29/09/2026
Como pastor, con frecuencia escucho a hermanos dolidos por las palabras o actitudes de otros. Por eso hoy quiero recordarte esta gran verdad: la gente no te hiere a ti; la gente hiere desde su propio dolor y sus propias batallas.
Cuando alguien te critica, te rechaza o te ataca, la Palabra nos enseña a mirar la situación con discernimiento espiritual:
• Lo que sale del corazón (Lucas 6:45): Jesús nos enseñó que "de la abundancia del corazón habla la boca". Cuando alguien lanza veneno o amargura, no está definiendo tu valor; solo está mostrando las heridas y vacíos que aún no ha dejado sanar en la presencia de Dios.
• El ejemplo de nuestro Señor (Lucas 23:34): En medio del dolor en la cruz, Jesús oró: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Él despersonalizó la ofensa porque sabía exactamente quién era en el Padre y reconoció la ceguera de quienes lo atacaban.
• Guarda tu corazón (Proverbios 4:23): Comprender esto te da una libertad espiritual enorme. Te libera de cargar culpas que no te corresponden, te permite poner límites firmes en amor, perdonar de corazón y evitar que la amargura ajena contamine tu alma.
Hermano, hermana, no permitas que la quiebra de otros determine tu paz. Tu identidad y tu valor ya fueron establecidos por Dios; la falta de sanidad de los demás no puede cambiar lo que Él ya declaró sobre tu vida. ¡Camina libre y firme en Su gracia! 🙏✨