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📗 La mamá Gemima y su hijo enfermo.150 ¿Están contentos? Recuerdo cuando venía de Chattanooga una noche; y el avión se h...
16/11/2025

📗 La mamá Gemima y su hijo enfermo.

150 ¿Están contentos? Recuerdo cuando venía de Chattanooga una noche; y el avión se había descompuesto en—en—en Tennessee, allá en Memphis. Me pusieron allá en ese gran hotel fino. Y me llamaron, dijeron: “El avión va a salir a—a las siete, a la mañana siguiente”.
151 Y llevaba algunas cartas al buzón; viniendo a casa, les había escrito a algunos de mis amigos. Y mientras iba, el Espíritu Santo dijo: “Sigue caminando”. Yo solo seguí adelante, llegué al barrio de gente de color.
152 Yo estaba allí parado, pensé: “¡Oh, vaya!, ya es hora que salga ese avión”.
153 Y el Espíritu Santo decía: “Sigue caminando”. Así como lo hizo allá en el bosque el otro día, Uds. saben. “Solo sigue caminando”. Así que seguí caminando.
154 Sucedió que miré allá lejos, en una de aquellas pequeñas casuchas donde la gente de color estaba viviendo, pobres, allá. Una típica anciana Tía Jemima, típica, con la cabeza envuelta en una camiseta de niño, recargándose en la… así.
155 Y yo iba por allí cantando:
Soy de Él, soy de Él,
Es mi gozo el decir que soy de Él, ¡oh, aleluya! (“¿Y qué quieres Señor”?)
Soy de Él, soy de Él, (¿Creen Uds. en ser guiados por el Espíritu? Sí, seguro.)
Es mi gozo el decir que soy de Él.
156 Ya hace como catorce años. Ella miraba sobre la cerca. Yo estaba como, ¡oh, a media cuadra de ella!, y vi a esta anciana de color con su mirada fija en mí, Uds. saben. Bueno, solo seguí, dejé de cantar, empecé a caminar hacia allá. Me acerqué a ella, había grandes lágrimas en esas tremendas mejillas gordas; ella me miró, dijo: “¡Buenos días, párroco!”.
157 Me volví, le dije: “¿Cómo está Ud., tía?”. Y ella dijo… Me volví, ella se estaba riendo, tenía una gran sonrisa en su rostro. Le dije: “¿Cómo supo Ud. que yo era un párroco?”. Allá en el sur, Ud. sabe, un predicador es un “párroco”. Dije… le dije: “¿Cómo supo Ud. que yo era un párroco?”.
Ella dijo: “¡Yo sabía que Ud. venía!”.
Y dije: “¿Cómo sabe Ud. eso? ¿Me conoce a mí?”.
Ella dijo: “No, señor”. Y ella dijo: “Yo sabía que Ud. venía”. Dijo: “¿Ha oído alguna vez la historia de la mujer sunamita?”
Yo dije: “Sí, señor”.
158 Y ella dijo: “Bueno” dijo ella, “yo mismita era esa clase de mujer”. Ella dijo: “Y el Señor me dio un bebé, y le dije… yo le dije a Él que lo criaría”. Dijo: “Soy una mujer pobre. Yo lavo y trabajo para la gente blanca para sostenerme”. Ella dijo: “Y Él me dijo que Él—Él me daría el bebé, y le dije que yo lo criaría”. Dijo: “Lo he criado lo mejor que pude, pero” dijo, “párroco, él se metió con malas compañías. Él contrajo una enfermedad, y no lo supimos”. Dijo: “La tiene en un estado avanzado. Y él se está muriendo, allí adentro, en la cama”. Dijo: “Él lleva ahora inconsciente, dos días”. Dijo: “El médico vino y dijo: ‘Ya se comió el corazón y demás, se metió en el torrente sanguíneo, tanto que lo dañó; así que la cosa que le dan ya no le sirve’”. Y dijo: “Se está muriendo”. Y dijo: “Yo no puedo soportar verlo morir como un pecador”. Y dijo: “Oré y oré” dijo, “oré toda la noche”. Dijo: “Él está inconsciente, no sabe nada”. Dijo: “Ha estado así por dos días”.
159 Dijo: “Yo oré, dije: ‘Señor, Tú me diste ese bebé’ y dije, ‘como hiciste con la mujer sunamita’. Dije: ‘¿Dónde está Tu Elías? ¿En dónde…?’ Dije: ‘Bueno, ¿dónde—dónde hay algo que me ayude?’”.
160 Y dijo: “Me quedé dormida de rodillas”. Y ella dijo: “El Señor me habló, en mi sueño” y ella dijo, “‘Sal y párate junto a la cerca. Y un hombre vendrá por la calle, con un pequeño sombrero de color marrón claro y un traje oscuro’. Él dijo: ‘Él hablará contigo’”.
161 Y ella dijo: “He estado parada aquí desde antes del amanecer”. Y su espalda estaba mojada con el rocío. Y ella dijo: “Y yo lo vi a Ud. venir con ese sombrero de color marrón claro” dijo, “pero Ud. debería estar cargando una maletita”.
