04/08/2024
𝑬𝒙𝒂𝒎𝒊𝒏𝒂𝒏𝒅𝒐 𝑬𝒍 𝑶𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐 𝒆𝒏 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛𝒐𝒏𝒆𝒔
Cuando nos preguntan cómo nos va con el orgullo muchos tenemos una reacción inmediata: “¿Orgulloso, yo? No creo”. Así nos convencemos de que no somos orgullosos. Pero, ¿qué es el orgullo, cómo nos afecta, y cómo el evangelio nos libra de él?
Cuando somos orgullosos tenemos un concepto de nosotros mismos más alto del que debemos tener. Dejamos de escuchar las necesidades de otros y minimizamos sus aportaciones. Desarrollamos autoaprobación para aferrarnos a una postura, incluso a una equivocada. También solemos ser hirientes, amenazadores, o hacemos que los errores de otros se vean exagerados y sin solución. Somos orgullosos cuando cerramos nuestros oídos a las correcciones e incluso vemos como amenazas las sugerencias más simples y honestas.
𝑬𝒍 𝒆𝒗𝒂𝒏𝒈𝒆𝒍𝒊𝒐 𝒉𝒂𝒄𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒎𝒖𝒆𝒓𝒕𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒗𝒂𝒏 𝒚 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐𝒔 𝒏𝒐𝒔 𝒓𝒊𝒏𝒅𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒆𝒏 𝒉𝒖𝒎𝒊𝒍𝒅𝒂𝒅
El orgullo produce una vida pendiente de las apariencias. Nos susurra que debemos controlar lo que otros piensan de nosotros y crear una imagen sin debilidad o necesidad. Ser una persona orgullosa es tener una actitud ególatra.
El orgullo debilita y rompe nuestras relaciones personales. Esto se debe a que el orgullo nos induce a buscar satisfacción en nosotros mismos, pues creemos que tenemos mayor conocimiento y habilidades.
1) El orgulloso impone sus razonamientos mientras el humilde renuncia a la imposición, busca reconciliación, y cede su lugar a otros por medio de la paz y el amor de Cristo.
2) El orgulloso no considera a otros, los ve con menosprecio. En cambio, el humilde siempre considera primero a los otros, los estima siempre como superiores a sí mismo, y les sirve sin importar si son personas difíciles.
3) El orgulloso está cegado por sus propios intereses y siempre se da la razón. El humilde encuentra en la misericordia de Dios el impulso para ayudar, escuchar, y amar a otros. El humilde se considera un servidor, no un héroe.
4) El orgulloso es ambicioso y egoísta, esto produce pleitos y divisiones debido a su aspiración de reconocimiento y admiración. Cuando no logra tener lo que quiere, busca culpables y se aísla. El humilde sabe quién es a la luz de la persona de Cristo y está satisfecho con eso, entiende sus limitaciones y pide ayuda.
5) El orgulloso no aprecia la gracia porque esta desafía sus supuestos méritos, y él piensa que lo hace ver como inútil. El humilde vive agradecido por la gracia y sabe que necesita más para vivir diariamente.
𝗘𝗹 𝗵𝘂𝗺𝗶𝗹𝗱𝗲 𝘀𝗮𝗯𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲́𝗻 𝗲𝘀 𝗮 𝗹𝗮 𝗹𝘂𝘇 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝘆 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝘀𝗮𝘁𝗶𝘀𝗳𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝗼, 𝗲𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗹𝗶𝗺𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗽𝗶𝗱𝗲 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮
En Filipenses 2:1-4, vemos a Cristo como el mayor ejemplo de humildad. Este pasaje demuestra que el orgullo sencillamente no existe en Él. Cristo se describe como “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29). Él no toma ejemplo de otro para ser humilde. Él es el autor y consumador de la humildad. Para quienes luchamos contra el orgullo, esto es esperanzador.
Luchemos a la luz del evangelio
El evangelio nos muestra la realidad de que necesitamos depender de Cristo. Vivir a la luz de esta verdad destruye el orgullo y edifica la humildad en nosotros. La Biblia revela que Cristo nos libró de la necesidad de tener la razón y pelear por ella; ahora podemos tener deleite en que Él es la verdad y siempre tiene la razón. El evangelio nos libra de “ser fuertes” según nuestro criterio para reconocer nuestra debilidad e identificar nuestra fuerza en Cristo (2 Co. 12:10).
𝐍𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚 𝐛𝐚𝐭𝐚𝐥𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐨𝐫𝐠𝐮𝐥𝐥𝐨 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫𝐚́ 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐣𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐞𝐞𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐥𝐢́𝐧𝐞𝐚𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐬𝐢́ 𝐬𝐚𝐛𝐞𝐦𝐨𝐬: 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨, 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐬𝐞 𝐡𝐮𝐦𝐢𝐥𝐥𝐨́ 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐲 𝐚𝐬𝐢́ 𝐧𝐨𝐬 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨́ 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐬𝐮 𝐜𝐚𝐫𝐚́𝐜𝐭𝐞𝐫 (𝐑𝐨. 𝟖:𝟐𝟗). 𝐄́𝐥 𝐬𝐢𝐠𝐮𝐞 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐨𝐫𝐠𝐮𝐥𝐥𝐨𝐬𝐨𝐬. ¡𝐇𝐮𝐦𝐢𝐥𝐥𝐞́𝐦𝐨𝐧𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐮 𝐠𝐥𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐲 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐭𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐮 𝐡𝐮𝐦𝐢𝐥𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐣𝐨 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧❗
Fragmentos tomados de TGC