestra vida. Nos puede llamar para ser su discípulo, su seguidor, en cualquier momento. En cualquier momento de nuestra vida, a cualquier hora de nuestra vida.

A San Pablo le llamó en el momento en que él estaba persiguiendo a sus propios hijos. Se había vuelto enemigo de los cristianos. Lo llamó en el momento de la persecución. Le llamó para ser discípulo.

A San Agustín, ¿en qué momento le llama? En su momento desenfrenado, ¿no? De pasión y borrachera y lujos. En ese momento le llama a san Agustín para que sea uno de los grandes seguidores, investigadores, filósofos, teólogos de la Iglesia.

A san Ignacio de Loyola le llama en momento de una guerra. Él era militar, estaba en una guerra y ahí le llama para que sea su discípulo, su seguidor.

El Señor nos llama a todos en cualquier momento de nuestra vida. A mí me llamó cuando estaba en el colegio. Acabé el colegio y me fui al seminario. Y ¿entendía muy bien lo que estaba haciendo? No, no tenía idea. Simplemente quería entrar al Seminario. Por eso es que a los tres meses yo dije: "Me voy de acá, esto no es para mí." Pero también esa experiencia me hizo recapacitar, reflexionar profundamente y me di cuenta que me iba a ir por algo más y continué en este camino y aquí estoy.

Para decir finalmente que el Señor nos llama a todos, está listo para todos. Y la hora que Él llama a veces puede ser el menos pensado.
El Señor no siempre nos va a llamar cuando estamos en oración, alabando a Dios, en un retiro. También ocurre, pero no siempre.
Por eso es que cuando alguien de pronto participa en la Misa, dse compromete, muestra un cambio, es porque el Señor le ha llamado.
Y podemos verlos con sospecha: "Pero ¿cómo es posible?" ¿Qué le pasó?" El Señor llama en cualquier momento.
Cada uno va haciendo su proceso y la misericordia del Señor alcanza finalmente para todos. Él es el Pastor y nos cuida a todos los que somos sus ovejas.

Nos ponemos de pie y le presentamos ahora a Dios nuestras oraciones.

  | Celebración de la Santa Eucaristía por ocasión del 1er. mes del fallecimiento de Hermila Lopez Alva✍️ Pbro. Baltazar...
18/08/2026

| Celebración de la Santa Eucaristía por ocasión del 1er. mes del fallecimiento de Hermila Lopez Alva

✍️ Pbro. Baltazar Cachay Mendoza
Párroco de la Jalca Grande y Santo Tomás

Hermanos:

Hoy nos reunimos con sentimientos encontrados: pena por la ausencia; y alegría porque Elvira ya está con Dios, nostalgia, tristeza, desazón también. La muerte nos produce esto, desesperación. Ha pasado un mes desde que nuestra querida abuelita partió de este mundo. Un mes en el que seguramente han habido lágrimas, recuerdos, silencios y también momentos en los que hemos sentido con más fuerza su ausencia.

Lo comentaba una de sus hijas, "Padre, ¡cómo extraño a mi madre! Yo le invitaba a pensarlo, a situarse delante de su madre desde la fe, porque la fe tiene ese alcance. Si cuando estaba físicamente entre nosotros no podía estar en más que un solo lugar, ¿cuántos hijos tuvo Elvira? Ocho hijos. Séis murieron, están dos. Ella no podía estar con las dos personas al mismo tiempo cuando estaba, digamos, así sostenido por su cuerpo. Pero cuando entra en la dimensión espiritual, cuando participa de la resurrección de Cristo, ellos pueden estar simultáneamente con todos. No solo con los hijos, con los nietos, con los amigos, con todos los que lo recordamos con cariño. Por eso le invitaba a una de sus hijas a situarse de ese modo. Ya no vive entre tu familia, pero vive en tu corazón. Y de ese modo tenemos que evidenciarlo, experimentarlo en nuestro hermano.

