22/06/2025
SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
En esta solemnidad que celebra la Iglesia de una manera muy especial después del sacrificio de Cristo y su resurrección, que hemos admirado durante la Pascua, la Iglesia nos invita a sacar provecho del gran sacramento de la Eucaristía, en este día en que incluso sale del templo a las calles, adornada con flores para exaltar la fe en este gran sacramento.
San Pablo
Nos habla de una tradición que él ha recibido y que la transmite ahora por escrito en la Sagrada Escritura:
«Esto es mi cuerpo… Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre».
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HomilíasIglesia CatólicaMons. José Ignacio AlemanyMundoPerú
Homilía del Domingo de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo
Mons. José Ignacio Alemany Grau
cena
En esta solemnidad que celebra la Iglesia de una manera muy especial después del sacrificio de Cristo y su resurrección, que hemos admirado durante la Pascua, la Iglesia nos invita a sacar provecho del gran sacramento de la Eucaristía, en este día en que incluso sale del templo a las calles, adornada con flores para exaltar la fe en este gran sacramento.
Muchos devotos se han santificado con la Eucaristía aprovechando este gran don, regalo de Jesús.
Génesis
La primera lectura nos lleva a Salén donde antiguamente era rey y sacerdote Melquisedec.
Acudir a Melquisedec es debido a que por primera vez en la Escritura se habla de un sacrificio que es imagen de la Eucaristía.
En efecto, Melquisedec sacó pan y vino para bendecir a Abraham con estas palabras:
«Bendito sea Abraham por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra. Bendito sea el Dios altísimo que te ha entregado tus enemigos».
Con este sacrificio Melquisedec quiso alabar la victoria de Abraham contra sus enemigos.
Sabemos que, según la tradición de Israel, Melquisedec era un sacerdote de quien no se sabía nada ni antes ni después de su encuentro con Abraham. En este sentido algunos lo comparan con Jesús Sumo Sacerdote que no perteneció a la casta sacerdotal de Israel, como sí lo eran todos los demás sacerdotes.
Salmo 109
Nos encontramos con un salmo que glorifica el sacerdocio de Melquisedec en quien la Iglesia ha visto siempre una figura de Cristo Sumo Sacerdote:
«Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec».
La liturgia entiende que se trata del representante de Dios. Por eso es el Señor el protagonista de este salmo mesiánico:
«Oráculo del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrado de tus pies».
Y abundando en el tema sacerdotal, añade:
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento…».
Dicho nacimiento lleva al Mesías al sacerdocio supremo, aunque no pertenece, como he dicho, a la casta sacerdotal de Israel.
San Pablo
Nos habla de una tradición que él ha recibido y que la transmite ahora por escrito en la Sagrada Escritura:
«Yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido».
A continuación, nos habla el apóstol de la consagración del pan y del vino, con las palabras de Jesucristo que escuchamos en la santa misa:
«Esto es mi cuerpo… Este es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre».
Esta tradición que nos viene por el apóstol San Pablo se ha convertido en la gran fiesta del Corpus Christi (Cuerpo y Sangre de Cristo) que hoy celebramos.