30/12/2022
Para enfrentar un problema, hay que ir a la raíz del mismo, la corrupción es un problema muy grande y como tal necesita también soluciones grandes, hay que tomar decisiones drásticas, firmes y valientes, es decir comprometernos con nuestro destino y asumir las responsabilidades que ello demanda y eso no lo hace cualquiera, lo hacen los valientes, el reino de los cielos, (es decir: el estado de libertad, paz, felicidad, prosperidad, justicia y amor) que tanto anhela la humanidad, no es para cobardes, sólo los valientes lo alcanzan, por qué? Porque los valientes y las valientes, deciden negarse a sí mismas (es decir, dan prioridad al derecho de los demás, antes que a los suyos propios) y toman su cruz (es decir, están decididos a soportar, tolerar, sufrir el agravio, la afrenta y las injusticias con paciencia y fe (emunah)).
Cómo se aplica ésto a la vida real? Hoy por hoy, ante los graves y casi atípicos sucesos que está pasando nuestro país y el mundo, la gente se culpan unos a otros, unos culpan a los políticos de izquierda, otros a los de la derecha, y otros a los de centro (caviares) ante este caos, muchos optan por ser indiferentes, otros han perdido la confianza, otros no saben ni opinan. La raíz del problema mis amados es éste, toda persona que no tiene temor de Dios en su corazón (temor de Dios = Rechazo absoluto y tajante a todo lo malo, incorrecto e injusto con el fin de honrar y exaltar el santo nombre de Dios) es altamente susceptible de corrupción, solamente el respeto profundo a Dios y un compromiso firme con Él, puede garantizar integridad y justicia.
Esto implica que cada ser humano debe analizar su propia vida, con mayor razón los políticos y líderes religiosos, porque ellos dirigen y gobiernan a otros seres humanos, ellos son muchas veces referentes de acciones y conducta, es decir, son ejemplos que muchos siguen e imitan, por eso también les es inherente la responsabilidad de ser intachables, probos y honestos de lo contrario estarán descalificados y tarde o temprano caerán, porque no puede permanecer en pie un edificio que no tenga bases sólidas y profundas.
Los seres humanos todos somos falibles y necesitamos diariamente corregirnos (arrepentirnos) (arrepentimiento = volver al estado de paz y armonía con nuestro prójimo y el Creador) y ceñirnos al camino correcto, por eso está vigente el llamado de Dios: Volvéos a mi y yo me volveré a vosotros, dice el Señor, si no lo hacemos, corremos el riesgo que el mal, por muy pequeño que sea nos inflinja daño, perjuicio y muerte, porque es como una célula cancerígena que poco a poco se va multiplicando y creciendo y si hace metástasis sólo nos queda esperar un milagro o la muerte. Asi como el cáncer no da síntomas notorios en un principio, así también son las cosas malas que hacemos a diario, por ello, debemos tomar diariamente las acciones que sean necesarias para corregirnos y arrepentirnos con sinceridad, no practicar un arrepentimiento fingido, nos hacemos mucho daño adoptando conductas hipócritas sólo para safarnos del mal momento o circunstancia, debemos practicar un arrepentimiento sincero, verdadero, producto de una reflexión profunda, conscientes del daño que causó nuestra mala actitud o palabra, buscar de corazón resarcir o reparar el daño y en honor a la verdad, estar también dispuestos a asumir las consecuencias de nuestros actos y palabras con humildad, eso implica el verdadero arrepentimiento, el que seamos librados de consecuencias negativas ya es un don de Dios, también debe haber en nosotros un deseo ardiente de no volver a cometer los mismos errores, las mismas faltas, los mismos pecados, para esto último no basta la voluntad, se necesita caminar con Dios, escuchando sus consejos diariamente, honrándolo y obedeciéndole diariamente, de lo contrario fracasaremos porque estamos rodeados de fuerzas espirituales de maldad y como seres humanos no tenemos toda la sabiduría y el poder que se necesita para salir airoso y victorioso de esta guerra (guerra del bien y el mal) si no lo hacemos así nos hacemos daño a nosotros mismos, adoptando conductas hipocritas, no ganamos nada, no engañamos a nadie, sino a nosotros mismos.
El problema que hay en el Perú, en los países latinoamericanos y en casi todo el mundo, es que la gran mayoría de políticos y líderes religiosos, no conocen, ni tienen un compromiso con el Creador, por ende se corrompen con bastante facilidad porque no hay temor de Dios en sus corazones, por eso es necesario que la iglesia que conoce a su Salvador, interceda delante de Dios por sus autoridades, no en vano Dios lo manda así en su palabra, ella, es decir, la iglesia que verdaderamente tiene un compromiso leal y firme con el Creador, debe ser ejemplo de integridad, rectitud, justicia y amor, delante del mundo, de lo contrario las fuerzas del mal seguirán con su nefasto accionar. Estamos en guerra, pero más que con armas, aviones, tanques y misiles es una guerra espiritual, por eso este tipo de guerras, no se vencen atacandonos unos a otros a seres humanos o instituciones, ellas se vencen de rodillas, suplicándole al Creador que intervenga en nuestras pequeñas historias y en nuestro pequeño mundo, así es como se ganan estas batallas.
Pero ello no implica, dejar actuar a personas azuzadas y con fines ilícitos libremente, para eso están las fuerzas del orden, quienes deben actuar con firmeza, y con todas las armas que la ley les faculta, pues escrito está: No hay autoridad sobre la tierra que no haya sido puesta por Dios, porque están a su servicio y al servicio del bien. Toda autoridad tendrá que dar cuenta de lo que hizo delante de Él, y cada uno tendrá su recompensa según sus obras.
La democracia no debe ser boba ni débil. Recordemos siempre, lo que está escrito: Nuestra lucha no es contra carne ni sangre...
Perú, país bendito, también saldrás de ésta, porque los que te amamos, seguiremos orando por ti. No permitiremos nunca más, que las puertas del in****no prevalezcan contra ti.
Yahweh, amado Padre celestial, no mires la maldad de mi pueblo, que son muchas, idolatría, hechicería, superstición, borracheras, vicios y vanidad, etc. Etc. por tu gran misericordia, antes, mira nuestra necesidad de ti, y derrama de tu gracia salvación y vida eterna sobre mi amada nación, te lo pido en el nombre de Yahshúa ha mashiah, nuestro amado Señor Jesucristo. Amén.