07/10/2023
🚨🚨🚨 URGENTE!!!!
SALMOS 32:3-5
”Mientras callé, se envejecieron mis huesos. En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado”.
Alguna vez hemos sentido intranquilidad, tristeza, ansiedad, frustración o simplemente nos hemos sentido enfermos, secos y agotados físicamente; nos preguntamos la razón de por qué sentimos todas estas cosas, que estará pasando. MUCHAS VECES NO NOS DAMOS CUENTA DEL GRAN PESO QUE PODEMOS CARGAR SOBRE NUESTROS HOMBROS, AL NO CONFESAR NUESTROS PECADOS A DIOS, a veces dejamos pasar tiempo y no pedimos perdón inmediatamente por los pecados que cometemos o por el daño que hemos ocasionado a nuestro prójimo y dejamos pasar el tiempo, por lo que el peso que cargamos se va agrandando, trayéndonos una enfermedad espiritual y hasta a veces física, rompiendo nuestra comunión con DIOS y con nuestros hermanos ¡QUE GRAVE ES ESTO! Ya que el pecado es contra Dios. El peso del pecado oprime nuestra mente y cuerpo, nos hace cargar una culpa que solo podemos aliviarla si CONFESAMOS NUESTROS PECADOS para que el SEÑOR JESUS PUEDA LIMPIARNOS DE TODA NUESTRA MALDAD, solo por medio de la sangre de Jesús podemos obtener PERDON. Al hacer esto nuestra relación con Dios florece, ya no hay barreras, nuestra enfermedad espiritual desaparece, experimentamos un gozo verdadero en nuestras vidas y una salud física adecuada, NUESTRA COMUNIÓN CON DIOS Y NUESTROS HERMANOS ES RESTAURADA ¡QUÉ ALEGRIA SABER ELLO!