07/04/2026
Elijo confiar
No tengo todo claro, y aun así sigo. Esa es una verdad que me cuesta aceptar, porque dentro de mí hay una voz que pide certezas, resultados seguros, caminos sin riesgo.
Pero la vida real no funciona así y la fe mucho menos. He ido entendiendo que no necesito tener todo resuelto para dar un paso firme, que basta con lo que tengo en las manos y con la confianza puesta en Dios.
Me doy cuenta de que cuando espero a sentirme completamente seguro, termino detenido, dando vueltas en los mismos pensamientos, dejando pasar oportunidades que no vuelven.
En cambio, cuando decido avanzar con lo poco que entiendo, algo cambia dentro de mí. Se abre un camino que antes no veía, aparecen luces pequeñas que me orientan, y lo que parecía confuso empieza a tomar forma.
En mi relación con Dios esto se vuelve aún más claro. Él no me pide que lo entienda todo, me pide que confíe. Como cuando dice: “Tu Palabra es lámpara para mis pasos” (Sal 119,105).
No es un reflector que ilumina todo el camino de una vez, es una luz suficiente para el siguiente paso. Y eso me basta.
Avanzar con dudas no es falta de fe, es una forma real de vivirla. Porque la fe no elimina las preguntas, pero me enseña a no quedarme paralizado por ellas. Me impulsa a seguir, aunque el panorama no esté completo.
Hay algo muy humano en querer tener todo claro antes de actuar, pero también hay algo profundamente libre en decir: “voy a dar este paso con lo que tengo, con lo que soy, confiando en que Dios hará el resto”. Esa decisión me saca del miedo y me pone en movimiento.
He comprobado que la claridad no llega antes de caminar, llega mientras avanzo. Es en el proceso donde entiendo mejor, donde crezco, donde descubro que sí era posible.
Si me quedo esperando sentirme listo, nunca empiezo; si doy un paso, aunque sea pequeño, ya estoy en el camino.
Por eso elijo no detenerme. Elijo avanzar con sencillez, sin exigirme perfección, sin esperar condiciones ideales. Elijo confiar en que Dios guía mis pasos, incluso cuando yo no veo todo.
Y en esa confianza encuentro paz, porque sé que no camino solo, que cada paso dado con fe tiene sentido, y que avanzar, aunque sea despacio, siempre será mejor que quedarme atrapado en la duda, pues sé que si “encomiendo mi camino al Señor, confío en él y él actuará.” (Sal 37,5)
Señor, camino sin tener todo claro, pero confío en que tú guías mis pasos. Me cuesta avanzar cuando no veo el final, cuando las dudas pesan y el miedo quiere detenerme, pero dentro de mí nace el deseo de seguir.
Te entrego lo que tengo, mis decisiones sencillas, mis intentos, mi esfuerzo diario. Dame un corazón firme para no quedarme paralizado, una fe viva para dar el siguiente paso, aunque sea pequeño.
Enséñame a soltar el control, a no exigir respuestas completas, a confiar en el proceso que vas trazando en mi vida.
Acompáñame en cada camino, en cada inicio, en cada momento de incertidumbre. Que no me falte la esperanza ni la paz interior.
Y aunque avance despacio, ayúdame a no detenerme, porque sé que contigo, cada paso tiene sentido.
Lee, medita, ora y comparte
P. Óscar