24/06/2026
A veces pensamos que nuestra herida es demasiado profunda para que alguien quiera acercarse.
Nos escondemos porque creemos que nuestras cicatrices nos hacen menos valiosos. Nos avergonzamos de nuestros errores, de nuestras caídas, de las veces que no fuimos fuertes, de las noches en que lloramos en silencio y de las batallas que nadie conoce.
Pero el Buen Pastor no busca ovejas perfectas.
Él busca ovejas perdidas.
No sale al campo buscando a la más fuerte, a la más rápida o a la más sana. Sale buscando precisamente a la que está herida, a la que se quedó atrás, a la que ya no puede caminar sola.
Por eso esta imagen es tan hermosa.
La oveja no está corriendo.
No está luchando.
No está demostrando su valor.
Simplemente está descansando en la mano de quien la encontró.
Y tal vez esa sea la palabra que alguien necesita hoy.
Dios no te ama porque eres fuerte.
Dios no te sostiene porque lo mereces.
Dios no te busca porque seas perfecto.
Te sostiene porque eres suyo.
Las heridas que te hicieron pensar que estabas olvidado son las mismas que el Pastor está usando para acercarte más a Su corazón.
Quizá has pasado por rechazo, enfermedad, pérdidas, decepciones o momentos en los que sentiste que nadie comprendía tu dolor. Pero el Pastor que dejó las noventa y nueve sigue caminando por montes y valles para encontrar a una sola oveja que necesita ser levantada.
Y cuando la encuentra, no la reprende por haberse herido.
La toma en sus manos.
La carga.
La cuida.
La restaura.
Porque el amor de Dios no se aleja de las heridas. Se acerca a ellas.
Hoy recuerda esto:
No estás en las manos de Dios porque estés sano.
Estás sano porque estás en las manos de Dios.
"Me encontró herida... y no se fue."