162 Dije: “La dejé en el hotel”. ¿Ven? Y le dije: “¿Está enfermo su hijo?”.
Dijo: “Se está muriendo”.
Yo dije: “Mi nombre es Branham”. Dije: “¿Me conoce Ud.?”.
Ella dijo: “No, señor, Párroco Branham, yo—yo nunca he oído de Ud.”
Le dije: “Yo oro por los enfermos”. Ella no estaba interesada en eso. Ella no quería que su muchacho muriera, siendo un pecador.
163 Yo entré; tenían una cerca vieja con la punta de un arado de contrapeso para cerrarla (quizás muchos de Uds. norteños no saben qué es), pero es para mantener cerrada la cerca. Y entré a la casa, en una pequeña, vieja habitación diminuta, de dos cuartos (parecía una pequeña… lo que llamamos una pequeña “casa estilo escopeta”), colocada allí; hay un cuarto aquí, y esa es la sala, recámara y todo junto; y la cocina allá atrás. Cuando entré… Era un lugarcito blanqueado y agradable, con tiras de madera en los lados, y tablilla. Y entonces… No, creo que ella tenía papel de brea en el techo, recuerdo haber visto esas grandes burbujas, como del rocío, allí encima.
164 Luego, cuando entré, había un letrero colgado allí en la puerta, decía: “Dios Bendiga Nuestro Hogar”. Aquí en la esquina había una cama, y otra aquí. Allí estaba acostado un hombre muy grande (no había ni una alfombra en el suelo), un muchacho muy grande, grande y bien parecido que estaba allí. Yo creo que él era… pesaba como ciento setenta o ciento ochenta libras [77 u 81 kg.], medía cerca de seis pies [1,83 cm]. Y tenía la cobija en su mano, haciendo: “Mmm. Mmm”.
165 Y ella dijo: “El bebé de mamá”.
166 Y yo pensé: “‘El bebé de mamá’”. Y él tenía una—él tenía una enfermedad social, sífilis. Y él—él se estaba muriendo.
167 Y ella lo besó en la frente, y le dio una palmadita así, dijo: “El bebé de mamá”.
168 Pues, me enterneció el corazón. Pensé: “Sí, no importa cuán sumergido uno está en pecado, uno aún es su bebé”. Luego pensé: “¿Ven?, no importa qué tan mal él estuviera, aún era ‘El bebé de mamá’”. Y pensé: “Dios dijo: ‘Una madre pudiera olvidarse del bebé que amamantó; pero Yo nunca te puedo olvidar, porque tu nombre está grabado en las palmas de Mi mano’”. ¿Ven? ¡Cómo podría ser!
169 Miré a esa pobre santa caminando allí. Era claro, hermano, ella no tenía nada en la casa; pero tenía algo en la casa que toda casa en Indiana y en todas las demás partes deberían tener: a Dios. Yo prefiero tener eso que tener una gran casa fina con cuadros indecentes de mujeres, y todas estas cosas vulgares y obscenas. Una Biblia vieja estaba allí donde la habían abierto, con las viejas páginas arrugadas.
170 La miré. Y ella dijo: “El párroco vino para orar por ti, cariño”.
171 Él dijo: “Mmm. Mmm. Está oscuro. Mmm”.
172 Y yo dije: “¿Qué está diciendo?”.
Ella dijo: “Él no sabe. El médico dijo que: ‘Él está fuera de sí’”. Dijo: “Él piensa que está afuera en un gran mar en alguna parte, y está remando en un bote, y está perdido”. Y dijo: “Eso es lo que no puedo soportar, párroco: saber que mi niño se está muriendo, perdido”. Y ella dijo: “Yo sé que Ud. vino a ayudarme, porque el Señor así me lo dijo”.
Yo dije: “Voy a orar por él” y dije, “quizás el Señor lo sane”.
173 Ella no estaba interesada en eso, ella solo quería que él se levantara y dijera que estaba “salvo”. Eso es todo, con tal que fuera salvo. No importa, él tiene que partir de todas maneras, así que, algún día; ¡con tal que él fuera salvo! ¡Oh, si tan solo nosotros pudiéramos tener esa actitud! Ese Hogar Eterno allá, ella sabía que viviría con él otra vez allá.
Dijo: “Si pudiera oírlo decir que es ‘salvo’”.
Yo dije: “Vamos a inclinarnos”. Y ella se arrodilló. Y yo tomé sus pies, y sus pies estaban muy fríos y pegajosos. Y yo no podía cubrirlos con la cobija, una pequeña—pequeña cobija delgada que ella tenía sobre él allí; y solo tenía puestos sus calzoncillos, Uds. saben.
174 Y así que él… Y él las estaba jalando hacia atrás de esta manera, pensando que estaba en eso. Él tomaba eso, y pensaba que él estaba remando. Él repetía: “Está tan oscuro. Mmm. Mmm. Está tan oscuro”. Entonces ella trató de hablarle; y él solo seguía diciendo: “Está oscuro y frío”, jalando.
