08/01/2018
COMO MATAR A TU IGLESIA
En primer lugar; ¡No vengas!
Si vienes, ¡ven tarde¡
Al venir, ¡ven de mal humor¡
Al salir de la iglesia, pregúntate: ¿Valió la pena venir?
¡No aceptes nunca un cargo en la iglesia! (Vale más seguir criticando a los demás.)
¡Visita a las otras iglesias a cada rato para enseñarle al pastor que él no es quien te manda! (Hay que guardar la independencia.)
¡Haz que el pastor gane su dinero! ¡Deja que él haga todo el trabajo!
Al acudir al templo, siéntate muy atrás, cerca de la puerta. ¡No cantes! O si cantas, ¡canta bien destemplado¡
¡No des tus contribuciones por adelantado! ¡Espera por lo menos hasta haber recibido lo que tu dinero vale!
¡No animes al pastor! Si te gusta el sermón, ¡cállate pues muchos pastores se perjudican por causa de la adulación. ¡No permitas que la sangre de él esté sobre tus manos!
¡Cuenta las faltas de tu pastor a todos los que te visiten! ¿Quién sabe si de otra manera ellos lo descubrirán?
¡No traigas nunca a nadie contigo a la iglesia! No hagas nada para ganar a otros miembros nuevos; por lo menos mientras la congregación tenga tal pastor!
Si hay algunos miembros animados que sirven a su iglesia y que trabajan por ella, ¡no dejes de protestar contra esa asociación exclusivista!
Si tu iglesia por mala fortuna es una iglesia feliz y armoniosa, condénala por su tibieza, indiferencia y falta de celo.
Cooperando como se sugiere arriba, tú matarás por seguro a tu iglesia.—Noticiero de la Fe.