26/07/2025
Este día, nuestro Coro San José ha tenido la gracia de servir con el canto en la Santa Misa celebrada en la Catedral San Pedro de Matagalpa, en memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Nuestro Señor Jesucristo.
La liturgia de hoy nos ha invitado a honrar a nuestros antepasados en la fe, como lo proclama el libro del Eclesiástico:
“Hagamos el elogio de los hombres ilustres, de nuestros antepasados por su historia. Fueron hombres de bien, su esperanza no se acabará. Sus virtudes no se olvidarán, sus obras justas no caerán en el olvido.” (Eclo 44, 1.10-15)
En este día, hemos recordado con amor y gratitud a aquellos que con su entrega silenciosa y su testimonio de vida han sido los cimientos de nuestras familias, especialmente a nuestros abuelitos.
El Evangelio nos recordó esas palabras de Jesús que también nos interpelan hoy:
”¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven!” (Mt 13, 16)
Nos sentimos bendecidos al ver cómo la fe sigue viva, transmitida de generación en generación, sembrada en los corazones por personas como Joaquín y Ana, como nuestras abuelas y abuelos, como tantos rostros anónimos que han creído y enseñado a creer.
🎶 Como coro, hemos cantado hoy no solo con la voz, sino con el alma, unidos a toda la Iglesia que reconoce en los abuelos una presencia viva del amor de Dios, una herencia de sabiduría, una ternura que abraza la vida y la fe con paciencia y esperanza.
🙏🏼 Nuestro más sincero agradecimiento a la Mayordoma de Santa Ana, doña Juana Úbeda, y a su familia, por habernos invitado a ser parte de esta celebración tan significativa. Gracias por confiar en nuestro ministerio musical y permitirnos alabar al Señor junto al pueblo de Dios en esta hermosa solemnidad.
Que San Joaquín y Santa Ana intercedan por nuestras familias, por nuestros mayores, por nuestros hijos y por todos los que necesitan volver a la raíz de la fe. Que nunca olvidemos que las bendiciones más profundas se tejen en la constancia, la oración silenciosa y el amor transmitido día a día.
🕊️ “Sus nombres vivirán por siempre, y su herencia perdurará de generación en generación.” (cf. Eclo 44)