06/01/2026
No sé por qué muchas personas ignoran las publicaciones sobre Dios, pero si tú no eres una de ellas, ¡Amén!
La historia del joven y el mendigo, revelando la verdad espiritual.
Había un mendigo que pedía limosna en una calle concurrida.
Un joven pasó por allí, sacó un billete de 50 dólares de su billetera y lo puso en el pequeño recipiente del mendigo.
El mendigo le dio las gracias repetidamente, ya que nunca nadie le había dado tanto de una sola vez.
Desde entonces, el joven venía varias veces al mes, y siempre le daba 50 dólares.
Pasaron tres años, y al comenzar el cuarto, el joven seguía viniendo, pero ahora le daba solo 20 dólares.
El mendigo ya no sonreía como antes.
En el quinto año, el joven solo le daba 10 dólares cada vez.
La expresión del mendigo se volvió indiferente, hasta que un día no pudo evitar preguntar:
“Antes me dabas 50 dólares, luego 20, ahora solo 10. Con la subida de los precios, hasta los boletos de transporte han subido. ¿Por qué me das menos dinero ahora?”
El joven respondió con calma: “Al principio estaba soltero, vivía solo, por eso podía darte 50 dólares cada vez. Tres años después me casé, y con más gastos en casa, solo podía darte 20 dólares. Después tuve hijos, las responsabilidades aumentaron, y ahora solo puedo darte 100 pesos. A pesar de todo, sigo intentando ayudarte.”
El mendigo escuchó, y su rostro se tornó serio. Enfadado, dijo:
“¿Cómo puedes darle mi dinero a tu esposa e hijos?”
Esta historia es sorprendente, pero también nos invita a reflexionar.
¿Es nuestra relación con Dios como la del mendigo?
Dios dice: ""La relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. Para decirlo con claridad, es la relación entre un empleado y un empleador. El primero solo trabaja duro para recibir las recompensas otorgadas por el segundo. En una relación basada en los intereses no hay afecto ni afinidad, solo una transacción. No hay un amar y ser amado; solo caridad y misericordia. No hay comprensión; solo engaño, indignación reprimida e impotencia. No hay intimidad; solo un abismo que no se puede cruzar"".
Cuando Dios nos bendice abundantemente, nuestro corazón se llena de gratitud; pero cuando nuestros deseos no se cumplen, comenzamos a quejarnos, malinterpretamos y hasta lo traicionamos. ¿Cómo puede ser que tal fe sea aprobada por Dios?
La gracia de Dios nunca es solo material, sino también la riqueza invisible de la vida espiritual.
La verdadera prueba de la fe no está en si alabamos cuando recibimos, sino en si seguimos confiando cuando perdemos.
Que en la abundancia y en la pobreza, en la aceptación y el rechazo, podamos mantener un corazón reverente, obedecer a Dios y darle gracias.
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