08/02/2019
Nos hacen llegar una reflexión:
"Algunos momentos significativos en mi vida me han llevado a una reflexión sobre las heridas que quisiera compartirles. A principios del mes de Mayo del 2018 un mosquito me picó en el pie. Esta picadura se infectó y tuve que hacerme ver por un médico. El doctor me recetó antibióticos fuertes para eliminar la infección y me dijo que en unas semanas pasaría. Así pasaron algunas semanas se curó la infección pero la herida no cicatrizaba. Más de un mes tuve que seguir esperando para que esta mejorara.
Luego de esto tuve un accidente tonto de bicicleta, el cual hizo que tuviera dos heridas; una en la rodilla y otra en el codo. La cicatrización de estas fue larguísima. Recién había salido de una herida y ya venían dos más. Estas se curaron con el tiempo, con bastante tiempo, pero mucho tiempo que me enseñó un poco más sobre la paciencia y la espera.
Tuve que esperar más del tiempo que creí o, incluso, más tiempo que el indicado por el doctor (que es un profesional) para que sanara. Aún así en mi piel quedan esas cicatrices y no solo esas, sino que observo todas aquellas que han quedado en mi y me recuerdan alguna experiencia de mi vida.
Sin embargo, ese tiempo con las heridas y ahora observando las cicatrices me hacen pensar en las heridas del alma, aquellas que no se ven con los ojos pero que existen en nuestro ser. Las heridas del alma que son causadas por aquellos que no conoces, por personas que amas o hasta por uno mismo.
Son más difíciles de sanar, porque no existen pastillas para curarlas. Estas heridas necesitan de amistades sinceras, de silencio, del Amor de Dios manifestado de diferentes maneras en nuestras vidas y, sobre todo, de paciencia, de tiempo.
Mis heridas físicas, me han permitido entender un poco más aquellas heridas que no veo. Aquellas heridas que quiero que sanen, pero ahora se que no puedo apresurar el tiempo para que eso suceda, sino ser paciente conmigo para que cicatricen a su debido momento."