18/05/2026
TESTIMONIO DE UN CATECÚMENO
Soy un nuevo converso a la fe ortodoxa, originario de los Estados Unidos. Descubrí la Ortodoxia por primera vez justo antes de mudarme aquí, a Nicaragua. Allá asistí durante unos meses a una iglesia ortodoxa, en una parroquia que también está bajo el patrocinio de San Juan el Taumaturgo. Al mudarme a este país, tenía dudas de si encontraría algún lugar para continuar con el desarrollo de mi fe y, eventualmente, ingresar a la vida de los fieles. Sin embargo, por gracia de Dios, encontré la Misión de San Juan aquí en Matagalpa.
Le escribí un mensaje al padre D. V., quien amablemente me invitó a asistir a la Divina Liturgia con la comunidad. Después de un viaje en autobús, encontré la Misión y asistí a mi primera liturgia en Nicaragua. Como ocurre en todos los servicios ortodoxos, la presencia de Dios en los fieles y a través del Espíritu Santo era palpable; me sentí como en casa. Esa primera semana, el Padre me invitó a acompañarlos al Monasterio Ortodoxo de San Antonio el Grande en Boaco, un lugar verdaderamente hermoso. Durante ese viaje al monasterio, sentí el llamado a comenzar oficialmente mi vida dentro de la Iglesia, aceptando la voluntad de Dios y convirtiéndome en un miembro del Cuerpo de Cristo.
El padre siempre nos enseña sobre la importancia de la Tradición y la rectitud de la fe, recordándonos que esta es nada más y nada menos que la comunidad, el cuerpo y la Iglesia fundada por nuestro Señor. Quiero expresarle mi gratitud a él, a su familia y a toda la comunidad por hacerme sentir tan amado durante este tiempo. También quiero dar gracias a nuestra Señora, la Madre de Dios (la Theotokos), a nuestro santo patrono Juan el Taumaturgo (de Shanghái y San Francisco) por guiarme hasta aquí, y a nuestro Dios Uno y Trino, a Quien pertenece toda la gloria, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Por Z. F.