Hoy la Palabra de Dios que hemos escuchado tomada de Mt 19,16-22, nos ayuda a mirar esta realidad desde la fe. En el Evangelio, un joven se acerca a Jesús y le pregunta: "Maestro, ¿qué cosa buena debo de hacer para heredar la vida eterna?" Esta pregunta no es solamente la pregunta de aquel joven, es también la nuestra, la de todos nosotros, especialmente cuando enfrentamos la muerte de alguien que amamos. ¿Qué hay después de esta vida? Podría ser nuestra pregunta dirigida a Jesús, ¿dónde está ahora nuestra abuelita? ¿Qué significa verdaderamente vivir para siempre? La vida eterna es la gran promesa de Dios. Jesús no habla de la muerte como el final de todo. Habla de la vida eterna. Para nosotros los cristianos, la muerte no tiene la última palabra. Nuestra esperanza está en Cristo resucitado. Por eso hoy nos hemos reunido, no solamente para recordar a nuestra abuelita, sino para ponerla en las manos misericordiosas de Dios Padre.

Ella cumplió ya una etapa de su vida, de su peregrinación. Su vida tuvo alegrías, dificultades, aciertos y limitaciones, como las de todos. Momentos de fortaleza, momentos también de cansancio. Fue una mujer necesitada de la misericordia de Dios. Y precisamente por eso hoy podemos decir: "Señor, recibe a nuestra abuelita Elvira. Mira todo el bien que hizo, todo el amor que entregó, sus sacrificios, sus preocupaciones, sus oraciones. Y allí donde ella haya fallado, que tu misericordia sea más grande que sus faltas"". Jesús nos invita a no vivir apegados. El joven rico se marcha triste porque tenía muchos bienes, nos recalca el evangelista. No estaba dispuesto a desprenderse de ellos. Aquí encontramos una enseñanza muy fuerte para nosotros. Cuando alguien muere, descubrimos que no podemos llevarnos nada de lo que tenemos.

La casa queda, las cosas quedan, el dinero queda, las propiedades también, incluso quedan aquello por lo que tantas veces hemos andado preocupados, agobiados como la Marta del Evangelio. Entonces, ¿qué permanece? Permanece el amor, permanece el bien que hicimos, permanecen las personas a las que ayudamos, permanece la fe que hemos transmitido. Quizás nuestra abuelita no dejó solamente objetos y recuerdos materiales, dejó algo mucho más grande: una historia, una familia, enseñanzas, gestos de cariño, sacrificios y recuerdos que permanecerán en el corazón de quienes lo hemos conocido.

Y ahora tenemos que preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo con la vida que Dios todavía nos concede? Porque este Evangelio no solamente habla de la persona que ha partido, nos habla a todos, a los que todavía estamos caminando. ¿Dónde está nuestro tesoro? ¿En los bienes que no se acaban o en los bienes que se acaban? En donde dice Jesús: "Llega la polilla que lo corroe y lo acaba. O está en algo que permanece". La mejor manera de honrarla es aprender de su vida.

Querida familia, queridos hijos, nietos, sobrinos y amigos de nuestra hermana Hermila, hoy no basta con decir cuánto extrañamos a nuestra abuelita. Hay una pregunta más profunda: ¿qué aprendimos de ella? Si ella nos enseñó a trabajar, trabajemos con honestidad. Si nos enseñó a perdonar, perdonemos. Si nos enseñó a cuidar la familia, cuidemos también a nuestras familias. Si nos enseñó a rezar, volvamos a rezar. Y si nos enseñó a permanecer unidos, no permitamos que después de su partida la familia se divida por intereses, problemas o qué sé yo, resentimientos.

Porque sería una contradicción venir a misa por ella y después de aquí salir enemistados o cada quien con sus intereses particulares y luchando por conseguirlas, enfrentándose inclusive con el otro. El mejor homenaje que podemos ofrecerle no es solamente una bella tela, un ramos de flores o una fotografía en Misa, es convertir en vida aquello bueno que nos enseñó. Creo que aquí tenemos mucho que testimoniar, porque ella fue una mujer de fe, una mujer de oración. Las veces que he podido visitarla siempre pidió confesarse, recibir una bendición y ya en los últimos días de su vida, pedir la unción. Creo que ella ha mu**to en paz.

Tenemos certeza de eso. Y por ponerle en comparación con el joven rico, ella se supo entregar a Dios. Lo dio todo, dio todo su corazón, todo lo que le pertenecía, hasta su familia. "Ven, sígueme", le dice Jesús. Jesús termina diciendo al joven: "Ven conmigo, pero despojándote de tus bienes". También hoy Cristo nos dirige esta invitación. Nuestra querida abuelita ha terminado su camino, nosotros todavía tenemos un camino que recorrer. Por eso esta Misa debe ser también una llamada a la conversión. Tal vez hay alguien que entre nosotros necesite reconciliarse. Qué patético, ¿no? Que las cosas, en vez de ayudarnos, permitirnos confraternizar, ayudarnos, nos enemisten cuando se convierten en absolutos, en fines, en sí mismos.

