26/05/2026
¡Es un mandato absoluto a la pureza sexual, fundamentado en dos verdades teológicas clave: el cuerpo del creyente como templo del Espíritu Santo y la redención mediante el sacrificio de Cristo.
La interpretación evangélica de este pasaje destaca tres verdades principales:
1. Huir de la inmoralidad sexual (18)El apóstol Pablo utiliza el verbo griego pheugein (huir), lo que implica una acción radical e inmediata. No se trata de negociar con la tentación o resistir quedándose en el lugar, sino de apartarse físicamente y mentalmente.
Pecar contra el propio cuerpo: Se enseña que la inmoralidad sexual (cualquier expresión fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer) es única, ya que involucra y afecta la integridad física, emocional y espiritual del individuo de manera destructiva.
2. El cuerpo como templo del Espíritu Santo: (19)Este versículo establece que el Espíritu Santo habita en cada creyente.
Por lo tanto, el cuerpo humano no es una entidad neutral o un mero instrumento para satisfacer deseos egoístas.
Se enseña que el uso indebido o inmoral del cuerpo profana el espacio donde Dios reside.
La ética sexual evangélica se basa en que el cuerpo le pertenece a Dios y debe ser tratado con honor y santidad.
3. Comprados por precio: (20) La salvación implica un cambio de dueño. Cristo pagó el precio de la redención con su sangre en la cruz.
El creyente ya no es dueño de sí mismo; por lo tanto, la vida diaria —incluyendo la sexualidad y el comportamiento físico— debe usarse para glorificar a Dios. ¡Toda la Gloria y la Honra al Rey del Univeso!!!!.