19/12/2025
Estamos a una semana de Navidad. Las listas son largas, los pendientes se acumulan y las compras están a medias. Es fácil llegar al 24 de diciembre exhaustos, habiendo preparado todo excepto nuestro corazón para recibir al Invitado de honor.
Detente un momento hoy. Antes de comprar otro regalo o planear otro menú, reflexiona: ¿qué estarías celebrando si Cristo no hubiera venido? Sin Él, estaríamos atrapados en nuestros pecados, sin esperanza, sin perdón, sin camino al Padre. Pero Él sí vino. Cumplió lo que no podíamos cumplir. Cargó lo que no podíamos cargar. Abrió lo que estaba cerrado.
Esta semana que queda es una invitación: no solo a preparar tu casa, sino a preparar tu corazón. Acércate con confianza al trono de la gracia. Confiesa lo que necesitas confesar. Recibe la misericordia que Él ofrece libremente. Y cuando llegue el 24 de diciembre, que Cristo no sea solo un tema de conversación, sino el centro de tu celebración, de tu mesa y de tu corazón.
No es tarde para hacer espacio para Él, para lo que realmente importa.