06/10/2026
San Francisco de Asís nos invita a mirar la vida desde una perspectiva distinta: tener menos para poder amar más. Su camino no consistió simplemente en abandonar las riquezas, sino en descubrir que ninguna posesión podía compararse con la alegría de pertenecer plenamente a Cristo.
Su pobreza fue una elección de libertad. Al desprenderse de aquello que ocupaba el centro de su vida, pudo reconocer con mayor claridad a Dios en los pequeños, en los pobres, en la creación y en cada persona que encontraba.
Pero quizá una de las enseñanzas más exigentes de su vida sea su capacidad para encontrar a Cristo allí donde antes encontraba rechazo. El encuentro con los leprosos transformó su manera de mirar al otro y le mostró que el amor cristiano requiere acercarse precisamente a quienes el mundo tiende a apartar.
San Francisco nos recuerda que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias para ser admirados, sino en permitir que Cristo transforme nuestra manera de vivir, de poseer, de mirar y de relacionarnos con los demás. Su vida nos deja una pregunta que sigue siendo actual: ¿qué tendría que cambiar en nosotros para que nuestra manera de vivir hiciera más visible el Evangelio?
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𝑰𝒎𝒂́𝒈𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒔𝒂𝒏𝒕𝒂 𝑬𝒖𝒄𝒂𝒓𝒊𝒔𝒕𝒊́𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑿𝑿𝑽𝑰𝑰 𝑫𝒐𝒎𝒊𝒏𝒈𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐 𝑶𝒓𝒅𝒊𝒏𝒂𝒓𝒊𝒐.