23/04/2020
La mano poderosa de Dios nos sostiene, hoy y siempre.
Efectivamente estamos viviendo tiempos muy difíciles donde nos tenemos que cuidar mucho, preocuparnos los unos de los otros, y por quienes más amamos en casa.
Esta situación ha hecho que mucha gente esté pasando necesidades, ya sea económicas, materiales, algunos perdieron el trabajo y otros están sin sueldo, otros quizá no tienen que comer hoy, y en nuestro hogar está apoderándose la inquietud de querer salir, es lógico esta actitud. Pero en esto puedo ver que estamos perdiendo la esperanza, nuestro horizonte, y eso nos hace muy vulnerables frente a este virus.
Hace más de 2000 años la esperanza se fue diluyendo de todo un pueblo, y como muestra podemos ver lo que narra en Lc. 24:13-35, sobre la historia de dos hombre que estaban camino a Emaús, un pueblo muy pequeño y ellos dice iban muy tristes, pero ni cuenta se dieron que un hombre se les unió en el camino y cuando les pregunto por qué estaban muy tristes, ellos le contaron lo que había sucedido, cuando llegaron a Emaús ellos lo invitaron a entrar en su casa y cuando compartían los alimentos el hombre bendijo el pan y allí se dieron cuenta de que era su maestro, era Jesucristo, y fueron a contar a los demás discípulos y nuevamente su fe, su esperanza volvió, pues vieron a Jesucristo resucitado, quien los consoló.
Ese mismo Jesucristo hoy es quien nos acompaña en nuestro peregrinaje de todos los días, no perdamos la esperanza esto va pasar. Pero les dijo a ustedes los policías, los militares, los hombres de prensa, el personal de salud que están en la primera línea de batalla contra este virus, no pierdas la fe, la esperanza, pues no estás solo, y cuando sales de casa, tu familia tampoco está solo. Por qué ese mismo Dios que le prometió a Josué que nunca lo dejaría ni lo abandonaría; es el mismo Señor que dijo a Sus discípulos: “Yo les aseguro que estaré con ustedes por siempre, hasta el fin del mundo”. Esta también con cada uno, los animo, los aliento a seguir a delante, no desmayen; Dios a través de ustedes hará llegar su amor, su sanidad a mucha gente.
ORACIÓN FINAL
Padre nuestro, te confesamos que las cosas más profundas que hemos aprendido en nuestra vida han sido resultado del más profundo sufrimiento, que estos tiempos grises sean tiempo que descansemos más en Ti, te pedimos por las personas que trabajan cada día, para que no falten alimentos en los mercados, te pedimos por las manos que ayudan a los que no tienen que llevar nada a la casa.
Gracias Señor por todo esto.
En el bendito nombre de tu hijo amado Jesús.
Amen