175 Luego yo—yo la miré a ella un poco, y ella se arrodilló allí, y le dije: “Tía, ¿nos guía Ud. en oración?”.
Ella dijo: “Sí, señor”.
176 Solo ella y yo, y el muchacho, y el Espíritu Santo en el cuarto, nadie más. Esa santa anciana oró. ¡Oh! Cuando ella habló con Él, uno sabía que ella ya había hablado con Él antes. ¡Sí, señor! Ella sabía con quién estaba hablando. Ella dijo: “Señor, yo no sé lo que Tú vas a hacer” dijo ella, “pero todo está así como Tú lo dijiste”.
177 ¡Oh, hermano! ¡Oh! Estoy tan contento, estoy tan contento de que Él todavía es el mismo Jesús que fue allá con aquellos santos allá. Él todavía es el mismo Jesús hoy.
178 Y yo no le pregunté acerca de su religión, si ella era bautista, pentecostal o qué. Ese no era asunto mío. Yo solo—solo estaba siguiendo al Espíritu Santo, y ella estaba haciendo lo mismo. Queríamos ver lo que Él iba a hacer.
179 Así que nos arrodillamos, y ella comenzó a orar. Cuando terminó de orar, ella se levantó y besó su cabeza, dijo: “Dios, bendice a mi bebé”.
180 Y luego ella dijo: “Ahora ¿podría orar Ud., párroco?”.
181 Y yo dije: “Sí, señora”. Y en ese momento eran como las ocho y media, quizás quince para las nueve, y yo estaba en… a dos millas [3 kms] del lugar, y—y el avión partía a las siete; y sin saber cuándo iba a poder salir.
182 Así que puse mis manos sobre sus pies, yo dije: “Padre Celestial, no comprendo esto. Y Tú… yo—yo debía abordar un avión hace rato, hace casi hora y media. Tú me seguías diciendo: ‘Camina’, y esto es lo único que he encontrado hasta ahora. Y ella dijo que Tú… ella me vio venir. Si ese—si ese fuiste Tú, Señor, entonces yo no sé qué hacer sino solo poner mis manos sobre el muchacho”.
183 Él dijo: “¡Oh, mamá!” dijo, “ya empieza a haber luz aquí”. Y como a los cinco minutos, él estaba sentado a un lado de la cama, con sus brazos alrededor de su mamá.
184 Yo salí, corrí hacia allá y tomé un taxi, y corrí al hotel y tomé mi maleta. Y pensé que iría para allá a esperar, quizás tuviera que esperar uno o dos días en aquellos días. Uds. saben qué tan difícil era en ese entonces después de la guerra, para conseguir un avión allá, así que pensé: “Tendré que esperar un par de días”.
185 Y me subí al taxi y corrí hacia allá, al aeropuerto. Tan pronto como llegué allá, dijeron: “El vuelo número 196 para Louisville, Kentucky, va a partir ahora”. Dios retuvo ese avión en tierra por mí, de esa manera. ¡Oh, yo lo creo!
186 Como dos años después, yo iba en el tren, camino para Arizona, a una reunión allá donde el Hermano Sharrit. Y así que me recogieron con el Hermano Moore y demás. Y entonces cuando fui para allá, paré allá en Memphis. Y el tren entró en la estación, como todos saben que entra en la estación así cuando va al oeste, y luego retrocede al salir y toma la plataforma giratoria y cambia.
187 Y esos emparedados en el tren, quieren como sesenta centavos por cada uno. Y yo los puedo comprar por diez, quince centavos, Uds. saben, afuera en otro lugar. Así que esperé hasta que se detuviera el tren, para comprar algunos emparedados. Iba a comprar una ha-… bolsa llena de hamburguesas, y en verdad tener un jubileo yendo para allá. Así que salté afuera y corrí por ahí rápidamente, para llegar a un puesto de hamburguesas; mirando alrededor, iba a detenerse allí como por treinta minutos.
188 Y entonces yo—yo comencé a comprar algunas hamburguesas, y oí a alguien decir: “¡Hola, párroco!”. Y miré alrededor, y un maleterito estaba parado allí parpadeando sus ojos, Uds. saben, dijo: “¿No me conoce, verdad?”.
“Yo creo que no, hijo”.
Se acercó, dijo: “¡Míreme bien!”.
Y yo dije: “¿Sí?” Dije: “Yo no creo que lo conozca”.
Él dijo: “¡Yo lo conozco a Ud.!”. Dijo: “¡Ud. es el Párroco Branham!”.
Y le dije: “Sí, así es”. Dije: “¿Ha estado en una de mis reuniones?”.
Dijo: “¡No, señor!”. Dijo: “¿Recuerda Ud. aquella mañana que Ud. vino a la casa y mi mamá estaba…?”.
“¡Oh!” dije, “¡no puedes ser él!”.
Dijo: “¡Sí, yo soy! ¡Sí, yo soy!”. Él dijo: “Párroco” dijo, “yo estoy sano completamente, y bien. ¡Y no solo eso, sino que ahora soy Cristiano!”.
189 ¡Alabado sea el Señor! ¡Oh!

60-1208 — La Edad De La Iglesia De Tiatira

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