26/07/2026
Sin ir tan lejos, este mensaje lo estás viendo desde una pantalla, donde al mismo tiempo que lees la palabra de Dios, te diviertes con memes, ves buenas y malas noticias y las compartes, te informas y te mal informas; miras contenido que al principio no te cuadra, pero después te hace sentido y te hace crecer. También el contenido que parece inofensivo, pero te confunde y te hunde.
Está claro que Dios es el que juzgará y apartará a buenos y malos cuando llegue su momento. Mientras tanto, trigo y cizaña viven y conviven en el mismo campo, hasta el día de la cosecha. Este es el tiempo para convertirnos en trigo
Mi pregunta es, en el campo de la vida, hoy ¿somos trigo o cizaña para los demás?
No creamos que por hablar de Dios somos trigo, porque muchas veces quien habla de Dios, pero no practica lo que predica, puede perder el campo y la cosecha. Luego, hay trigo que crece en silencio, permanece firme, vive y convive con la cizaña, su coherencia es tal, que con su ejemplo logra convertir la cizaña en trigo.
Si Dios no arranca la cizaña que crece cerca del trigo, haz tú lo mismo con la que crece junto a tí. Pero se tajante con la que quiere crecer dentro de tí… ahí sí, tú eres el dueño del campo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.