01/03/2026
CUANDO EL PROBLEMA NO SON LOS DEMÁS… ERES TÚ.
Hay una historia que incomoda porque no habla de un enemigo externo, sino de un enemigo interno. La historia de Coré (Nm 16).
Coré no era un incrédulo. No era un pagano. Servía en el pueblo de Dios. Pero su corazón estaba herido… y un corazón herido que no se sana termina creyendo que todos los demás están equivocados.
Coré cuestionó a Moisés diciendo: “¡Basta ya de ustedes! Toda la congregación es santa…” (Nm 16:3). En otras palabras: “¿Por qué ellos sí y yo no?”. No veía rebeldía en sí mismo; veía soberbia en otros. No reconocía envidia en su interior; la proyectaba afuera.
El problema no era liderazgo.
El problema no era injusticia.
El problema era un corazón que no se miraba a sí mismo.
La Biblia dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12:34). Y cuando alguien vive en queja constante, conflicto permanente, sospecha continua y victimismo repetido… no es casualidad. Es revelación.
Coré reunió a 250 líderes. El espíritu de rebeldía siempre busca compañía. La herida sin sanar siempre contamina entorno. Pero mientras Josué y Caleb, con errores humanos, eligieron confiar y permanecer, Coré eligió competir y confrontar.
Y el final fue trágico: “la tierra abrió su boca y se los tragó” (Nm 16:32). No porque Dios sea injusto, sino porque la rebeldía persistente endurece el corazón hasta destruirlo.
Lo impactante es esto: los hijos de Coré no murieron (Nm 26:11). Hubo una generación que decidió no seguir ese espíritu.
Hoy la pregunta no es “¿hay un Coré cerca mío?”.
La pregunta es: ¿hay algo de Coré dentro mío?
¿Vivo pensando que todos están contra mí?
¿Mi boca habla más queja que gratitud?
¿Cambio de lugar constantemente pero el conflicto me sigue?
¿Bloqueo, murmuro, sospecho… y después actúo como víctima?
No todos los que tienen heridas son Coré. Pero todo Coré es alguien que se negó a sanar.
El ego no se elimina en un día; se crucifica todos los días. Y el verdadero liderazgo comienza cuando dejamos de señalar hacia afuera y empezamos a rendir el corazón hacia adentro.
Porque el mayor peligro no es estar rodeado de errores humanos…
El mayor peligro es tener un corazón que no acepta corrección.
Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón (Sal 139:23). 🙏