23/12/2025
YO SOY EÚTICO… Y NADIE NOTÓ QUE ME ESTABA CAYENDO
Me llamo Eútico.
Y no me caí de repente…
me fui durmiendo poco a poco.
Esa noche no era distinta.
Había luz.
Había gente.
Había un sermón largo.
Había palabras correctas.
Yo estaba ahí…
pero mi corazón no.
Me senté en la ventana.
No porque quisiera caer,
sino porque quería aire, distracción, escape.
Desde ahí podía escuchar…
pero también podía mirar afuera.
Nadie me dijo que era peligroso.
Nadie se alarmó.
Yo tampoco.
Así empiezan muchas caídas.
No con rebeldía.
Con cansancio.
Con exceso de cosas.
Con un “solo un rato”.
Yo escuchaba a Pablo predicar…
pero mi mente ya estaba lejos.
Como cuando un joven está en casa,
pero vive en el celular.
Como cuando un padre cree que su hijo está bien
porque está sentado “escuchando”.
Yo no estaba dormido al principio.
Solo distraído.
Solo agotado.
Solo mal ubicado.
Y eso es lo más peligroso:
no estar en pecado… sino estar al borde.
La ventana parecía inofensiva.
Pero era alta.
Muy alta.
Como ciertas amistades.
Como ciertos hábitos.
Como ciertas copas.
Como ciertas pantallas.
Como ciertas relaciones que nadie ve…
pero te van sacando del centro.
Nadie notó que yo estaba cabeceando.
Nadie se levantó a decir:
“Ey, muévete de ahí.”
Hasta que caí.
El golpe no fue solo contra el suelo.
Fue contra la realidad.
El silencio fue inmediato.
La predicación se detuvo.
Todos corrieron.
Demasiado tarde.
Ahí sí me vieron.
Ahí sí se dieron cuenta.
Ahí sí se turbaron.
Porque así pasa en la vida:
nadie nota el peligro
hasta que alguien cae.
Tal vez hoy tu hijo está “bien”.
Tal vez está en casa.
Tal vez va a la iglesia.
Tal vez escucha…
Pero está sentado en una ventana.
Y no lo sabrás
hasta que algo se rompa.
Pero aquí viene lo que me salvó.
Pablo bajó.
No gritó.
No acusó.
No dijo “se los dije”.
Me abrazó.
Y mientras todos pensaban que estaba mu**to,
Dios decidió que mi historia no terminaría ahí.
Volví a respirar.
Volví a vivir.
Volví a subir.
Porque aunque me dormí,
Dios no se durmió conmigo.
Hoy cuento esto para decirte algo,
con amor y sin condena:
👉 No todo el que cae quiere caer.
A veces solo está mal sentado.
Si eres joven:
aléjate de la ventana antes de dormirte.
Si eres padre:
no esperes a oír el golpe para reaccionar.
Y si ya caíste…
si ya tocaste fondo…
si ya se rompió algo…
Dios todavía baja.
Dios todavía abraza.
Dios todavía levanta.
Yo soy Eútico.
Y sigo y volví a vivir
porque alguien se dio cuenta…
y porque Dios todavía restaura
a los que se cayeron sin querer.