07/03/2022
¿HONRAS A TUS PADRES ? | Un llamado a la exhortación - Part. 1
“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da”, Éxodo 20:12.
Cuando leemos este versículo, pudiéramos concluir que está dirigido a los niños. Sin embargo, el versículo no menciona una edad, sino la relación entre padres e hijos. La forma en que un niño demuestra honor a sus padres es por medio del respeto y la obediencia, lo cual no es diferente con los adultos.
El trabajo de los padres en criar una familia es ardua, larga, difícil, y sacrificial. Los niños nacen siendo egocéntricos, y es después de muchos años que pueden reconocer lo que los padres han hecho por ellos. Es importante que recordemos esto cuando somos adultos.
Las etapas de la vida causan muchos cambios. Los niños nacen totalmente vulnerables y dependientes de sus padres, quienes necesitan suplir todas sus necesidades.
En la etapa de la vejez, en muchas ocasiones son los padres ahora los necesitados, y los hijos son quienes deben cuidarlos. Los papeles se han invertido.
¿Cómo, entonces, podemos honrar a los padres cuando ya somos adultos?
1. Sé agradecida y perdona
La primera forma de honrarlos como adultos es ser agradecidos por lo que hicieron por nosotros. Estoy segura de que no fueron perfectos en la crianza, como nosotros tampoco lo somos ahora con nuestros hijos ni al cuidar a nuestros padres. Sin embargo, podemos entender que hicieron lo mejor que pudieron.
Como cristianos, reconocemos que Dios utiliza todas nuestras experiencias para formarnos a su imagen (Ro. 8:28-29), y aun los errores de nuestros padres pueden ser usados para nuestro bien cuando buscamos el propósito de Dios en ellos (Gn. 50:20).
Incluso los errores de nuestros padres pueden ser usados para nuestro bien cuando buscamos el propósito de Dios en ellos.
Para ser agradecidos, se requiere que los perdonemos por sus faltas y las heridas que tengamos. Cuando sentimos ira y resentimiento hacia ellos, ya no es culpa de ellos sino nuestra. Efesios 4:32 nos manda: “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo”, y es increíble que la razón dada para perdonar no es mayormente el beneficio de otros, sino el nuestro. Con el tiempo, la herida y el dolor desaparecen cuando hay perdón.
Esto es parte de extender la misma gracia y perdón que hemos recibido de Dios.
| CATHERINE SCHERALDI