Tal vez hay hermanos entre nosotros que están resentidos y no se hablan desde hace algún tiempo. Qué pena. A veces en el hogar, en la familia, se produce eso. Y por pequeñas cosas, por ridiculeces, diríamos. hay hijos que se alejaron de los padres. ¿Cuánto tiempo dejas ya de frecuentar a tus padres? Patético a veces ver la actitud de los hijos. Un ridículo. Cuando ya muere o está enfermo, le quieren dar de todo, le quieren llevar de un lado a otro. Eso no sirve de nada.

Cuando ha podido, no has estado ahí, no la has visitado, no la has llevado de paseo, no le has invitado una rica comida. ¿De qué sirve? Ya está enferma. Un abuelito decía: "Padre, no sé qué tienen mis hijos, parece que ya me quieren despedir. Ahora me llevan por aquí, me llevan por allá. Yo ya no disfruto, yo me estreso. ¿Para qué, pues si cuando estaba más joven no lo hicieron? Yo quería que eso lo hagan cuando tenía mis cincuenta o sesenta años. Ahora de ochenta, noventa, en vez de disfrutar, prefiero quedarme ya mejor quieto en mis cuatro paredes". Pero eso a veces hacemos también los hijos. Tal vez alguien tiene mucho tiempo sin acercarse a Dios. Metidos, ocupados en nuestras cosas y olvidándonos de Dios. Entonces Cristo hoy nos dice: "No esperes a perder a alguien para darte cuenta de cuánto lo amas. No esperes un funeral para abrazar a tu familia. No esperes una enfermedad para volver a Dios. No esperes la muerte para aprender a valorar la vida".

La partida de nuestra abuelita nos recuerda que la vida es un regalo y que cada día tenemos que aprender a amar mejor. Un mes después seguimos confiando. Ha pasado este tiempo, la herida quizás todavía está abierta. Hay momentos en que parece que todavía vamos a encontrarla en su lugar de siempre, escuchar su voz, recibir alguno de sus consejos. Pero la fe nos dice que el amor verdadero no desaparece con la muerte.

Podemos decirle hoy a nuestra abuelita que nos acompañe desde la otra dimensión: "Gracias por tu vida. Gracias por lo que nos diste. Gracias por tus sacrificios, por tu cariño. Gracias por ser nuestra cómplice", Me acuerdo de mi abuelita. Cuando papá y mamá nos gritaban o querían castigarnos, ella era la que nos defendía. Y los nietos corríamos a escondernos bajo su manto, bajo su "lliqcha", bajo su pollera. "Cuidadito le toques a mi nieto, a mi nieta", decía. Hasta cómplices son nuestros abuelitos, ¿no? Cómo no recordar a ellos cuando nos defendían. Ahora ya no podemos abrazarla físicamente, pero podemos abrazarla desde lo íntimo.

Jesús nos invita a mirar más allá de la tumba, nos invita a creer en la vida eterna y al mismo tiempo vivir esa vida con mayor responsabilidad. Pidamos al Señor que nuestra querida abuelita Hermila descanse en paz y pidamos también por nosotros, para que cuando llegue el momento de encontrarnos con Dios, podamos escuchar aquellas palabras que verdaderamente importan: "Ven, sígueme".

Que el Señor reciba a nuestra querida abuelita en su reino, que consuele a toda la familia y que nos conceda la gracia de permanecer unidos, viviendo en la fe, en el amor y en la esperanza de la resurrección.

Vamos a decir por tres veces presente.

Hermila López Alva. ¡¡¡Presente!!!
Hermila López Alva. ¡¡¡Presente!!!
Hermila López Alva. ¡¡¡Presente!!!

Descanse en paz. Así sea. Se pone de pie.

Dirección

Jr. Salamanca 135
Chachapoyas
01001

Página web

Notificaciones

Sea el primero en enterarse: le enviaremos un correo electrónico cuando En sintonía con Dios publique novedades y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir

Categoría