04/05/2026
“¡SOLO DIOS ME PUEDE JUZGAR!”
suena espiritual, pero muchas veces es un escudo para no ser confrontado. La Biblia enseña lo contrario: Dios usa a otros para corregirnos. En Proverbios 12:1 se dice que el que aborrece la corrección es ignorante. No es un tema de opinión, es una condición del corazón.
Rechazar toda corrección revela orgullo. Nadie crece aislado. En Proverbios 27:6 se afirma que “fieles son las heridas del que ama”, mostrando que la corrección verdadera nace del amor, no del ataque. Pero cuando alguien decide no escuchar a nadie, se encierra en su propia versión de la verdad, y eso es peligroso.
Dios sí juzga, pero también disciplina… y muchas veces lo hace a través de personas. En Hebreos 12:6 se recuerda que el Señor al que ama, disciplina. Rechazar la corrección constante puede ser señal de que el corazón se está endureciendo.
La iglesia no fue diseñada para individuos intocables, sino para cuerpos que se edifican mutuamente. En Gálatas 6:1 se nos llama a restaurar con espíritu de mansedumbre al que ha caído. Eso implica hablar, corregir, confrontar… con amor.
El problema no es ser corregido, es no querer cambiar. Porque quien no acepta corrección, tampoco acepta transformación. Y donde no hay transformación… la fe se vuelve solo apariencia.
La verdadera madurez no se demuestra en cuánto sabes, sino en cuánto estás dispuesto a escuchar.🇳🇮🌪🔥🇮🇱