02/05/2025
Se acerca Shabbat y el alma y el cuerpo lo saben y aquí la historia para compartir en nuestras mesas.
LA CARIDAD SALVA DE LA MUERTE
Había una vez dos sabios en la Tierra de Israel; uno era un erudito judío y el otro era un astrólogo no judío.
Shemuel, el judío, se encontraba cierta vez sentado cerca de un lago, cuando su vecino, Avlet el astrólogo, pasó casualmente y se sentó al lado de este.
Grandes junquillos crecían a la orilla del lago que eran cortados por la gente para tejer canastos.
Mientras se encontraban sentados ahí, pasó un grupo de trabajadores; venían de cortar junquillos para tejer tapetes y hacer flautas para venderlas en la ciudad. Tan pronto como pasaron cerca, el astrólogo señaló a uno de los hombres y susurró al oído de Shemuel.
"Ves a aquel hombre? Sé que no regresará vivo, la desgracia caerá sobre él".
Shemuel le replicó: "Si el hombre es justo entonces regresará sano, ya que yo rezaré por él, o tal vez hará algún acto bondadoso que le salvará la vida".
Los dos hombres permanecieron sentados para esperar cuál sería el resultado de su contienda.
Los trabajadores continuaron hacia la orilla del lago y empezaron a cortar los junquillos. El trabajo era difícil ya que los junquillos eran altos y había que atarlos haciendo bultos.
Trabajaron durante muchas horas hasta que, finalmente, llegó un descanso para comer y descansar.
Era la costumbre de los trabajadores juntar toda la comida y después repartirla equitativamente.
Estaban a punto de hacerlo cuando el hombre que el astrólogo había señalado miró a su compañero y se dio cuenta que estaba triste. Comprendió inmediatamente que no había tenido dinero para comprar comida ese día y su s**o estaba vacío, y tenía vergüenza de decirle a los otros.
El hombre pensó rápidamente. "No quiero que mi compañero se sienta mal, debo ayudarlo y prevenir que se avergüence frente a los demás; pero debo hacerlo de cierta manera que no sea advertido." Tomó la canasta que servía para recoger la comida y dijo:
Hoy es mi turno para recolectar la comida y distribuirla".
Fue de un trabajador a otro recolectando la comida que cada uno había traído. Cuando llegó ante su compañero, cuyo s**o estaba vacío, fingió tomar lo que estaba dentro y ponerlo en la canasta común, pero en lugar de ello tomó pan que él mismo había traído. Cuando la canasta estuvo llena y todos habían contribuido, empezó a dividir el contenido equitativamente. Todos recibieron lo mismo, pero tomó la porción mas pequeña sin que nadie se diera cuenta.
Su compañero, el hombre que no había traído nada comió junto con los demás sin sentir vergüenza. Después de la comida, los trabajadores regresaron a trabajar.
Cerca del anochecer cada uno tomó el fardo de junquillos que había cortado ese día y lo apoyó sobre espalda.
Caminando en una sola fila emprendieron regreso a la ciudad.
Shemuel y Avlet estaban sentados es el mísmo lugan, habían regresado para ver el resultado de su contienda. Miraban la fila de trabajadores, y notaron que el mismo número que se había ido, regresaba.
Avlet estaba furíoso ya que eso demostraba su predicción como falsa. Se incorporó de un salto y fue hacia el trabajador cuya muerte había predicho y le demandó: "Enséñame el fardo de junquillos que cortaste hoy".
El hombre estaba sorprendido por el pedido y el tono de enojo, pero viendo la apariencia del desconocido y reconociendo en él a un erudito, se quitó el fardo de junquillos que tenía en su espalda y lo colocó en el piso.
"Ah!, dijo el astrólogo, señalando algo en medío de los junquillos. Esa es una serpiente venenosa; debería haberte mordido y matado, pero tu la amarraste junto con los junquillos haciéndola morir aplastada."
Regresó ante Shemuel triunfalmente y díjo "Ves, yo estaba en lo cierto.
Si la serpiente lo hubiese mordido no hubiera regresado vivo junto con los demás. Mi predicción era correcta en un princípio. No se que pasó para que haya salido falsa"
Shemuel se volvió hacia el espantado trabajador, y le preguntó: "¿Hiciste alguna acción valiosa hoy?"
"Si", dijo, algo aturdido. Contó como había salvado astutamente a su compañero de la vergüenza, ya que no había traído nada para el almuerzo pero había comido con los otros.
"Verdaderamente hiciste una buena obra", exclamó Shemuel.
"¡Una mitzva! Cumpliste así el mandamiento de amar a tu prójimo como a ti mismo. Esta buena acción salvó tu vida".
Que tengamos un bendecido Shabbat y que nuestras mesas vuelvan a estar llenas con aquellos que aún se encuentran en el in****no del secuestro.
Shabbat Shalom!!